MADURO: El verdugo del Mandela venezolano


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En Venezuela tenemos nuestro propio Mándela. Quienes pontifican sobre los derechos humanos y la libertad deben pasearse por esta cruel realidad. Liberar al mártir Ivan Somonovis.

El presidente Maduro, cual paladín democrático, dijo que viajará a Sudáfrica a los actos fúnebres de Mandela, sin remordimiento alguno.

Al mundo debemos recordarle que detrás de las rejas, en la patria de Bolívar El Libertador de América, decenas de venezolanos como Iván Simonovis sufre del apartheid endógeno que puso en ejecución Hugo Chávez.

No podemos olvidarnos de Simonovis. Debemos seguir  denodadamente luchando para que se haga justicia. Desgraciadamente Simonovis es preso de un régimen caracterizado por oprimir a sus adversarios. Ha transcurrido una década de su injusta detención. En estos momentos Simonovis padece graves trastornos de salud víctima de un Poder Judicial sumiso. Es una demostración palmaria de que los poderes del Estado en Venezuela no tienen respeto por la dignidad ciudadana ni mucho menos garantiza los derechos humanos.

La medida humanitaria solicitada por su representación legal aún no le es concedida.

Es oportuno recordar que con motivo de los sucesos ocurridos el 11 de abril del año 2002, fueron detenidos varios funcionarios de la Policía Metropolitana de Caracas, quienes cumplian con su deber de brindarle protección a los manifestantes, y el entonces, Secretario de Seguridad de la Alcaldía Metropolitana de Caracas, Iván Simonovis, a quien como ya dije se le ha violentado flagrantemente sus derechos humanos, sigue privado del derecho sagrado a la libertad personal desde hace más de una década, sufriendo y padeciendo aislamiento de sus seres queridos.

En este caso particular de Simonovis, si lo analizamos en el contexto del derecho positivo vigente, teniendo en cuenta lo consagrado en el título III de la Carta Magna, específicamente su artículo 19, que prevé la garantía de que conforme al principio de progresividad, y sin discriminación, debe el Estado asegurar a toda persona el goce y ejercicio, irrenunciable, indivisible e interdependiente, de los derechos humanos, siendo el respeto y garantía obligatorios para los órganos del Poder Público, de conformidad con la Constitución, los Tratados sobre derechos humanos suscritos y ratificados por la República y con las leyes que lo desarrollen. Y además concatenarlo con el artículo 272 del mismo texto constitucional: “Artículo 272. El Estado garantizará un sistema penitenciario que asegure la rehabilitación del interno o interna y el respeto a sus derechos humanos. …. En todo caso las fórmulas de cumplimiento de penas no privativas de la libertad se aplicarán con preferencia a las medidas de naturaleza reclusoria…”

La triste situación que vive  Simonovis refleja la indolencia y poco sentido de humanidad que existe en nuestro país en los estamentos gubernamentales. La carencia de valores hacia la dignidad humana, hacia el derecho a la salud,  la falta de respeto hacia el otro sin importar las condiciones en que se encuentre. Son muchos los abusos y maltratos que se cometen contra quienes han decidido adversar el actual régimen. Muestra de ello son los actuales ataques y burlas que se profesan desde el Gobierno Nacional contra los recién Alcaldes electos de la Mesa de la Unidad. En consecuencia, el caso del exfuncionario policial encarcelado a quien le han negado recurrentemente la petición humanitaria de considerarle su grave estado de salud, constituye una muestra más del irrespeto que existe a los derechos y garantías constitucionales en el país. Todas esas negativas de los Tribunales de Instancias obedecen a un lineamiento, ya que no tienen fundamento jurídico para mantenerlo tras las rejas pese a las enfermedades que padece. Es el atropello y la humillación consumada lo que se observa contra el excomisario. Se le violenta el derecho constitucional que lo ampara al debido proceso y a la tutela judicial efectiva.

Ya es tiempo de que el Gobierno Nacional baje la carga de odio y del resentimiento contra los ciudadanos venezolanos que les adversan. Porque somos un solo país que clama por la unión, la reconciliación y el respeto a  los derechos humanos.

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