De la debilidad a la fortaleza


Cada día es el comienzo de una nueva historia en la página de nuestras vidas. Puede estar llena de alegrías y satisfacciones; de igual manera puede estar llena de lágrimas, de un dolor que desgarre el alma… La realidad es que son más las historias tristes y llenas de sentimientos encontrados, de momentos de soledad, que vivimos día a día.

Cuando se lleva un dolor muy grande en el alma, que nos arrastra como almas en penas, quisiéramos enterrarnos con él para no seguir sufriendo. Es como si la vida se resquebrajara en pedacitos.  ¡Quisiéramos que el mundo entero entendiese lo que estamos sintiendo y nos apoyara en ese momento! que el mundo se detuviera a nuestro alrededor! Tristemente, nos damos cuenta que la vida no se detiene en su caminar y que en verdad no vale la pena sufrir por algo que quizás ya no tiene solución.

Las mujeres somos muy emotivas, somos sentimientos; algo que los hombres no podrán entender jamás porque hemos sido creados de forma diferente, aunque en esencia seamos iguales. Muchas veces nos tildan de mujeres de hierro porque podemos parecer insensibles, pero lo cierto es que detrás de esa coraza, la cual es producto de las circunstancias y situaciones vividas, existe un corazón lleno de amor que dar y esperando ser amadas. Cuando amamos y nos entregamos lo hacemos con todo nuestro ser. Por eso sufrimos más una decepción amorosa, tardamos en reponernos de una pérdida familiar o amorosa.

Es muy difícil entender a veces el porqué de las cosas. Y comenzamos una búsqueda de respuestas para manejar nuestras emociones y sentimientos. Necesitamos entender lo que antes era y que ahora no es. Hay situaciones que no están a nuestro alcance o simplemente en las que no tuvimos nada que ver, pero no por eso dejan de dolernos. No podemos ir por la vida llorando a cada rato. Aunque el llorar nos hace bien y limpia el alma, la vida sigue su paso. Ella no detiene su marcha, camina muy rápido, dejándonos sin aliento…

No podemos gastar nuestras energías en cosas vanas… lo que no tiene remedio, pues no tiene remedio; existen otras cosas que merecen nuestra atención y de las cuales nos estamos olvidando.

Es hora de reconstruir los pedacitos de nuestra vida. Es tiempo de opacar la tristeza con alegrías, que nos pintemos la existencia de colores y que le pongamos un poco de picardía y sazón a nuestra vida. Será más fácil para sobrellevar las penas. Quizás algún día entenderemos lo ahora no podemos entender. Ahora es tiempo de enfocarnos en cómo deseamos que sea nuestro futuro y echarle muchas ganas. La vida es una y hay que saberla vivir.

La espina de hoy… será la flor de mañana…

Con amor,

Gaviota Viajera

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