Venezolanos… Hoy Con Más Fuerza y Fe


Venezuela Presidential Election (2)

 

Los que estamos del lado correcto de la historia somos más.

No importa los resultados que Tibisay Lucena de esta noche, lo que importa es el claro mensaje que todos los venezolanos hemos dado hoy!

Ciudades del mundo entero se llenaron de venezolanos exigiendo libertad y democracia, y aquí en Venezuela la enorme mayoría no salió a participar en el show que Maduro pretendió realizar.

Los centros estuvieron vacíos todo el día y los oficialistas ni con amenazas a los que tienen carnet pudieron llevarlos a votar.

El pequeño porcentaje que si salió a votar, lo ha hecho obligado porque está intimidado y coaccionado por el hambre que Maduro y sus corruptos han creado.

Así que ahora más que nunca Fuerza y Fe Venezuela! Que nadie decaiga! La noche es más oscura justo antes del amanecer.

Mantengamos nuestro ánimo y nuestra esperanza más viva que nunca!

A partir de hoy Maduro es ilegítimo ante nosotros y ante el mundo entero.

Amazonas: Indígenas de San Fernando de Atabapo toman tres puntos de control por abuso militar.


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Pese a la existencia de alcabalas hay presencia de dragas en el río Atabapo, utilizadas para la minería ilegal. Foto: Minerva Vitti, San Fernando de Atabapo, 2016.

Indignación. Es la palabra que expresan los habitantes de San Fernando de Atabapo, un poblado ubicado en el municipio Atabapo del estado Amazonas, ante la constante violación de derechos humanos por parte de los militares de la zona. Por esta razón, decidieron tomar tres puntos de control y sacar a los militares y a funcionarios del Seniat. Aseguran que “no los dejaran regresar a sus trabajos hasta que se presenten funcionarios del Ministerio de Defensa, Ministerio Público y Defensoría del Pueblo”.
El 4 de abril un grupo de personas de esta localidad se trasladó hasta Puerto Ayacucho para formalizar la denuncia en el Ministerio Público y ante la Defensoría del Pueblo. De acuerdo a testimonios de los habitantes del municipio, dados a conocer por Norayma Ángel, coordinadora de la Oficina de Derechos Humanos del Vicariato Apostólico de Puerto Ayacucho, la Guardia Nacional Bolivariana junto con el Seniat coloca alcabalas momentáneas para hacer cobros de comisiones. Los habitantes de Atabapo “no saben cuál es el fin último de los decomisos y del dinero que se cobra en estos puntos de control. Ellos manifiestan estar cansados porque se sienten vulnerados en sus derechos. No tienen información de por qué hacen estos decomisos y cobros”. Denuncian que en lugar de sentirse protegidos por el Estado se les da un trato cruel que los mantiene en una constante zozobra. “Los detienen, los requisan y les quitan el oro ilegal que circula en Atabapo”, agrega Richard Ortega, periodista de Raudal Estéreo.

Norayma asegura que la toma de los tres puestos de control revela problemas muy serios presentes en Atabapo y en otros municipios del estado Amazonas, que constantemente han sido denunciados por los habitantes: escasez de alimentos, combustible, problemas en las comunicaciones. “¿Dónde están las instancias municipales, porque la alcaldía pudiera hacer algo para evitar estas situaciones?”, se pregunta la defensora de derechos humanos.

Lo anterior sucede en un contexto donde existe minería ilegal, con más de 20 campamentos ilegales, que ya han sido documentados y denunciados por las organizaciones indígenas, y de dónde se está extrayendo este mineral. Situación sumamente grave y que impacta directamente en la salud de los pobladores, ya que desde hace ocho años ha recrudecido la malaria en esa zona del sur selvático de Venezuela.

Muchas personas con malaria cruzan hasta Amanaven, un poblado colombiano que se encuentra al frente de San Fernando de Atabapo, a solo cinco minutos de navegación, donde compran el tratamiento que es gratuito, pero inexistente en Venezuela. Foto: Minerva Vitti, Amanaven (Colombia), 2016. La gravedad de la situación es patente con casos de grupos indígenas.  Leer más… https://www.aporrea.org/actualidad/n323236.html

 

 

Así, se despide de Venezuela Daniel Pardo / BBC de Londres en Venezuela Daniel Pardo / BBC Mundo


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“A veces no me queda claro si Venezuela es un lugar feliz o infeliz. Porque parece ambas cosas.
Más allá de las penurias que sufre el país, y por muy pesimista que esté, el venezolano anda por la vida regalando gestos fraternales.
La gente más alegre del mundo puede encontrarse en una cola kilométrica en el supermercado o en un hospital quebrado y sin insumos.
Temo que pronto vaya a suscribir lo que decía Gabriel García Márquez, quien en su “Memoria feliz de Caracas” (1982) escribió que “una de las hermosas frustraciones de mi vida es no haberme quedado a vivir para siempre en esa ciudad infernal”.
Hasta Gabriel García Márquez se enamoró de Caracas.
Pero el recuerdo que me llevo es más feliz que infeliz.
Incluso en las kilométricas colas es posible encontrar sonrisas y gestos fraternales.
Porque en la esencia del venezolano, en ese limbo entre felicidad e infelicidad, encontré enseñanzas para el resto de mi vida, aquellas en la raíz de instituciones como “poco a poco se llega lejos”, “esto es lo que hay” y “al mal tiempo, buena cara”.
Echaré de menos…
Y me transportaré a las playas del Caribe cada vez que huela y beba uno de los exquisitos rones venezolanos (también, dicen, los mejores el mundo)
Memoria feliz de Venezuela
Cuando hable de la Venezuela que viví tendré que mencionar escasez, inflación, delincuencia, gente jodida en un sinfín de maneras.
Pero haré el esfuerzo de ir más allá de esta coyuntura, lejos de los cínicos, corruptos y malandros.
Me llevo, más bien, la sonrisa del recogedor de basura, el coqueteo de la funcionaria pública: ese calor humano caribeño que tanto extrañan los miles de venezolanos que se han ido del país recientemente.
Los venezolanos que ríen para sobrellevar la crisis.
Es como si en Venezuela la movilidad social estuviera en la cultura; como si el clasismo fuera cuestión de las minorías: acá el chofer es el confidente del jefe y la empleada del servicio, un pilar en las familias de clase media.
No hay sueldo ni vestimenta ni buenos modales que estén por encima de un saludo, de una broma que democratice las relaciones: que ponga a un mototaxista en el mismo rango de un ministro; que archive, rápidamente, el trato de “usted”; que inspire, en cuestión de segundos, decirle “mi amor”, “mi cielo” o “papito” a un desconocido.
Venezuela vive en un raro estado de paciencia, de tolerancia. La impuntualidad es permitida.
Del país me llevó las sonrisas.
Algunos venezolanos dicen que ese estado de constante regocijo, de no tomarse nada en serio, es lo que “tiene a este país jodido”.
Pero para mí es una enseñanza de que no hay preocupación que arregle los problemas, esa gran solidaridad no la veo en ningún lado de la desarrollada Londres ni de mi Europa allí ni las familias se ven en su mayoría…
Ser feliz es gratis, aprendí de los venezolanos.
“Por mucho que la arepa este cara”