El ángel que quiso ser hombre


Esta es una historia de amor, pero no una historia de enamorados. Es la historia de un ángel. La historia de un ángel que renunció a su condición divina para ser hombre. Conozco bien esta historia porque él mismo me la contó. Yo la contaré como la siento, o quizá…como el la sentía.

No hace mucho hubo un ángel, uno cualquiera; era como todos los ángeles. Era feliz por lo que era, no por lo que tenía, no por lo que hacía. Pero un día, un día como otro cualquiera, sintió la necesidad de ser hombre. Y así, cabizbajo acudió a hablar con Dios. Él ya sabía a qué venía el ángel y, antes de que pronunciara una sola palabra, le dijo:

“Nadie te ata para que estés a mi lado. Serás lo que tú quieras ser. Tan solo quiero que sepas que con el tiempo olvidarás quién eres. Eso es propio de mi creación más perfecta: el hombre. Pero no temas, todos los hombres tienen la capacidad de volver a ser quienes son, solo tienen que recordar y elegir ser. Desea todo lo que quieras, no hay límites, no te preocupes de si actúas bien o si actúas mal, tan solo preocúpate de que tus deseos no se conviertan en necesidades. Ve, y recuerda que nunca estarás solo por muy difícil y dolorosa que sea la situación que se te presente”.

Y así, el ángel se mezcló entre los hombres, como un hombre más…

Como hombre que era conoció todo tipo de situaciones, supo del amor y del desamor. Supo de la envidia, de las traiciones y del odio. Supo de la indiferencia, de la tristeza y del dolor. Supo de la amistad, de la sinceridad y de la desconfianza, del miedo, del orgullo; supo del ego y de la necesidad de ser amado y alabado. Era un hombre y había olvidado.

Con el paso del tiempo empezó a tener otras necesidades. Se sentía vacío. Había vivido grandes experiencias, había gozado y había sufrido, había deseado todo lo que los hombres puedan llegar a desear, pero había hecho de esos deseos una necesidad. Y un día tuvo un recuerdo, recordó que podía elegir, pero en lugar elegir “ser” eligió “hacer”. Fue entonces cuando se dedicó a los demás. Y cuanto más dedicaba su tiempo a los demás, más creía estar aprendiendo. Es cierto que ayudó a muchos hombres y mujeres a encontrar su camino, sin embargo, el suyo propio era cada vez más incierto. Llegó a ver en el corazón de la gente, llegó a comprender; era capaz de darse cuenta de todo lo que sucedía a su alrededor. Nada escapaba a sus sentidos, ni el más mínimo de los detalles. Sabía de todos los sufrimientos y de todas las alegrías, de todos los secretos mejor guardados, de todas las verdades y mentiras de la gente que le rodeaba…pero era incapaz de descubrir su propia verdad. Y sufría, sufría lo indecible.

Escuchó muchos consejos de gente que le quería pero ninguno de ellos era adecuado para él. Cultivó su mente, estudió, aprendió de diversas culturas, pero tan solo adquirió conocimientos, conocimientos que eran útiles para otras personas, pero no para él.

Pero un día presenció algo muy doloroso para él, algo tan doloroso que todo su ser se retorció tan profundamente que pensó que moriría de pena. Se retorció tanto que pudo verse a sí mismo…y entonces fue cuando recordó quién era y se dio cuenta de que todo lo que había aprendido en su vida de hombre no le servía para nada porque no lo necesitaba. Comprendió que sus deseos no podían convertirse en necesidades, recordó que el amor es lo más importante de la vida, pero sobre todo el amor para con uno mismo. Entendió que nada ni nadie podían ser tan importantes como para anteponerlos a él mismo. Entendió que el sufrimiento es solo una elección y que podía ser feliz por lo que ya era y no por lo que hacía. Y fue entonces cuando empezó a dejar atrás todo lo que había conseguido en su vida de hombre: dejó cosas, soltó a las personas a las que había ayudado; las dejó marchar de su mente y las guardó en un lugar de su corazón; dejó atrás los pensamientos que el mismo se había creado y que tanto le torturaban, rompió con las normas y las reglas que se había autoimpuesto…

Y por primera vez en su vida de hombre sonrió como nunca había sonreído. Por primera vez tuvo paz y felicidad duradera. Tan solo tuvo que mirar hacia su interior y…recordar.

FIN

Yo solo puedo añadir a esta historia una cosa: “Si crees que lo sabes todo es que no has entendido nada”

Anónimo

En el camino de Santiago, 1986


“Esta nube tiene que acabar,” pensaba mientras me afanaba por descubrir las marcas amarillas en las piedras y en los árboles del camino.

Hacía casi una hora que apenas había visibilidad, y yo seguía cantando, para alejar el miedo, mientras esperaba que sucediera algo extraordinario. Envuelto en tinieblas, solo en aquel ambiente irreal, comencé una vez más a ver el Camino de Santiago como si fuese una película, en el momento en que se ve al héroe hacer lo que nadie más haría, mientras los espectadores piensan que esas cosas sólo pasan en el cine. Pero allí estaba yo, viviendo esa situación en la vida real. El bosque se tornaba más y más silencioso, y la oscuridad empezó a clarear. Podía ser que estuviera llegando al final, pero aquella luz confundía mis ojos y pintaba todo a mi alrededor de colores misteriosos y aterradores.

De repente, como en un espectáculo de magia, la oscuridad se desvaneció por completo. Y frente a mí, clavada en lo alto de la montaña, estaba la Cruz.

Miré a mi alrededor, vi el mar de nubes del que había salido, y otro mar de nubes muy por encima de mi cabeza. Entre estos dos océanos, los picos de las montañas más altas y la montaña del Cebreiro, con la Cruz. Sentí un gran deseo de rezar.

A pesar del deseo, no conseguí decir nada. A un centenar de metros más abajo, en una aldea de quince casas y una pequeña iglesia empezaron a encenderse las luces. Por lo menos tenía donde pasar la noche. Un cordero descarriado subió al monte y se puso entre la Cruz y yo. Me miró, un poco asustado. Durante mucho tiempo seguí mirando al cielo casi negro, a la Cruz, y al cordero blanco a sus pies.

Señor ­dije, finalmente­. Yo no estoy clavado a esta Cruz, y tampoco te veo a ti en ella. Esta Cruz está vacía y así debe permanecer para siempre, porque el tiempo de la muerte ya pasó. Esta Cruz era el símbolo del poder infinito que todos tenemos, clavado y muerto por el hombre. Ahora este poder renace para la vida, porque he recorrido el camino de las personas comunes, y en ellas he encontrado tu propio secreto. También tú recorriste el camino de las personas comunes. Viniste a enseñarnos de cuánto éramos capaces, y nosotros no quisimos aceptarlo. Nos mostraste que el poder y la gloria estaban al alcance de todos, y esta súbita visión de nuestra capacidad fue demasiado para nosotros. Te crucificamos no por ingratitud para con el hijo de Dios, sino porque teníamos mucho miedo de aceptar nuestra propia capacidad. Con el tiempo y con la tradición, tú volviste a ser sólo una distante divinidad, y nosotros volvimos a nuestro destino de hombres.

El cordero se levantó y yo lo seguí. Ya sabía adónde me llevaba, y a pesar de las nubes, el mundo se había vuelto transparente para mí. Aunque no pudiese ver la Vía Láctea en el cielo, tenía la certeza de que existía y mostraba a todos el Camino de Santiago. Seguí al cordero, que caminó en dirección a aquella aldea, llamada también Cebreiro, como el monte. Allí, en cierta ocasión tuvo lugar un milagro, el milagro de transformar lo que uno hace en algo en lo que uno cree. El Secreto de mi espada y del Extraño Camino de Santiago.

Paulo Coelho

-Ilustración Vanessa Balleza

–Traducción Juan Campbell-Rodger

Juan Bimba con gorra de reguetonero


Axel Capriles lo hizo una vez más: escribir un libro imprescindible. En La picardía del venezolano o el triunfo de Tío Conejo nos dijo que la llamada viveza criolla es la versión local de un arquetipo presente en todas las culturas y que aquí expresa la triple polaridad entre una ley absurdamente rígida, un poderoso ilimitadamente autoritario y un individuo que sólo cuenta con su ingenio para sobrevivir ante esas fuerzas.

Ahora, en Las fantasías de Juan Bimba: mitos que nos gobiernan, estereotipos que nos confunden (editorial Taurus), identifica las máscaras con que nos vemos a nosotros mismos y que terminan definiendo, si no lo que somos, al menos cómo nos comportamos.

El tema lo hemos abordado ­con mucho menos suerte, talento y conocimiento­ en esta columna: la vida en este país está severamente intervenida por unos cuantos mitos que, a lo largo de una pila de generaciones, hemos tenido velándonos el raciocinio. Capriles lo explica de un modo muy sistemático, preciso y manejable.

Según él, somos presas de una suerte de paquetes de pensamiento que ayudan a entender por qué este país es esencialmente la misma guarandinga desde la Colonia. Son el mito de El Dorado, que nos dice que el país ya es rico y que la riqueza no necesita ser producida sino bien distribuida por un jefe compasivo y justo; el mito del indígena vengativo que alimenta el arquetipo del alzao; el de la bruja benévola que vela por nosotros; el de que somos irreductiblemente bonchones; y el mito de Juan Bimba: aquel campesino analfabeta que emigró a la ciudad y fue salvado de la inanición por un partido que le dijo cómo pensar, cómo sentir, cómo vestirse, cómo comportarse. Un personaje que asociamos a los costumbristas y al AD de hace medio siglo, pero que sigue existiendo en el imaginario del poder, aunque hoy use una gorra de reguetonero en lugar de un sombrero de paja.

O sea, las ideas fijas a las que nos hemos aferrado para hacernos un resumen rápido y funcional de quiénes somos, y que nos han alejado de una reflexión profunda sobre lo que deberíamos ser, así como de una vida independiente como individuos libres. Capriles explica (a veces con ejemplos que son más elocuentes que la teoría) cómo se han forjado y difundido esas concepciones de nuestra identidad, cómo se manifiestan en la conducta de muchísimas personas, tanto anónimas como famosas, y cómo inciden en la economía ­familiar y nacional­, las relaciones interpersonales, el mundo del trabajo, el estado en el que Venezuela llegó al siglo XXI sin tomar de éste no mucho más que los smartphones, las redes sociales y la noticia de que a Gaddafi lo sacaron a patadas de una cloaca.

Creo que la mejor lección que da este libro es un cuento de los hermanos Grimm, en el que una muchacha con fama de inteligente se vuelve loca por pensar si es quien cree ser, en lugar de hacer el trabajo que le encomendaron. Es lo que Capriles recomienda: en lugar de estar pegados década tras década en preguntarnos quiénes somos y en vincularnos de acuerdo con una u otra respuesta a esa pregunta, debemos relacionarnos en torno a lo que hacemos, lo que logramos, los problemas reales, tangibles, que nos dedicamos, de verdad, a resolver.

Rafael Osío Cabrices

Hasta donde me Alcanza la memoria, el partido Acción Democrática  era conocido o señalado como el partido de la chancleta, para dejar en claro que sus militantes era gente humilde con bajo poder adquisitivo y al que se le ofrecía villas y castillas. Este era el mito, volverse rico de la noche a la mañana con un mínimo o ningún esfuerzo. Lastimosamente este mito sigue y con mas fuerza. La señalada Revolución Bolivariana ha impulsado la cultura de “denme lo que me toca” aun cuando no haya hecho nada para merecerlo, basta con el apoyo al PSUV y zaaassssssss puedo aspirar a una vida cómoda. En cuanto al mito del indígena resentido por los maltratos de los colonos, en la actualidad personeros del gobierno y que se le denomina “La quinta columna” formada por forajidos, estafadores, malviviente  se han dado a la tarea de traer al presente esos sentimientos que han dividido la republica con el agravante de suministrar armas de fuego, vehículos blindados, moto, amen del apoyo a la impunidad la cual tiene a muchos venezolanos borrachos de poder  y el clima de anarquía e impotencia al país en un polvorín.

Angélik

Leyenda urbana o macabra realidad de nuestros tiempos?


No sé si realmente pasó, no quiero pensar en ello, cuando no se piensa en algo, ese algo no existe, desaparece, muere… No quiero pensar en ello, sin embargo, no puedo evitarlo…

Al abrir los ojos esa mañana no sabía si había sido un sueño, un horrible sueño, o en verdad había sucedido. Si fue un sueño, ¿por qué tengo estas heridas?; si pasó en verdad, ¿cómo es que aún estoy de pie? Las leyendas urbanas o relatos de nuestros tiempos nunca las he creído, nunca me han inmutado. No sé qué pensar, no quiero pensar…

No se como llegué allí. La casa era enorme, la madreselva la cubría casi en su totalidad, decenas de ventanas con cortinas negras parecían mirarte como miran los ojos vacíos. Había jardines grandísimos, con docenas de árboles altos y de follaje tan espeso que el sol no lo atravesaba; todo en esa casa era lúgubre  y frío o por lo menos así lo percibía.

Nada estimulaba las ganas de hacer, sentir, ver, oler, gustar, tocar… vivir. Solo algo llamó mi atención; en uno de nuestros recorrido matutino, y dijo nuestro porque convivíamos treinta o mas mujeres… quizás más o menos eso no lo preciso, además de las personas que supongo administraban el lugar,… fue mirar la reja que cercaban el lugar… y es que era tan particular, ya que en vez de barrotes, eran palabras hechas en hierro y pintadas cada una del color que me traía por fracciones de tiempo al presente,  enmarcadas en una especie de bejuco del que colgaban hojas, flores, semillas, pájaros y una cantidad de imágenes alegóricas a la palabra que enmarcaba.

Pero terminado el paseo desaparecía todo lo que por segundos me hacía pensar confusamente en el ¿Dónde estoy? Con cada paseo trataba de apropiarme de una palabra: Amor, Paz, Dios, Respeto, Valórate, Mereces, Vive, Perdona… entre otras. Era como una gran lucha por aceptar que no debía estar allí, pero… ¿Dónde debía estar?

Habían muchos salones destinados a diferentes acciones: llorar, golpear cosas, rezar. Al que me resistía a entrar era al salón que decorado con parejas (hombre-mujer) mostraban escenas de gran felicidad, ese salón paradójicamente era para llorar, todas llorábamos hasta quedar exhaustas tiradas en el suelo y rincones de aquel gran salón.  

Un día desperté temblando, sudorosa, literalmente asustada. Allí estaba sentada en la orilla de la cama… pregunté aterrada… Amalia eres tú?… y por toda respuesta la sentí en mi regazo llorando como un bebé. Inmediatamente mi mente trajo al presente su historia.

Amelia representaba en nuestra juventud la línea que no debíamos cruzar “el engaño amoroso de hombres inescrupulosos”  que según la mayor de todas la muchachas abundaban en las calles, los sitios nocturnos y la internet en sus páginas “El negocio del desamor”…siempre que abordábamos el tema de: “conocí a un hombre que me trae de cabezas” contestaba ¡Si!… recuerden lo que le pasó a Amelia Jumm, automáticamente el cuerpo se nos erizaba.

Si, Amelia una mujer respetada y admirada por los que en algún momento se relacionaron  con ella, por ser icono de fortaleza, tenacidad y voluntad para alcanzar las metas que se proponía, pero con mal tino a la hora de decidir compartir su vida con aquel desconocido que diestro en el arte de mentir engaño a Amelia como una niña quitándole no solo sus bienes materiales que buenos años de su vida le costaron sino lo mas grande el deseo de vivir, desapareciendo de su vida así como apareció: de la nada.

Desde ese día ya nunca mas fue la misma, cuentan que sus últimos años transcurrieron en un sanatorio, olvidando por completo quien era.

Siempre pensé que esas historias las contaban los mayores con la sana intención de protegernos, pero nunca hasta ese momento en el que vi -o lo soñé-  a Amelia en los pies de la cama, sentí tanto dolor por no haber creído y  ya no me parecían cuentos tontos. Sentí de nuevo erizado mi cuerpo y…

Abrí los ojos y estaba en mi cama. ¿Fue un sueño? No quiero pensar en eso, tal vez con el tiempo lo olvide y crea que fue un sueño…  tal vez con el tiempo sea yo quien cuente la historia. No quiero mirar parejas amándose, no quiero escuchar de separaciones ni divorcios, no quiero oír de mujeres engañadas. Mis heridas. No quiero mirarlas. Sólo ellas me harán dudar si pasó o no, si soy o no parte de esa leyenda urbana…

Angélik

El quinto Beatle… Leyendas urbanas.


¿Beatle cambiazo?

Os cuento hoy una de las leyendas urbanas más rocambolescas que jamás he conocido, muchos de vosotros, sobre todos los beatle-maníacos la conoceréis desde hace tiempo, pero seguro que otros muchos no. Esta leyenda cuenta como un miembro de los Beatles falleció cuando el grupo estaba en pleno apogeo y cómo éste fue sustituido por otra persona de aspecto similar para que su éxito no se resintiera.

Según cuenta la leyenda, corría el año 1966 cuando Paul McCartney, tras una discusión con sus compañeros, salió a dar una vuelta con su Aston Martin. Quizás ofuscado por la pelea no se percató de un camión en un cruce y su vehículo quedó completamente aplastado. El cadáver quedó completamente irreconocible y fue necesario realizar una identificación dental del bueno de Paul.

El grupo, o quizás sus representantes, decidieron silenciar el asunto y el puesto de Paul fue cubierto por un tal William Campbell, un tipo igualito a McCartney. La estrategia funcionó y nadie se dio cuenta del cambiazo forzoso, pero parece ser que el resto de componentes tenía algún tipo de remordimiento de conciencia y decidieron incluir en sus trabajos, a modo de secreto homenaje, algunas pistas sobre el triste accidente de su compañero fallecido.

Veamos algunas de ellas:

El álbum Sergeant Peppers tiene una de las portadas más famosas de la historia y está formada por un collage de rostros célebres. En la portada, los Beatles aparecen dos veces, una vestidos con uniformes coloridos y otra enlutados, ante un parterre de flores, como en un funeral. También se puede observar que sobre la cabeza de Paul aparece una mano abierta, esta mano en esta posición representa la muerte en algunas religiones orientales, que como se sabe, interesaban mucho a los componentes de la banda al punto de que podían ser considerados expertos en ellas.

La última clave, aunque bastante más rebuscada no es menos sorprendente. Se trata del texto que aparece en el bombo que preside la composición. Si se colocara un espejo que lo partiera horizontalmente, las palabras originales “LONELY HEARTS” se convertirían en “1ONE1X HEDIE”, que traducido al castellano antiguo vendría a ser algo así como “1UNO1X ÉLMURIÓ”. Aquí se cuenta que la interpretación sería “uno” como un miembro del grupo y la equis como signo de ausencia de Paul, que por cierto, es el único que aparece de espaldas a la cámara en la contraportada del disco.

De algunas letras de sus canciones también se puede extraer algún dato interesante. En la pieza She´s leaving home podemos excuchar la hora y el día del accidente – “Wednesday morning at five o´clock”, (el miércoles a las cinco de la mañana) – y en A day in the life la descripción del suceso: “he blew his mind out in a car, he didn´t notice that the light has changed”, (perdió la cabeza en un coche, no se dio cuenta de que las luces habían cambiado).

Las pistas continúan en Magical Mistery Tour, en cuya portada los Beatles aparecen disfrazados de animales. Todos los trajes son blancos menos el de Paul que, cómo no, es negro y viste de morsa. Si esto fuera poco en la canción titulada I´m the walrus (Yo soy la morsa), puede escucharse “Bury me, bury, bury my body […] Oh, untimely death”, (Enterradme, enterradme, enterrad mi cuerpo […] Oh, muerto al fin).

En Yellow submarine encontramos de nuevo la manita sobre la cabeza de McCartney, aunque en esta ocasión quizás en tono menos respetuoso.

Otro botón en la portada de Let It Be. Las fotos de Lennon, Harrison y Starr están sacadas con un fondo blanco. La de Paul tiene el fondo oscuro. Además, está mirando para el lado contrario que los demás. Para muchos aficionados, esto es otra clara evidencia que indica que McCartney ha muerto

Ahora bien, donde los adictos a la simbología se han esmerado más es en la carátula de Abbey Road.  Los Beatles caminan como un cortejo fúnebre con John Lennon en cabeza vestido de blanco, a modo de predicador. Después va Ringo en actitud de duelo y cierra la comitiva George Harrison, vestido con ropa vaquera, como un obrero o quizás como el enterrdor. Paul Va el tercero y camina descalzo y con los ojos cerrados. Es el único con el paso cambiado y, para colmo, va fumando con la mano derecha, cuando todos saben que McCartney era zurdo. Él último detalle está en la matrícula del Volkswagen blanco, en ella puede leerse (con ayuda de una lupa) “28 IF”, que se puede traducir en un “28 SI”. Y es que Paul habría tenido veintiocho años… si hubiera seguido vivo.

Para terminar, se cuenta que en el fundido final del corte de la canción Strawberry Fields Forever se puede encontrar otro mensaje oculto. Entre la algarabía instrumental se puede escuchar una voz grave que diche: “I buried Paul”: “Yo enterré a Paul”.

Pero claro, todo esto no son más que leyendas, ¿A quién se le podría ocurrir todo esto? ¿A los Beatles?

¿Paul & William?

Posteado por Sinuhé

Fuente:

El libro negro de las leyendas urbanas, de Tomás Hijo.

CAZADORES DE SUEÑOS o LA LEYENDA del BAWADDJIGAN (proveniente de los indígenas Lakotas de origen Sioux )


 

Hace mucho tiempo, cuando el mundo era aún joven, un viejo lider espiritual Lakota que estaba en la cima de una montaña tuvo una visión. En aquella visión, Iktomi -el gran maestro de la sabiduría- se le aparecía en forma de araña. Iktomi hablaba con él en un lenguaje secreto que solo los líderes espirituales de los lakotas sabían entender. Mientras le hablaba, Iktomi -la araña- tomó un trozo de rama del sauce más viejo. Le dio forma redonda y con plumas, pelo de caballo, cuentas y adornos y empezó a tejer una telaraña.

 

Hablaron de los círculos de la vida, de cómo empezamos la existencia como bebés y crecemos hasta alcanzar la niñez, la adolescencia, después la edad adulta, para llegar, finalmente, a la vejez, cuando debemos volver a cuidar de los bebés, completando así el círculo…

 

Pero Iktomi dijo -mientras continuaba tejiendo su red-: “En todo momento de la vida hay muchas fuerzas, algunas buenas otras malas. Si te encuentras con las buenas, ellas te guiarán en la dirección correcta. Pero si escuchas a las fuerzas malas, ellas te lastimarán y te guiarán en la dirección equivocada”. Y continuó: Hay muchas fuerzas y diferentes direcciones y pueden interferir con la armonía de la naturaleza. También con el gran espíritu y sus maravillosas enseñanzas.”

 

Mientras la araña hablaba continuaba entretejiendo su telaraña, empezando desde afuera y trabajando hacia el centro. Cuando Iktomi terminó de hablar, le dio al anciano Lakota la red y le dijo: “Mira la telaraña. Es un círculo perfecto, pero en el centro hay un agujero, úsala para ayudarte a ti mismo y a tu gente para alcanzar tus metas y hacer buen uso de las ideas de tu pueblo, de sus sueños y sus visiones. Si crees en el Gran Espíritu, la telaraña retendrá tus buenas ideas que descenderán por las plumas hasta ti y las malas desaparecerán al amanecer por el agujero”.

 

El anciano Lakota, le pasó su visión a su gente y ahora los indios usan el atrapasueños como la red de su vida. Lo cuelgan encima de sus camas, en su casa, para escudriñar sus sueños y visiones. Lo bueno de los sueños queda capturado en la telaraña de la vida y vive con ellos. Lo malo, escapa a través del agujero del centro y no será nunca más parte de ellos.

 

Los atrapasueños o también llamados cazadores de sueños, se denominaban “Bawaadjigan” en el lenguaje Ojibwe de los Sioux, quienes luego se dividieron en los Sante, Dakotas y Teton (Lakotas). Estas culturas sostenían la creencia de que los sueños eran mensajes del mundo espiritual. De esta manera, el atrapasueños funcionaba como un filtro de sueños y visiones que protegía contra las pesadillas.

 

Dos historias sobre la hipocresía


La ley y las frutas

En el desierto, las frutas eran raras. Dios llamó a uno de sus profetas, y le dijo: ­Cada persona sólo puede comer una fruta por día.

La costumbre se obedeció durante generaciones, y el ecosistema del lugar fue respetado. Como las frutas restantes daban semillas, otros árboles fueron surgiendo. En poco tiempo, toda aquella región se transformó en un terreno fértil, envidiado por otras ciudades.

Las personas de aquel pueblo, sin embargo, continuaban comiendo una fruta por día, fieles a la recomendación que un antiguo profeta transmitiera a sus ancestrales. Además, no permitían que los habitantes de otras aldeas se aprovechasen de la abundante producción que se daba todos los años. Como resultado, las frutas se pudrían en el suelo. Dios llamó a un nuevo profeta y le dijo: ­Permíteles que coman las frutas que quieran.

Y pídeles que compartan su abundancia con sus vecinos.

El profeta llegó a la ciudad con el nuevo mensaje. Pero acabó siendo apedreado ya que la costumbre estaba arraigada en el corazón y en la mente de cada uno de los habitantes.

Con el tiempo, los jóvenes de la aldea empezaron a cuestionar aquella bárbara costumbre. Pero, como la tradición de los mayores era intocable, decidieron apartarse de la religión. De esta manera, podían comer cuantas frutas quisieran y entregar el resto a los que necesitaban alimento.

En la iglesia local sólo quedaron los que se consideraban santos. Pero que, en realidad, eran personas incapaces de percibir que el mundo se transforma, y que nosotros debemos transformarnos con él.

El profeta y los tigres

El falso profeta llegó a la aldea y aterrorizó a todo el mundo con amenazas de males que vendrían del bosque. Las personas, asustadas, reunieron una enorme cantidad de dinero y se la entregaron a este hombre con el objetivo de que alejase de ellos aquellos peligros.

El hombre compró algunos panes viejos, y empezó a arrojarlos a trozos alrededor del bosque, recitando palabras incomprensibles. Un muchacho se le acercó: ­¿Qué está usted haciendo? ­Estoy salvando a tus padres, a tus abuelos y a tus amigos de la amenaza de los tigres.

¿Tigres? ¡Pero si no hay tigres en este país! ­Gracias a mi magia ­dijo el falso profeta­, que, como puedes ver, funciona siempre.

El muchacho aún quiso replicar alguna cosa, pero los habitantes decidieron expulsarlo de la ciudad, pues estaba estorbando el trabajo de aquel hombre santo.

Paulo Coelho

Ilustración Vanessa Balleza

Sobre el miedo a la alegría


Por increíble que parezca, mucha gente tiene miedo de la felicidad. Para estas personas, estar bien con la vida significa cambiar una serie de hábitos y perder su identidad propia.

Muchas veces nos juzgamos indignos de las cosas buenas que nos suceden. No aceptamos los milagros, porque al aceptarlos nos da la sensación de que estamos debiendo algo a Dios. Además de eso, tenemos miedo de “acostumbrarnos” a la felicidad. Pensamos: “Es mejor no probar el cáliz de la alegría porque cuando nos falte sufriremos mucho”. Por miedo a disminuir, dejamos de crecer.

Por miedo a llorar, dejamos de reír. A continuación, algunas historias al respecto:

Tras los pasos de Moisés

El rabino Zuya quería descubrir los misterios divinos. Por eso resolvió imitar la vida de Moisés.

Durante años intentó conducirse como el profeta, sin conseguir los resultados esperados.

Cierta noche, exhausto de tanto estudiar, terminó adormeciéndose.

En el sueño se le apareció Dios: ­¿Por qué estás tan perturbado, hijo mío? ­preguntó.

Mis días en la Tierra terminarán y estoy lejos de llegar a ser como Moisés ­respondió Zuya.

Si yo necesitara otro Moisés ya lo habría creado ­dijo Dios­. Cuando tú aparezcas ante mí para el juicio, no preguntaré por qué no fuiste como Moisés, sino quién fuiste tú: procura ser un buen Zuya.

El jumento muere de cansancio

Nasrudin decidió buscar nuevas técnicas de meditación. Ensilló su jumento, y fue a la India, a la China, a Mongolia, habló con todos los grandes maestros, pero no consiguió nada.

Oyó decir que había un sabio en Nepal y viajó hasta allá, pero cuando subía la montaña para encontrarlo, su jumento murió de cansancio.

Nasrudin lo enterró allí mismo y lloró de tristeza.

Alguien pasó y comentó: ­Buscabas un santo y esa debe ser su tumba.

Seguramente estás lamentando su muerte.

No, es el lugar donde enterré a mi jumento, que ha muerto de cansancio.

No lo creo ­dijo el recién llegado­. Nadie llora por un jumento muerto. Eso debe ser un lugar donde suceden los milagros, y tú lo quieres guardar sólo para ti mismo.

Por más que Nasrudin insistiera, no sirvió de nada. El hombre fue hasta la aldea vecina y difundió la historia de un gran maestro que realizaba curas en su tumba, y pronto los peregrinos comenzaron a llegar.

Poco a poco, la noticia del descubrimiento del Sabio del Luto Silencioso se esparció por todo Nepal, y multitudes acudieron al lugar. Un hombre rico fue hasta allí y como consideró que había sido recompensado, mandó construir un imponente monumento en el lugar en el que Nasrudin había enterrado a su “maestro”.

En vista de esto, Nasrudin resolvió dejar las cosas como estaban. Pero aprendió de una vez por todas que cuando alguien quiere creer una mentira, nadie podrá convencerlo de lo contrario.

Paulo Coelho

Ilustración Vanessa Balleza

Traducción Montserrat Mira

La leyenda del rey pescador


- Comienza cuando, siendo niño, el rey tiene que pasar una noche solo en el bosque para demostrar su valor y poder convertirse en rey.

Mientras pasa la noche solo le sorprende una visión sagrada: en la hoguera se le aparece el Santo Grial, símbolo de la gracia divina de Todopoderoso, y una voz le dice al niño: “Tu custodiarás el Grial para que pueda curar el corazón de los hombres”.

Pero el muchacho quedó cegado por la visión más impresionante de una vida llena de poder, gloria y belleza. Y en un estado de inmenso asombro sintíose no como un niño, sino invencible. Como Dios. Se acercó a la hoguera para coger el Grial y el Grial desapareció, quedando su mano en el fuego que le produjo grandes quemaduras.

A medida que el niño crecía, la herida se hacía más profunda, hasta que un día la vida perdió aliciente para él, ya no tenía fe en los hombres ni en sí mismo. No podía amar ni ser amado. Estaba hastiado por sus experiencias y empezó a morirse.

Cierto día, un tonto entró en el castillo y encontró solo al rey. Y al ser tonto era un ingenuo y no vio que era el rey. Sólo vio a un hombre a solas, lleno de dolor, y le preguntó al rey: “¿Qué te aflige, amigo?”.

Y el rey le respondió: “Estoy sediento. Dame agua para refrescar mi garganta”.

Y el tonto cogió una copa que estaba junto a su lecho, lo llenó de agua y se lo dio al rey. Y cuando el rey comenzó a beber se apercibió que la herida estaba curada.

Miró a sus manos y allí estaba el Santo Grial que tanto había buscado durante toda su vida.

Se volvió hacia el tonto y le dijo: “¿Cómo has encontrado tú lo que mis más valientes hombre no han podido?”.

Y el tonto respondió: “No lo sé. Sólo sé que tú tenías sed”.

ESTÁ EN NOSOTROS SER LUZ…


Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida.

La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella.

En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo.

Entonces, le dice:

-¿Qué haces Guno, tú ciego, con una lámpara en la mano? Si tú no ves..

Entonces, el ciego le responde: – Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi…

No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella.

 

Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite.

 

Tenemos en el alma el motor que enciende cualquier lámpara, la energía que permite iluminar en vez de oscurecer…

Está en nosotros saber usarla.