La ocasión y el ladrón


 

Los dos niños 
Cuenta una vieja historia árabe que una vez dos niños ­uno rico y el otro pobre­, volvían del mercado. El rico llevaba galletas untadas con miel, y el pobre llevaba un trozo de pan duro. 

Si haces el perro, te dejo comer de mis galletas ­dijo el rico. 

El niño pobre aceptó y, a cuatro patas y en medio de la calzada, se puso a comer las galletas del niño rico. 

El sabio Fath, que contemplaba la escena, comentó: ­Si este niño pobre tuviese un poco de dignidad, al final encontraría una forma de ganar dinero. Sin embargo, prefiere convertirse en el perro del niño rico para comer sus galletas. Mañana, cuando sea grande, hará lo mismo por un cargo público, y será capaz de traicionar a su país por una bolsa de oro. 

Evitando ayudar al demonio 
Muchas veces, cuando intentamos hacer el bien, nos convertimos en instrumentos del mal ­dijo Al-Fahid a su amigo­. Procuro estar siempre alerta, pero hoy he sido utilizado por el demonio. 

¿Cómo así? ¡Si tú tienes fama de sabio! ­Esta mañana fui a hacer mis plegarias a la mezquita. 

Respetando la tradición, me quité los zapatos antes de entrar. A la salida me di cuenta de que me los habían robado: he creado un ladrón. 

Pero eso no es culpa tuya ­le dijo el amigo. 

Sí es culpa mía. Es fácil despertar el lado malo del prójimo. Es fácil enojar a alguien, sembrar la discordia, levantar dudas o separar hermanos. El demonio necesita del hombre para realizar sus actos, y por eso soy responsable. 

El condenado a muerte 
El grupo pasó por la calle: los soldados llevaban a un condenado a la horca. 

Este hombre era un inútil ­le comentó a Awas-el Salam uno de sus discípulos­. Una vez le di una moneda de plata para ayudarlo a salir de la miseria, y fue incapaz de hacer nada notable. 

Es posible que utilizara el dinero que le diste para comprar un puñal, que luego terminó usando en el crimen cometido. En ese caso, también tus manos están ensangrentadas. En lugar de ayudarlo con amor y cariño preferiste darle una limosna y evitar así cumplir con tu obligación. 

Delante de Dios 
Un viejo vendía juguetes en el mercado de Bagdad. Sus compradores, sabiendo que tenía la vista muy débil, le pagaban de vez en cuando con monedas falsas. 

El viejo, que se daba cuenta del truco, no decía nada. 

En sus oraciones pedía a Dios que perdonase a los que lo engañaban. “Tal vez tengan poco dinero, y quieran comprar regalos a sus hijos”, se decía. 

Pasó el tiempo y el hombre murió. Delante de las puertas del Paraíso, rezó una vez más: ­¡Señor! ­dijo­ Soy un pecador. No soy mejor que las monedas falsas que recibí. ¡Perdóname! En este momento se abrieron las puertas y dijo una voz: ­¿Perdonar qué? ¿Cómo puedo juzgar a alguien que, en toda su vida, jamás juzgó a los demás?

 

Niños y adultos se encuentran


 

La historia del lápiz 
El niño miraba al abuelo escribir una carta. En un momento dado, le preguntó: -¿Estás escribiendo una historia que nos pasó a los dos? ¿Es, por casualidad, una historia sobre mí? El abuelo dejó de escribir, sonrió, y le dijo al nieto: -Estoy escribiendo sobre ti, es cierto. Sin embargo, más importante que las palabras es el lápiz que estoy usando. Me gustaría que tú fueses como él cuando crezcas. 
El niño miró el lápiz, intrigado, y no vio nada de especial. 
-¡Pero si es igual a todos los lápices que he visto en mi vida! -Todo depende del modo en que mires las cosas. Hay en él cinco cualidades que, si consigues mantenerlas, harán de ti una persona por siempre en paz con el mundo. 
“Primera cualidad: puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una mano que guía tus pasos. Esta mano nosotros la llamamos Dios, y él siempre te conducirá en dirección a su voluntad. 
“Segunda cualidad: de vez en cuando necesito dejar lo que estoy escribiendo y usar el sacapuntas. 
Eso hace que el lápiz sufra un poco, pero al final, está más afilado. Por lo tanto, debes ser capaz de soportar algunos dolores, porque te harán mejor persona. 
“Tercera cualidad: el lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar aquello que está mal. 
Entiende que corregir algo que hemos hecho no es necesariamente algo malo, sino algo importante para mantenernos en el camino de la justicia. 
“Cuarta cualidad: lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que hay dentro. Por lo tanto, cuida siempre de lo que sucede en tu interior. 
“Finalmente, la quinta cualidad del lápiz: siempre deja una marca. De la misma manera, has de saber que todo lo que hagas en la vida, dejará trazos, e intenta ser consciente de cada acción.” 

Ya se sabe quien le cortó la oreja a Van Gogh


 

Por fin, la oreja descansará en paz…

La oreja de Van Gogh no fue víctima de un arranque de locura de su dueño, ni una simbólica ofrenda al martirio de un artista incomprendido, sino una simple mutilación en el transcurso de un duelo motivado por su atormentada relación. Así lo sostienen dos historiadores dispuestos a acabar con el mito que rodea al pintor neerlandés.

Según la versión oficial de los hechos, la que recogen las biografías oficiales de Vincent van Gogh y su amigo y también pintor Paul Gauguin, el artista se arrancó la oreja en pleno arranque de locura. El pintor postimpresionista, que había convencido a su admirado Gauguin para que se mudara a Arlés con él, no soportó la marcha de su gran amigo a París después de una discusión.

La misma versión de los sucesos del 23 de diciembre de 1888, dice que tras pelearse con Gauguin, Van Gogh regresó a su casa amarilla y con una navaja de afeitar se automutiló. Después, sangrando, se acercó hasta un burdel, donde le enseñó la oreja a una prostituta llamada Rachel antes de volver a su hogar y desmayarse sobre su cama, donde le encontraría la policía poco después.

Sin embargo, según las investigaciones exhaustivas de dos historiadores alemanes que han pasado los últimos diez años revisando los informes policiales de aquella aciaga tarde, las declaraciones de testigos presentes y las cartas de los dos artistas, Van Gogh no se automutiló. Fue Gauguin, un experto espadachín, según los historiadores, el que en el transcurso de la mencionada riña le asestó un mandoble que le arrancó la oreja al pintor.

En La oreja de Van Gogh: Paul Gauguin y el Pacto de Silencio, Hans Kaufmann y Rita Wildegans sostienen que la versión oficial -basada esencialmente en la versión que dio Gauguin de los hechos- fue básicamente una mentira que ambos artistas pactaron al darse cuenta que la verdad era demasiado complicada -como en gran parte fue la relación entre ellos- para que un tercero la comprendiera.

La amistad entre estos dos genios de la pintura es digna de un serial televisivo. En 1888 Van Gogh convenció a Gauguin para que se mudara con él a la casa amarilla que tenía en Arles. Pasaron todo el otoño pintando juntos y discutiendo sobre arte, pero poco a poco fue empeorando debido a sus particulares caracteres y a los problemas mentales de Van Gogh. Los problemas se sucederían hasta la marcha de Gauguin a París a finales de ese año.

Los historiadores alemanes no tienen claro si Gauguin quiso herir intencionadamente a su amigo o si en el calor de la refriega se le escapó un mandoble, pero están convencidos de que hicieron un pacto: lo sucedido entre ambos quedaría como un secreto para que Gauguin no fuera a prisión, lo que explicaría que el herido no acudiera al hospital, pero prolongaría hasta nuestros días el mito sobre la oreja de Van Gogh.

El respeto al misterio


 

Erase una vez una linda princesa a la que nadie se atrevía a pedir en matrimonio. Desesperado, el Rey consultó al dios Apolo. Éste dijo que a Psique había que dejarla sola, vestida de luto, en lo alto de una montaña. Antes de que rayase el día, vendría una serpiente a su encuentro para desposarla. El Rey obedeció, y durante toda la noche la princesa esperó, aterrorizada y muerta de frío, la llegada de quien había de ser su marido.

Al final, se durmió. Al despertar, se encontraba en un hermoso palacio, convertida en reina. Todas las noches su marido venía a su encuentro y hacían el amor, pero él le había impuesto una única condición: Psique podía tener cuanto quisiese, pero debía mostrar absoluta confianza y no intentar ver jamás su rostro.

La joven vivió mucho tiempo feliz. Tenía un hogar, cariño, alegría, y estaba enamorada apasionadamente del hombre que la visitaba todas las noches. Sin embargo, de vez en cuando tenía miedo de estar casada con una serpiente horrorosa.

Una madrugada, cuando el marido aún dormía, con una antorcha iluminó la cama, y vio, tumbado a su lado, a Eros (o Cupido), un hombre de increíble belleza. La luz lo despertó, y él descubrió que la mujer que amaba no era capaz de cumplir su único deseo, y desapareció.

Siempre que leía este texto, me preguntaba: ¿acaso no podemos descubrir nunca la cara del amor? Mucho tuvo que llover antes de que pudiera comprender que el amor es un acto de fe en otra persona, y su rostro debe seguir envuelto en misterio. Debe ser vivido y disfrutado en cada momento, pero en cuanto intentamos entenderlo, desaparece la magia.

Cuando al fin entendí esto, dejé que mi vida la guiara una lengua extraña, que denomino un lenguaje “de señales.” Sé que el mundo está hablando conmigo, que tengo que escucharlo, y que si lo hago, seré guiado hacia lo que existe de más intenso, más apasionado, y más bello. Claro que no es fácil, y a veces me siento como Psique en el peñasco, con frío y miedo. Pero si soy capaz de pasar así la noche y entregarme al misterio y a la fe en la vida, al final siempre acabo despertando en un palacio.

Para concluir con el mito griego: desesperada por recuperar su amor, Psique se somete a una serie de trabajos que Afrodita (o Venus), madre de Cupido (o Eros), celosa de su belleza, le impone. Uno de esos trabajos es el de entregarle a ella un poco de su belleza. Psique siente curiosidad por la caja que contiene la belleza de la diosa y una vez más sucumbe ante el Misterio: abre la caja y en ella no encuentra nada de belleza, sino un infernal sueño que la deja inerte, sin movimiento.

Eros/Cupido también está apasionadamente enamorado, y se arrepiente de no haber sido más tolerante con su mujer. Consigue entrar en el castillo y despertarla de su profundo sueño con la punta de su flecha. En ese momento vuelve a hablarle: “Casi mueres por culpa de tu curiosidad”. Y he aquí la gran contradicción. Psique, que en el conocimiento buscaba la seguridad, no encuentra en él sino la inseguridad.

Los dos se dirigen a Júpiter, el dios supremo, y le suplican que jamás se pueda deshacer su unión.

Júpiter defendió con tanto empeño su causa, que consiguió el beneplácito de Venus. A partir de ese día, Psique (la esencia del ser humano) y Eros (el amor) están juntos para siempre. Quien no lo acepte y busque siempre una explicación para las mágicas y misteriosas relaciones humanas, se perderá lo mejor que la vida puede ofrecer.

La felicidad, aquí y ahora… HISTORIA DE LOS DOS QUE SOÑARON


Cuentan hombres dignos de fe que hubo en El Cairo un hombre poseedor de riquezas, pero tan magnánimo y liberal que todas las perdió menos la casa de su padre, y que se vio forzado a trabajar para ganarse el pan.

Trabajó tanto que el sueño lo rindió una noche debajo de una higuera de su jardín y vio en el sueño un hombre empapado que se sacó de la boca una moneda de oro y le dijo: “Tu fortuna está en Persia, en Isfaján; vete a buscarla”. A la madrugada siguiente se despertó y emprendió el largo viaje y afrontó los peligros del desierto, de las naves, de los piratas, de los idólatras, de los ríos, de las fieras y de los hombres.

Llegó al fin a Isfaján, pero en el recinto de esa ciudad lo sorprendió la noche y se tendió a dormir en el patio de una mezquita. Había, junto a la mezquita, una casa y por decreto de Alá Todopoderoso, una pandilla de ladrones atravesó la mezquita y se metió en la casa, y las personas que dormían se despertaron con el estruendo de los ladrones y pidieron socorro. Los vecinos también gritaron, hasta que el capitán de los serenos de aquel distrito acudió con sus hombres y los bandoleros huyeron por la azotea.

El capitán hizo registrar la mezquita y en ella dieron con el hombre de El Cairo y le menudearon tales azotes con varas de bambú que estuvo cerca de la muerte. A los dos días recobró el sentido en la cárcel. El capitán lo mandó buscar y le dijo: “¿Quién eres y cuál es tu patria?” El otro declaró: “Soy de la ciudad famosa de El Cairo y mi nombre es Mohamed El Magrebí”. El Capitán le preguntó: “¿Qué te trajo a Persia?” El otro optó por la verdad y le dijo: “Un hombre me ordenó en un sueño que viniera a Isfaján, porque ahí estaba mi fortuna. Ya estoy en Isfaján y veo que esa fortuna que prometió deben ser los azotes que tan generosamente me diste”.

Ante semejantes palabras, el capitán se rió hasta descubrir las muelas del juicio y acabó por decirle: “Hombre desatinado y crédulo, tres veces he soñado con una casa en la ciudad de El Cairo, en cuyo fondo hay un jardín, y en el jardín un reloj de sol y después del reloj de sol una higuera y luego de la higuera una fuente, y bajo la fuente un tesoro. No he dado el menor crédito a esa mentira. Tú, sin embargo, engendro de mula con un demonio, has ido errando de ciudad en ciudad, bajo la sola fe de tu sueño. Que no te vuelva a ver en Isfaján. Toma estas monedas y vete.”

El hombre las tomó y regresó a su patria. Debajo de la fuente de su jardín (que era la del sueño del capitán) desenterró el tesoro. Así Alá le dio bendición y lo recompensó.

Todos podríamos alcanzar la felicidad plena, aquí y ahora. Aunque resulte muy difícil hacer de esta idea una experiencia real y permanente, Maestros de distintas tradiciones la expresaron de diferentes maneras, en todas las épocas.

El anterior es un relato (muy breve) de Jorge Luis Borges, que es, en realidad, su versión de uno de las narraciones más originales y sugestivas de “Las mil y una noches”. Se trata de una parábola que propone que la búsqueda del bienestar o de la felicidad “afuera” de nosotros mismos puede conducirnos a la comprensión de que ese estado tan anhelado siempre estuvo a nuestro alcance en nuestro interior… precisamente aquí y ahora.

Historias de antepasados


El arca

Después de 40 días de diluvio, Noé pudo salir del arca. Descendió lleno de esperanza, pero afuera no encontró sino muerte y destrucción. Noé clamó al cielo: “Dios Todopoderoso, si tú conocías el futuro, ¿por qué creaste al hombre? ¿Sólo para tener el placer de castigarlo?” Un triple perfume subió a los cielos: el incienso, el aroma de las lágrimas de Noé y el perfume de sus acciones. Entonces Dios respondió: “Las plegarias de un hombre justo siempre son oídas. Te diré por qué hice esto: para que entiendas tu obra. Tú y tus descendientes estarán siempre reconstruyendo un mundo que vino de la nada, y así dividiremos el trabajo y las consecuencias. Ahora somos todos responsables”.

 

La riqueza

Zilu preguntó: “¿Cuándo debo poner en práctica las cosas que he aprendido?” Confucio respondió: “Todavía te estoy enseñando.

¿Por qué esta impaciencia de poner algo en práctica? Espera el momento adecuado”.

Al momento siguiente, Gongchi preguntó: “¿Cuándo debo poner en práctica las cosas que he aprendido?” “Inmediatamente”, respondió Confucio.

“Maestro, no actúas con justicia”, se quejó Zilu.

“Gongchi sabe tanto como yo, y no le prohíbes actuar”.

“Un buen padre conoce la esencia de sus hijos”, dijo Confucio. “Frena a aquél que es demasiado osado, y empuja al que no sabe andar con sus propias piernas”.

 

 

El poder

Un rey, queriendo agradar a sus súbditos más leales, anunció que satisfaría el deseo de cada uno de ellos.

Algunos pidieron honores, otros pidieron poderes o riquezas. Pero el más sabio entre ellos dijo: “Quiero hablar con el rey tres veces al día”.

De esta forma, en lugar de concentrarse en un capricho inmediato, este súbdito consiguió abrir un camino firme para que sus verdaderos deseos fuesen atendidos.

El amor

Un peregrino llegó a la aldea donde vivía Abu Yazid al-Bistrami.

“Enséñame la forma más rápida de llegar a Dios”, le pidió.

Al-Bistrami respondió: “Ámalo con todas tus fuerzas”.

“Eso ya lo hago”.

“Entonces necesitas que te amen los demás”.

“¿Por qué?” “Porque Dios mira el corazón de todos los hombres. Cuando visite el tuyo, por supuesto verá tu amor por Él, y se alegrará. Sin embargo, si en el corazón de otras personas también encuentra tu nombre escrito con cariño, ten por seguro que te tendrá aún más en cuenta”.

Paulo Coelho

Ilustración Vanessa Balleza

Traducción Juan Campbell-Rodger

La mala suerte de Pescafrito


En aquella tienda de animales la mala suerte tenía un nombre: Pescafrito, un pequeño pez famoso porque nunca estaba en el acuario adecuado. Cada vez que tocaba reordenar los tanques, Pescafrito acababa por error o descuido en el más peligroso para él. Desde otros tanques tranquilos y seguros, sus primos y hermanos veían divertidos sus desesperadas carreras por evitar ser la merienda de algún grandullón.

A pesar de su increíble mala suerte, Pescafrito no se desanimaba, y en cada carrera ponía todo su empeño en librarse de nuevo, aunque sintiera el dolor de algún que otro mordisco en sus aletas o el cansancio de nadar entre plantas y rocas a cualquier hora del día o de la noche.

Así fue sobreviviendo Pescafrito Malasuerte, como todos le llamaban, hasta que un día de reorganización en los acuarios, Pescafrito por fin acabó compartiendo tanque con todos sus primos y hermanos. Pero mientras se juntaban a su alrededor para conocer sus desventuras, un cuidador despistado echó en ese mismo tanque al más grande, hambriento y peligroso de los peces de la tienda. Fueron sólo unos minutos, pero el enorme pez no necesitó más para acabar con todos los pececillos… excepto Pescafrito, que acostumbrado a huir de muchos peces a la vez, no tuvo problemas en escapar de uno solo.

Poco después entró en la tienda un gran experto en acuarios, y al ver a Pescafrito vivo en el mismo tanque que el pez grande no se lo podía creer. Estuvo horas en la tienda, observándolo, viéndolo escapar una y otra vez con su nadar lleno de giros y piruetas y su increíble capacidad para esconderse. No tenía dudas: era un pez único en el mundo, y el experto lo llevó consigo para ser la estrella de todas sus colecciones y acuarios.

Y Allí Pescafrito vivió feliz con todo tipo de atenciones y cuidados, pensando lo buena que había sido para él su famosísima mala suerte.

Autor: Pedro Pablo Sacristán

 

La actitud de superación

es la forma de convertir

las adversidades y la mala suerte

en aprendizaje y preparación para el futuro.