La crisis y sus artimañas (final)


La semana pasada, escribí aquí sobre lo que sucede cuando subestimamos las señales que los problemas, antes de llegar con violencia a nuestro patio, nos envían.

Utilicé, como hilo conductor el libro El síndrome de Aquiles, del periodista Mario Rosa, que muestra cómo, en una situación crítica, la lucha con el enemigo no siempre puede basarse en los valores que estamos acostumbrados a cultivar. Hoy llegaré a la conclusión de esta cuestión, con la opinión de otros estudiosos (Helio Fred García, profesor de Comunicación de la Universidad de Nueva York, y Daí Williams, de Eos Career Services, y un texto de la Universidad de Australia del Sur). He procurado usar los textos de estos especialistas desde el punto de vista de la crisis individual, aunque la mayor parte de ellos en realidad se refiere a acontecimientos políticos y económicos. Una vez que la crisis se instala, éstas son las peores formas de reaccionar:

A) No hacer caso del problema. María sabe que Juan, su marido, está a punto de ser despedido del trabajo, lo cual pondrá a la familia en serios aprietos. Sin embargo, como Juan no menciona el asunto, ella finge que no se da cuenta.

B) Negar el problema.  Juan, por su parte, piensa que gracias a los contactos que ha hecho a lo largo de su vida, conseguirá una nueva oportunidad y, por lo tanto, no ve que está en una situación difícil.

C) Negarse a pedir ayuda. Juan y María han vivido muchos años juntos, y se conocen muy bien. Juan tiene la cabeza llena de problemas, ya que la crisis absorbe todas las energías del ser humano. María tal vez pudiese ayudarle, pero el orgullo no deja a Juan compartir sus dificultades.

D) Mentir o decir medias verdades. Un día María se arma de valor y, a la hora de acostarse, pregunta si algo va mal. Juan responde: “estoy pensando cambiar de empleo”. Claro que, desde el punto de vista jurídico, eso se puede considerar verdad: Juan, al estar a punto de ser despedido, vive realmente pensando en encontrar un nuevo empleo. María no dice nada más.

E) Culpar a los demás. Juan sabe que es un hombre de bien, que siempre ha sido honrado en el trabajo, y ha intentado dar lo mejor de sí. Piensa que su jefe es injusto, que no se merece lo que le está pasando.

F) Sobrestimar la propia capacidad: Juan empieza a decirse que tiene talento, que es capaz de hacer esto y aquello, y acaba convenciéndose de que no está frente a una crisis, y sí ante una nueva oportunidad.

Una vez que se han dado todos los pasos equivocados, llega el día y Juan es despedido. A partir de entonces, la familia ya está al borde del abismo, por culpa del precioso tiempo perdido al negar una fatalidad.

Entonces, ¿qué hacer? Bien, yo he sufrido muchas crisis en mi vida, y creo que he cometido todos los errores descritos arriba. Hasta que, tal vez en la peor de todas mis crisis, aparecieron los amigos. Desde entonces, lo primero que hago es, simplemente, pedir ayuda. Evidentemente, la decisión final será mi responsabilidad, pero, en lugar de intentar hacerme siempre el fuerte, jamás me he arrepentido de haberme mostrado vulnerable ante mi mujer y mis amigos. Y cuando empecé a actuar así, reduje bastante mi capacidad de errar, aunque ésta siga allí, siempre esperando para dar el salto.

 

 

         Paulo Coelho

Ilustración Vanessa Balleza

Traducción Montserrat Mira

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