La felicidad, aquí y ahora… HISTORIA DE LOS DOS QUE SOÑARON


Cuentan hombres dignos de fe que hubo en El Cairo un hombre poseedor de riquezas, pero tan magnánimo y liberal que todas las perdió menos la casa de su padre, y que se vio forzado a trabajar para ganarse el pan.

Trabajó tanto que el sueño lo rindió una noche debajo de una higuera de su jardín y vio en el sueño un hombre empapado que se sacó de la boca una moneda de oro y le dijo: “Tu fortuna está en Persia, en Isfaján; vete a buscarla”. A la madrugada siguiente se despertó y emprendió el largo viaje y afrontó los peligros del desierto, de las naves, de los piratas, de los idólatras, de los ríos, de las fieras y de los hombres.

Llegó al fin a Isfaján, pero en el recinto de esa ciudad lo sorprendió la noche y se tendió a dormir en el patio de una mezquita. Había, junto a la mezquita, una casa y por decreto de Alá Todopoderoso, una pandilla de ladrones atravesó la mezquita y se metió en la casa, y las personas que dormían se despertaron con el estruendo de los ladrones y pidieron socorro. Los vecinos también gritaron, hasta que el capitán de los serenos de aquel distrito acudió con sus hombres y los bandoleros huyeron por la azotea.

El capitán hizo registrar la mezquita y en ella dieron con el hombre de El Cairo y le menudearon tales azotes con varas de bambú que estuvo cerca de la muerte. A los dos días recobró el sentido en la cárcel. El capitán lo mandó buscar y le dijo: “¿Quién eres y cuál es tu patria?” El otro declaró: “Soy de la ciudad famosa de El Cairo y mi nombre es Mohamed El Magrebí”. El Capitán le preguntó: “¿Qué te trajo a Persia?” El otro optó por la verdad y le dijo: “Un hombre me ordenó en un sueño que viniera a Isfaján, porque ahí estaba mi fortuna. Ya estoy en Isfaján y veo que esa fortuna que prometió deben ser los azotes que tan generosamente me diste”.

Ante semejantes palabras, el capitán se rió hasta descubrir las muelas del juicio y acabó por decirle: “Hombre desatinado y crédulo, tres veces he soñado con una casa en la ciudad de El Cairo, en cuyo fondo hay un jardín, y en el jardín un reloj de sol y después del reloj de sol una higuera y luego de la higuera una fuente, y bajo la fuente un tesoro. No he dado el menor crédito a esa mentira. Tú, sin embargo, engendro de mula con un demonio, has ido errando de ciudad en ciudad, bajo la sola fe de tu sueño. Que no te vuelva a ver en Isfaján. Toma estas monedas y vete.”

El hombre las tomó y regresó a su patria. Debajo de la fuente de su jardín (que era la del sueño del capitán) desenterró el tesoro. Así Alá le dio bendición y lo recompensó.

Todos podríamos alcanzar la felicidad plena, aquí y ahora. Aunque resulte muy difícil hacer de esta idea una experiencia real y permanente, Maestros de distintas tradiciones la expresaron de diferentes maneras, en todas las épocas.

El anterior es un relato (muy breve) de Jorge Luis Borges, que es, en realidad, su versión de uno de las narraciones más originales y sugestivas de “Las mil y una noches”. Se trata de una parábola que propone que la búsqueda del bienestar o de la felicidad “afuera” de nosotros mismos puede conducirnos a la comprensión de que ese estado tan anhelado siempre estuvo a nuestro alcance en nuestro interior… precisamente aquí y ahora.

Historias de antepasados


El arca

Después de 40 días de diluvio, Noé pudo salir del arca. Descendió lleno de esperanza, pero afuera no encontró sino muerte y destrucción. Noé clamó al cielo: “Dios Todopoderoso, si tú conocías el futuro, ¿por qué creaste al hombre? ¿Sólo para tener el placer de castigarlo?” Un triple perfume subió a los cielos: el incienso, el aroma de las lágrimas de Noé y el perfume de sus acciones. Entonces Dios respondió: “Las plegarias de un hombre justo siempre son oídas. Te diré por qué hice esto: para que entiendas tu obra. Tú y tus descendientes estarán siempre reconstruyendo un mundo que vino de la nada, y así dividiremos el trabajo y las consecuencias. Ahora somos todos responsables”.

 

La riqueza

Zilu preguntó: “¿Cuándo debo poner en práctica las cosas que he aprendido?” Confucio respondió: “Todavía te estoy enseñando.

¿Por qué esta impaciencia de poner algo en práctica? Espera el momento adecuado”.

Al momento siguiente, Gongchi preguntó: “¿Cuándo debo poner en práctica las cosas que he aprendido?” “Inmediatamente”, respondió Confucio.

“Maestro, no actúas con justicia”, se quejó Zilu.

“Gongchi sabe tanto como yo, y no le prohíbes actuar”.

“Un buen padre conoce la esencia de sus hijos”, dijo Confucio. “Frena a aquél que es demasiado osado, y empuja al que no sabe andar con sus propias piernas”.

 

 

El poder

Un rey, queriendo agradar a sus súbditos más leales, anunció que satisfaría el deseo de cada uno de ellos.

Algunos pidieron honores, otros pidieron poderes o riquezas. Pero el más sabio entre ellos dijo: “Quiero hablar con el rey tres veces al día”.

De esta forma, en lugar de concentrarse en un capricho inmediato, este súbdito consiguió abrir un camino firme para que sus verdaderos deseos fuesen atendidos.

El amor

Un peregrino llegó a la aldea donde vivía Abu Yazid al-Bistrami.

“Enséñame la forma más rápida de llegar a Dios”, le pidió.

Al-Bistrami respondió: “Ámalo con todas tus fuerzas”.

“Eso ya lo hago”.

“Entonces necesitas que te amen los demás”.

“¿Por qué?” “Porque Dios mira el corazón de todos los hombres. Cuando visite el tuyo, por supuesto verá tu amor por Él, y se alegrará. Sin embargo, si en el corazón de otras personas también encuentra tu nombre escrito con cariño, ten por seguro que te tendrá aún más en cuenta”.

Paulo Coelho

Ilustración Vanessa Balleza

Traducción Juan Campbell-Rodger

La mala suerte de Pescafrito


En aquella tienda de animales la mala suerte tenía un nombre: Pescafrito, un pequeño pez famoso porque nunca estaba en el acuario adecuado. Cada vez que tocaba reordenar los tanques, Pescafrito acababa por error o descuido en el más peligroso para él. Desde otros tanques tranquilos y seguros, sus primos y hermanos veían divertidos sus desesperadas carreras por evitar ser la merienda de algún grandullón.

A pesar de su increíble mala suerte, Pescafrito no se desanimaba, y en cada carrera ponía todo su empeño en librarse de nuevo, aunque sintiera el dolor de algún que otro mordisco en sus aletas o el cansancio de nadar entre plantas y rocas a cualquier hora del día o de la noche.

Así fue sobreviviendo Pescafrito Malasuerte, como todos le llamaban, hasta que un día de reorganización en los acuarios, Pescafrito por fin acabó compartiendo tanque con todos sus primos y hermanos. Pero mientras se juntaban a su alrededor para conocer sus desventuras, un cuidador despistado echó en ese mismo tanque al más grande, hambriento y peligroso de los peces de la tienda. Fueron sólo unos minutos, pero el enorme pez no necesitó más para acabar con todos los pececillos… excepto Pescafrito, que acostumbrado a huir de muchos peces a la vez, no tuvo problemas en escapar de uno solo.

Poco después entró en la tienda un gran experto en acuarios, y al ver a Pescafrito vivo en el mismo tanque que el pez grande no se lo podía creer. Estuvo horas en la tienda, observándolo, viéndolo escapar una y otra vez con su nadar lleno de giros y piruetas y su increíble capacidad para esconderse. No tenía dudas: era un pez único en el mundo, y el experto lo llevó consigo para ser la estrella de todas sus colecciones y acuarios.

Y Allí Pescafrito vivió feliz con todo tipo de atenciones y cuidados, pensando lo buena que había sido para él su famosísima mala suerte.

Autor: Pedro Pablo Sacristán

 

La actitud de superación

es la forma de convertir

las adversidades y la mala suerte

en aprendizaje y preparación para el futuro.

El campanero


Almir Ghiaronni, un lector asiduo de esta columna, me envía una interesante historia, disculpándose por desconocer quién es el autor. “El campanero del interior” me recuerda a ciertos episodios que me han sucedido a lo largo de la vida y que en su momento viví como derrotas, pero que con los años se transformaron en verdaderas bendiciones.

Doy un ejemplo concreto: cuando El Alquimista fue ofrecido a los grandes grupos editoriales de Francia, ninguno de ellos se interesó. Una pequeña editorial, que acababa de empezar su actividad, decidió firmar el contrato con aquel desconocido autor brasileño e hizo todo lo posible para darle una buena distribución. El libro se convirtió en uno de los más vendidos en toda la historia del mercado francés, y batió el récord de permanencia en las listas de los más vendidos del país.

Hoy, conociendo mejor el mercado internacional, tengo la certeza de que si hubiese sido publicado por uno de aquellos conglomerados, mis oportunidades hubieran sido nulas, ya que habría estado compitiendo en sus catálogos con autores de gran renombre. Pero fui publicado por un editor novel, entusiasta (en este caso una editora, Anne Carrière, que más tarde escribió un libro al respecto), y eso marcó la diferencia.

Y sobre eso trata la historia enviada por Almir: Un hombre humilde, sin ninguna formación, trabajaba en la iglesia de una pequeña ciudad del interior de Brasil. Su trabajo consistía en dar las campanadas a las horas que determinara el padre.

Pero un día cambiaron las leyes: el obispo de la región decidió que todos los funcionarios de las parroquias de su obispado tenían que tener como mínimo estudios primarios. Pensaba estimular la educación pública; pero para el viejo campanero, analfabeto y demasiado mayor para empezar de nuevo, aquello significó el fin de su trabajo.

A la mañana siguiente, no teniendo nada qué hacer, se sentó en un banco de la plaza para liar su cigarro de paja. Les pidió prestado un poco a dos amigos que se encontraban allí, pero todos estaban con el mismo problema: había que ir a la ciudad vecina para comprar tabaco.

Tienes tiempo ­dijo uno de los amigos­. Tú vas a comprar tabaco y te pagamos una comisión.

El ex-campanero empezó a realizar esa tarea regularmente. Con el tiempo vio que faltaban muchas otras cosas en la ciudad y comenzó a traer encendedores, periódicos y demás, hasta que se vio obligado a abrir una tienda.

Como era un hombre de bien que buscaba la satisfacción de sus clientes, la tienda prosperó y terminó convirtiéndose en uno de los empresarios más respetados de la región.

Pero trabajaba con mucho dinero y un buen día se hizo necesario abrir una cuenta bancaria.

El gerente lo recibió con los brazos abiertos, el viejo sacó una bolsa llena de dinero, el primero rellenó su ficha y finalmente le pidió al viejo que firmara.

 

Lo siento ­dijo­. No sé escribir.

El gerente se quedó asombrado: ­¿Entonces el señor consiguió todo esto siendo analfabeto? ­Lo conseguí con esfuerzo y dedicación.

¡Mi enhorabuena! ¡Y sin haber ido jamás a la escuela! ¡Imagine hasta dónde hubiera llegado si hubiera podido estudiar!

El viejo sonrió: ­Puedo imaginármelo muy bien. Si hubiera estudiado, todavía estaría dando las campanadas en aquella pequeña iglesia.

Paulo Coelho

El ángel que quiso ser hombre


Esta es una historia de amor, pero no una historia de enamorados. Es la historia de un ángel. La historia de un ángel que renunció a su condición divina para ser hombre. Conozco bien esta historia porque él mismo me la contó. Yo la contaré como la siento, o quizá…como el la sentía.

No hace mucho hubo un ángel, uno cualquiera; era como todos los ángeles. Era feliz por lo que era, no por lo que tenía, no por lo que hacía. Pero un día, un día como otro cualquiera, sintió la necesidad de ser hombre. Y así, cabizbajo acudió a hablar con Dios. Él ya sabía a qué venía el ángel y, antes de que pronunciara una sola palabra, le dijo:

“Nadie te ata para que estés a mi lado. Serás lo que tú quieras ser. Tan solo quiero que sepas que con el tiempo olvidarás quién eres. Eso es propio de mi creación más perfecta: el hombre. Pero no temas, todos los hombres tienen la capacidad de volver a ser quienes son, solo tienen que recordar y elegir ser. Desea todo lo que quieras, no hay límites, no te preocupes de si actúas bien o si actúas mal, tan solo preocúpate de que tus deseos no se conviertan en necesidades. Ve, y recuerda que nunca estarás solo por muy difícil y dolorosa que sea la situación que se te presente”.

Y así, el ángel se mezcló entre los hombres, como un hombre más…

Como hombre que era conoció todo tipo de situaciones, supo del amor y del desamor. Supo de la envidia, de las traiciones y del odio. Supo de la indiferencia, de la tristeza y del dolor. Supo de la amistad, de la sinceridad y de la desconfianza, del miedo, del orgullo; supo del ego y de la necesidad de ser amado y alabado. Era un hombre y había olvidado.

Con el paso del tiempo empezó a tener otras necesidades. Se sentía vacío. Había vivido grandes experiencias, había gozado y había sufrido, había deseado todo lo que los hombres puedan llegar a desear, pero había hecho de esos deseos una necesidad. Y un día tuvo un recuerdo, recordó que podía elegir, pero en lugar elegir “ser” eligió “hacer”. Fue entonces cuando se dedicó a los demás. Y cuanto más dedicaba su tiempo a los demás, más creía estar aprendiendo. Es cierto que ayudó a muchos hombres y mujeres a encontrar su camino, sin embargo, el suyo propio era cada vez más incierto. Llegó a ver en el corazón de la gente, llegó a comprender; era capaz de darse cuenta de todo lo que sucedía a su alrededor. Nada escapaba a sus sentidos, ni el más mínimo de los detalles. Sabía de todos los sufrimientos y de todas las alegrías, de todos los secretos mejor guardados, de todas las verdades y mentiras de la gente que le rodeaba…pero era incapaz de descubrir su propia verdad. Y sufría, sufría lo indecible.

Escuchó muchos consejos de gente que le quería pero ninguno de ellos era adecuado para él. Cultivó su mente, estudió, aprendió de diversas culturas, pero tan solo adquirió conocimientos, conocimientos que eran útiles para otras personas, pero no para él.

Pero un día presenció algo muy doloroso para él, algo tan doloroso que todo su ser se retorció tan profundamente que pensó que moriría de pena. Se retorció tanto que pudo verse a sí mismo…y entonces fue cuando recordó quién era y se dio cuenta de que todo lo que había aprendido en su vida de hombre no le servía para nada porque no lo necesitaba. Comprendió que sus deseos no podían convertirse en necesidades, recordó que el amor es lo más importante de la vida, pero sobre todo el amor para con uno mismo. Entendió que nada ni nadie podían ser tan importantes como para anteponerlos a él mismo. Entendió que el sufrimiento es solo una elección y que podía ser feliz por lo que ya era y no por lo que hacía. Y fue entonces cuando empezó a dejar atrás todo lo que había conseguido en su vida de hombre: dejó cosas, soltó a las personas a las que había ayudado; las dejó marchar de su mente y las guardó en un lugar de su corazón; dejó atrás los pensamientos que el mismo se había creado y que tanto le torturaban, rompió con las normas y las reglas que se había autoimpuesto…

Y por primera vez en su vida de hombre sonrió como nunca había sonreído. Por primera vez tuvo paz y felicidad duradera. Tan solo tuvo que mirar hacia su interior y…recordar.

FIN

Yo solo puedo añadir a esta historia una cosa: “Si crees que lo sabes todo es que no has entendido nada”

Anónimo

En el camino de Santiago, 1986


“Esta nube tiene que acabar,” pensaba mientras me afanaba por descubrir las marcas amarillas en las piedras y en los árboles del camino.

Hacía casi una hora que apenas había visibilidad, y yo seguía cantando, para alejar el miedo, mientras esperaba que sucediera algo extraordinario. Envuelto en tinieblas, solo en aquel ambiente irreal, comencé una vez más a ver el Camino de Santiago como si fuese una película, en el momento en que se ve al héroe hacer lo que nadie más haría, mientras los espectadores piensan que esas cosas sólo pasan en el cine. Pero allí estaba yo, viviendo esa situación en la vida real. El bosque se tornaba más y más silencioso, y la oscuridad empezó a clarear. Podía ser que estuviera llegando al final, pero aquella luz confundía mis ojos y pintaba todo a mi alrededor de colores misteriosos y aterradores.

De repente, como en un espectáculo de magia, la oscuridad se desvaneció por completo. Y frente a mí, clavada en lo alto de la montaña, estaba la Cruz.

Miré a mi alrededor, vi el mar de nubes del que había salido, y otro mar de nubes muy por encima de mi cabeza. Entre estos dos océanos, los picos de las montañas más altas y la montaña del Cebreiro, con la Cruz. Sentí un gran deseo de rezar.

A pesar del deseo, no conseguí decir nada. A un centenar de metros más abajo, en una aldea de quince casas y una pequeña iglesia empezaron a encenderse las luces. Por lo menos tenía donde pasar la noche. Un cordero descarriado subió al monte y se puso entre la Cruz y yo. Me miró, un poco asustado. Durante mucho tiempo seguí mirando al cielo casi negro, a la Cruz, y al cordero blanco a sus pies.

Señor ­dije, finalmente­. Yo no estoy clavado a esta Cruz, y tampoco te veo a ti en ella. Esta Cruz está vacía y así debe permanecer para siempre, porque el tiempo de la muerte ya pasó. Esta Cruz era el símbolo del poder infinito que todos tenemos, clavado y muerto por el hombre. Ahora este poder renace para la vida, porque he recorrido el camino de las personas comunes, y en ellas he encontrado tu propio secreto. También tú recorriste el camino de las personas comunes. Viniste a enseñarnos de cuánto éramos capaces, y nosotros no quisimos aceptarlo. Nos mostraste que el poder y la gloria estaban al alcance de todos, y esta súbita visión de nuestra capacidad fue demasiado para nosotros. Te crucificamos no por ingratitud para con el hijo de Dios, sino porque teníamos mucho miedo de aceptar nuestra propia capacidad. Con el tiempo y con la tradición, tú volviste a ser sólo una distante divinidad, y nosotros volvimos a nuestro destino de hombres.

El cordero se levantó y yo lo seguí. Ya sabía adónde me llevaba, y a pesar de las nubes, el mundo se había vuelto transparente para mí. Aunque no pudiese ver la Vía Láctea en el cielo, tenía la certeza de que existía y mostraba a todos el Camino de Santiago. Seguí al cordero, que caminó en dirección a aquella aldea, llamada también Cebreiro, como el monte. Allí, en cierta ocasión tuvo lugar un milagro, el milagro de transformar lo que uno hace en algo en lo que uno cree. El Secreto de mi espada y del Extraño Camino de Santiago.

Paulo Coelho

-Ilustración Vanessa Balleza

–Traducción Juan Campbell-Rodger

Juan Bimba con gorra de reguetonero


Axel Capriles lo hizo una vez más: escribir un libro imprescindible. En La picardía del venezolano o el triunfo de Tío Conejo nos dijo que la llamada viveza criolla es la versión local de un arquetipo presente en todas las culturas y que aquí expresa la triple polaridad entre una ley absurdamente rígida, un poderoso ilimitadamente autoritario y un individuo que sólo cuenta con su ingenio para sobrevivir ante esas fuerzas.

Ahora, en Las fantasías de Juan Bimba: mitos que nos gobiernan, estereotipos que nos confunden (editorial Taurus), identifica las máscaras con que nos vemos a nosotros mismos y que terminan definiendo, si no lo que somos, al menos cómo nos comportamos.

El tema lo hemos abordado ­con mucho menos suerte, talento y conocimiento­ en esta columna: la vida en este país está severamente intervenida por unos cuantos mitos que, a lo largo de una pila de generaciones, hemos tenido velándonos el raciocinio. Capriles lo explica de un modo muy sistemático, preciso y manejable.

Según él, somos presas de una suerte de paquetes de pensamiento que ayudan a entender por qué este país es esencialmente la misma guarandinga desde la Colonia. Son el mito de El Dorado, que nos dice que el país ya es rico y que la riqueza no necesita ser producida sino bien distribuida por un jefe compasivo y justo; el mito del indígena vengativo que alimenta el arquetipo del alzao; el de la bruja benévola que vela por nosotros; el de que somos irreductiblemente bonchones; y el mito de Juan Bimba: aquel campesino analfabeta que emigró a la ciudad y fue salvado de la inanición por un partido que le dijo cómo pensar, cómo sentir, cómo vestirse, cómo comportarse. Un personaje que asociamos a los costumbristas y al AD de hace medio siglo, pero que sigue existiendo en el imaginario del poder, aunque hoy use una gorra de reguetonero en lugar de un sombrero de paja.

O sea, las ideas fijas a las que nos hemos aferrado para hacernos un resumen rápido y funcional de quiénes somos, y que nos han alejado de una reflexión profunda sobre lo que deberíamos ser, así como de una vida independiente como individuos libres. Capriles explica (a veces con ejemplos que son más elocuentes que la teoría) cómo se han forjado y difundido esas concepciones de nuestra identidad, cómo se manifiestan en la conducta de muchísimas personas, tanto anónimas como famosas, y cómo inciden en la economía ­familiar y nacional­, las relaciones interpersonales, el mundo del trabajo, el estado en el que Venezuela llegó al siglo XXI sin tomar de éste no mucho más que los smartphones, las redes sociales y la noticia de que a Gaddafi lo sacaron a patadas de una cloaca.

Creo que la mejor lección que da este libro es un cuento de los hermanos Grimm, en el que una muchacha con fama de inteligente se vuelve loca por pensar si es quien cree ser, en lugar de hacer el trabajo que le encomendaron. Es lo que Capriles recomienda: en lugar de estar pegados década tras década en preguntarnos quiénes somos y en vincularnos de acuerdo con una u otra respuesta a esa pregunta, debemos relacionarnos en torno a lo que hacemos, lo que logramos, los problemas reales, tangibles, que nos dedicamos, de verdad, a resolver.

Rafael Osío Cabrices

Hasta donde me Alcanza la memoria, el partido Acción Democrática  era conocido o señalado como el partido de la chancleta, para dejar en claro que sus militantes era gente humilde con bajo poder adquisitivo y al que se le ofrecía villas y castillas. Este era el mito, volverse rico de la noche a la mañana con un mínimo o ningún esfuerzo. Lastimosamente este mito sigue y con mas fuerza. La señalada Revolución Bolivariana ha impulsado la cultura de “denme lo que me toca” aun cuando no haya hecho nada para merecerlo, basta con el apoyo al PSUV y zaaassssssss puedo aspirar a una vida cómoda. En cuanto al mito del indígena resentido por los maltratos de los colonos, en la actualidad personeros del gobierno y que se le denomina “La quinta columna” formada por forajidos, estafadores, malviviente  se han dado a la tarea de traer al presente esos sentimientos que han dividido la republica con el agravante de suministrar armas de fuego, vehículos blindados, moto, amen del apoyo a la impunidad la cual tiene a muchos venezolanos borrachos de poder  y el clima de anarquía e impotencia al país en un polvorín.

Angélik

Leyenda urbana o macabra realidad de nuestros tiempos?


No sé si realmente pasó, no quiero pensar en ello, cuando no se piensa en algo, ese algo no existe, desaparece, muere… No quiero pensar en ello, sin embargo, no puedo evitarlo…

Al abrir los ojos esa mañana no sabía si había sido un sueño, un horrible sueño, o en verdad había sucedido. Si fue un sueño, ¿por qué tengo estas heridas?; si pasó en verdad, ¿cómo es que aún estoy de pie? Las leyendas urbanas o relatos de nuestros tiempos nunca las he creído, nunca me han inmutado. No sé qué pensar, no quiero pensar…

No se como llegué allí. La casa era enorme, la madreselva la cubría casi en su totalidad, decenas de ventanas con cortinas negras parecían mirarte como miran los ojos vacíos. Había jardines grandísimos, con docenas de árboles altos y de follaje tan espeso que el sol no lo atravesaba; todo en esa casa era lúgubre  y frío o por lo menos así lo percibía.

Nada estimulaba las ganas de hacer, sentir, ver, oler, gustar, tocar… vivir. Solo algo llamó mi atención; en uno de nuestros recorrido matutino, y dijo nuestro porque convivíamos treinta o mas mujeres… quizás más o menos eso no lo preciso, además de las personas que supongo administraban el lugar,… fue mirar la reja que cercaban el lugar… y es que era tan particular, ya que en vez de barrotes, eran palabras hechas en hierro y pintadas cada una del color que me traía por fracciones de tiempo al presente,  enmarcadas en una especie de bejuco del que colgaban hojas, flores, semillas, pájaros y una cantidad de imágenes alegóricas a la palabra que enmarcaba.

Pero terminado el paseo desaparecía todo lo que por segundos me hacía pensar confusamente en el ¿Dónde estoy? Con cada paseo trataba de apropiarme de una palabra: Amor, Paz, Dios, Respeto, Valórate, Mereces, Vive, Perdona… entre otras. Era como una gran lucha por aceptar que no debía estar allí, pero… ¿Dónde debía estar?

Habían muchos salones destinados a diferentes acciones: llorar, golpear cosas, rezar. Al que me resistía a entrar era al salón que decorado con parejas (hombre-mujer) mostraban escenas de gran felicidad, ese salón paradójicamente era para llorar, todas llorábamos hasta quedar exhaustas tiradas en el suelo y rincones de aquel gran salón.  

Un día desperté temblando, sudorosa, literalmente asustada. Allí estaba sentada en la orilla de la cama… pregunté aterrada… Amalia eres tú?… y por toda respuesta la sentí en mi regazo llorando como un bebé. Inmediatamente mi mente trajo al presente su historia.

Amelia representaba en nuestra juventud la línea que no debíamos cruzar “el engaño amoroso de hombres inescrupulosos”  que según la mayor de todas la muchachas abundaban en las calles, los sitios nocturnos y la internet en sus páginas “El negocio del desamor”…siempre que abordábamos el tema de: “conocí a un hombre que me trae de cabezas” contestaba ¡Si!… recuerden lo que le pasó a Amelia Jumm, automáticamente el cuerpo se nos erizaba.

Si, Amelia una mujer respetada y admirada por los que en algún momento se relacionaron  con ella, por ser icono de fortaleza, tenacidad y voluntad para alcanzar las metas que se proponía, pero con mal tino a la hora de decidir compartir su vida con aquel desconocido que diestro en el arte de mentir engaño a Amelia como una niña quitándole no solo sus bienes materiales que buenos años de su vida le costaron sino lo mas grande el deseo de vivir, desapareciendo de su vida así como apareció: de la nada.

Desde ese día ya nunca mas fue la misma, cuentan que sus últimos años transcurrieron en un sanatorio, olvidando por completo quien era.

Siempre pensé que esas historias las contaban los mayores con la sana intención de protegernos, pero nunca hasta ese momento en el que vi -o lo soñé-  a Amelia en los pies de la cama, sentí tanto dolor por no haber creído y  ya no me parecían cuentos tontos. Sentí de nuevo erizado mi cuerpo y…

Abrí los ojos y estaba en mi cama. ¿Fue un sueño? No quiero pensar en eso, tal vez con el tiempo lo olvide y crea que fue un sueño…  tal vez con el tiempo sea yo quien cuente la historia. No quiero mirar parejas amándose, no quiero escuchar de separaciones ni divorcios, no quiero oír de mujeres engañadas. Mis heridas. No quiero mirarlas. Sólo ellas me harán dudar si pasó o no, si soy o no parte de esa leyenda urbana…

Angélik

El quinto Beatle… Leyendas urbanas.


¿Beatle cambiazo?

Os cuento hoy una de las leyendas urbanas más rocambolescas que jamás he conocido, muchos de vosotros, sobre todos los beatle-maníacos la conoceréis desde hace tiempo, pero seguro que otros muchos no. Esta leyenda cuenta como un miembro de los Beatles falleció cuando el grupo estaba en pleno apogeo y cómo éste fue sustituido por otra persona de aspecto similar para que su éxito no se resintiera.

Según cuenta la leyenda, corría el año 1966 cuando Paul McCartney, tras una discusión con sus compañeros, salió a dar una vuelta con su Aston Martin. Quizás ofuscado por la pelea no se percató de un camión en un cruce y su vehículo quedó completamente aplastado. El cadáver quedó completamente irreconocible y fue necesario realizar una identificación dental del bueno de Paul.

El grupo, o quizás sus representantes, decidieron silenciar el asunto y el puesto de Paul fue cubierto por un tal William Campbell, un tipo igualito a McCartney. La estrategia funcionó y nadie se dio cuenta del cambiazo forzoso, pero parece ser que el resto de componentes tenía algún tipo de remordimiento de conciencia y decidieron incluir en sus trabajos, a modo de secreto homenaje, algunas pistas sobre el triste accidente de su compañero fallecido.

Veamos algunas de ellas:

El álbum Sergeant Peppers tiene una de las portadas más famosas de la historia y está formada por un collage de rostros célebres. En la portada, los Beatles aparecen dos veces, una vestidos con uniformes coloridos y otra enlutados, ante un parterre de flores, como en un funeral. También se puede observar que sobre la cabeza de Paul aparece una mano abierta, esta mano en esta posición representa la muerte en algunas religiones orientales, que como se sabe, interesaban mucho a los componentes de la banda al punto de que podían ser considerados expertos en ellas.

La última clave, aunque bastante más rebuscada no es menos sorprendente. Se trata del texto que aparece en el bombo que preside la composición. Si se colocara un espejo que lo partiera horizontalmente, las palabras originales “LONELY HEARTS” se convertirían en “1ONE1X HEDIE”, que traducido al castellano antiguo vendría a ser algo así como “1UNO1X ÉLMURIÓ”. Aquí se cuenta que la interpretación sería “uno” como un miembro del grupo y la equis como signo de ausencia de Paul, que por cierto, es el único que aparece de espaldas a la cámara en la contraportada del disco.

De algunas letras de sus canciones también se puede extraer algún dato interesante. En la pieza She´s leaving home podemos excuchar la hora y el día del accidente – “Wednesday morning at five o´clock”, (el miércoles a las cinco de la mañana) – y en A day in the life la descripción del suceso: “he blew his mind out in a car, he didn´t notice that the light has changed”, (perdió la cabeza en un coche, no se dio cuenta de que las luces habían cambiado).

Las pistas continúan en Magical Mistery Tour, en cuya portada los Beatles aparecen disfrazados de animales. Todos los trajes son blancos menos el de Paul que, cómo no, es negro y viste de morsa. Si esto fuera poco en la canción titulada I´m the walrus (Yo soy la morsa), puede escucharse “Bury me, bury, bury my body […] Oh, untimely death”, (Enterradme, enterradme, enterrad mi cuerpo […] Oh, muerto al fin).

En Yellow submarine encontramos de nuevo la manita sobre la cabeza de McCartney, aunque en esta ocasión quizás en tono menos respetuoso.

Otro botón en la portada de Let It Be. Las fotos de Lennon, Harrison y Starr están sacadas con un fondo blanco. La de Paul tiene el fondo oscuro. Además, está mirando para el lado contrario que los demás. Para muchos aficionados, esto es otra clara evidencia que indica que McCartney ha muerto

Ahora bien, donde los adictos a la simbología se han esmerado más es en la carátula de Abbey Road.  Los Beatles caminan como un cortejo fúnebre con John Lennon en cabeza vestido de blanco, a modo de predicador. Después va Ringo en actitud de duelo y cierra la comitiva George Harrison, vestido con ropa vaquera, como un obrero o quizás como el enterrdor. Paul Va el tercero y camina descalzo y con los ojos cerrados. Es el único con el paso cambiado y, para colmo, va fumando con la mano derecha, cuando todos saben que McCartney era zurdo. Él último detalle está en la matrícula del Volkswagen blanco, en ella puede leerse (con ayuda de una lupa) “28 IF”, que se puede traducir en un “28 SI”. Y es que Paul habría tenido veintiocho años… si hubiera seguido vivo.

Para terminar, se cuenta que en el fundido final del corte de la canción Strawberry Fields Forever se puede encontrar otro mensaje oculto. Entre la algarabía instrumental se puede escuchar una voz grave que diche: “I buried Paul”: “Yo enterré a Paul”.

Pero claro, todo esto no son más que leyendas, ¿A quién se le podría ocurrir todo esto? ¿A los Beatles?

¿Paul & William?

Posteado por Sinuhé

Fuente:

El libro negro de las leyendas urbanas, de Tomás Hijo.

CAZADORES DE SUEÑOS o LA LEYENDA del BAWADDJIGAN (proveniente de los indígenas Lakotas de origen Sioux )


 

Hace mucho tiempo, cuando el mundo era aún joven, un viejo lider espiritual Lakota que estaba en la cima de una montaña tuvo una visión. En aquella visión, Iktomi -el gran maestro de la sabiduría- se le aparecía en forma de araña. Iktomi hablaba con él en un lenguaje secreto que solo los líderes espirituales de los lakotas sabían entender. Mientras le hablaba, Iktomi -la araña- tomó un trozo de rama del sauce más viejo. Le dio forma redonda y con plumas, pelo de caballo, cuentas y adornos y empezó a tejer una telaraña.

 

Hablaron de los círculos de la vida, de cómo empezamos la existencia como bebés y crecemos hasta alcanzar la niñez, la adolescencia, después la edad adulta, para llegar, finalmente, a la vejez, cuando debemos volver a cuidar de los bebés, completando así el círculo…

 

Pero Iktomi dijo -mientras continuaba tejiendo su red-: “En todo momento de la vida hay muchas fuerzas, algunas buenas otras malas. Si te encuentras con las buenas, ellas te guiarán en la dirección correcta. Pero si escuchas a las fuerzas malas, ellas te lastimarán y te guiarán en la dirección equivocada”. Y continuó: Hay muchas fuerzas y diferentes direcciones y pueden interferir con la armonía de la naturaleza. También con el gran espíritu y sus maravillosas enseñanzas.”

 

Mientras la araña hablaba continuaba entretejiendo su telaraña, empezando desde afuera y trabajando hacia el centro. Cuando Iktomi terminó de hablar, le dio al anciano Lakota la red y le dijo: “Mira la telaraña. Es un círculo perfecto, pero en el centro hay un agujero, úsala para ayudarte a ti mismo y a tu gente para alcanzar tus metas y hacer buen uso de las ideas de tu pueblo, de sus sueños y sus visiones. Si crees en el Gran Espíritu, la telaraña retendrá tus buenas ideas que descenderán por las plumas hasta ti y las malas desaparecerán al amanecer por el agujero”.

 

El anciano Lakota, le pasó su visión a su gente y ahora los indios usan el atrapasueños como la red de su vida. Lo cuelgan encima de sus camas, en su casa, para escudriñar sus sueños y visiones. Lo bueno de los sueños queda capturado en la telaraña de la vida y vive con ellos. Lo malo, escapa a través del agujero del centro y no será nunca más parte de ellos.

 

Los atrapasueños o también llamados cazadores de sueños, se denominaban “Bawaadjigan” en el lenguaje Ojibwe de los Sioux, quienes luego se dividieron en los Sante, Dakotas y Teton (Lakotas). Estas culturas sostenían la creencia de que los sueños eran mensajes del mundo espiritual. De esta manera, el atrapasueños funcionaba como un filtro de sueños y visiones que protegía contra las pesadillas.