Venezuela?… Trasfondo de la segunda Guerra Fría.


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P0r: @FernandoMiresOI

 Dos temas han dominado la prensa mundial durante los últimos días. Uno: el reconocimiento de Estados Unidos a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, seguido por el ultimátum de las naciones europeas a Nicolás Maduro para que muestre disposición a convocar nuevas elecciones. Dos: la ruptura del acuerdo nuclear entre EEUU y Rusia. Los dos temas tienen un solo destinatario: Vladimir Putin. Razón más que suficiente para que la mayoría de los comentaristas políticos norteamericanos y europeos hubieran comenzado a hablar de “La Nueva Guerra Fría”.

“Nueva Guerra Fría”: Como titular de periódico es bueno. Como expresión de una nueva realidad política internacional, tal vez. La llamada Guerra Fría -término inventado por el escritor George Orwell en 1946- fue una confrontación indirecta entre dos grandes potencias mundiales. Pero Rusia es hoy solo una potencia regional (Obama dixit) aunque con pretensiones de erigirse en sucesora de esa potencia mundial formada por la URSS y sus aliados. Es lo que justamente quiere evitar -en continuidad con la política Obama- la administración Trump. Parece ser también la filosofía que inspiró a Trump a romper el día 01.02-2019 con el así llamado Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF, por sus siglas en inglés).

El término “alcance intermedio” juega un rol fundamental. Estados Unidos dispone de zonas europeas para realizar operaciones de alcance intermedio y hará lo imposible para que Putin no intente crearlas en sus cercanías, es decir, en América Latina. A partir de esa situación se explica el interés de Putin por cultivar amistad con las “tres dictaduras”: Cuba, Nicaragua y Venezuela y, a su vez, el interés de Trump para que Putin saque lo más pronto posible sus manos de América Latina.

La posición de Trump frente al tema venezolano tiene por lo tanto muy poco que ver con la tragedia que vive Venezuela bajo la férula de Maduro. Lo que más interesa a Trump es advertir a su colega Putin que los propósitos orientados a expandir su radio de acción geopolítica tienen límites. Dicha posición cuadra perfectamente con la premisa sentada en el pasado reciente por Henry Kissinger: “Ninguna Cuba más en América Latina”. Si Kissinger alentó la instalación de crueles dictaduras militares en el cono sur a fin de detener al “comunismo”, hoy Trump levanta su mano en contra de Putin y también mueve negativamente el dedo: “Aquí no, tú. Todavía mantenemos nuestras zonas de influencias. Con ellas no te metas Vladimir”.

Trump ha tenido hasta ahora un comportamiento respetuoso hacia Putin. Mucho más que hacia Angela Merkel, para poner un ejemplo. Retiró incluso sus tropas de Siria cediéndosela amablemente a Putin, aceptando que ese espacio le corresponde al autócrata ruso por derecho propio al haber “pacificado” sangrientamente al país y convertido al tirano Bashar al- Asad en su empleado personal. El problema es que durante la implementación de esas decisiones bilaterales, Trump no se dignó a hacer la menor consulta a sus ex aliados de Europa. Fiel a su creencia de que solo él debe velar por los destinos de América, pasó por alto el hecho de que Rusia es el principal adversario de la UE, el que alienta ultraderechas y ultraizquierdas para desestabilizar a sus gobiernos, el que espera el primer resquicio para recuperar posiciones perdidas por la ex URSS en Ucrania y probablemente en los países bálticos. En ese marco hay que ubicar la ruptura de los convenios relativos al armamento nuclear.

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Se juntan los factores que atentan contra el gobierno de Maduro


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Al igual que el ejemplo de dos países latinoamericanos que vivieron bajo esquemas populistas-autoritarios, Argentina y Chile, que entraron en una fase declinante, agónica y muy acelerada al final, Venezuela ensaya políticas y decisiones reiterativas que indican el fin de un camino nada acertado para la salida de una crisis ya estructural.

La Argentina en manos tanto de militares y del peronismo, es tal vez el más elocuente ejemplo en eventos cascada. Juan Domingo Perón lo vivió en carne propia en los años 50: la inflación, la balanza comercial desfavorable y los programas de bienestar social habían agotado el erario público produciendo una gran tensión económica.

Las políticas salariales, parecidas a las de Nicolás Maduro, desanimaban la inversión extranjera. Las huelgas de los obreros exigían constantes aumentos salariales. Posteriormente, entre 1970 y 1980, los militares sin preparación gerencial, encontraron como salida única jugar y abusar de la impresión inorgánica de dinero.

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Dejan Morir La Democracia en América Latina?


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América Latina vive una época de pesimismo democrático. Las malas noticias parecen multiplicarse: el colapso de toda semblanza de democracia en Venezuela y Nicaragua, el ascenso de un candidato fascistoide en Brasil, la interminable carnicería desatada por el crimen organizado en México, la larga lista de expresidentes latinoamericanos procesados, prófugos o presos por casos de corrupción.

No por casualidad, según cifras de Latinobarómetro, el apoyo a la democracia en la región ha perdido ocho puntos en menos de diez años: de 61 por ciento en 2010 a 53 por ciento en 2017. Al mismo tiempo, la proporción de quienes se declaran indiferentes entre un régimen democrático y uno no democrático ha subido nueve puntos en el mismo periodo: ahora es una cuarta parte de la población.

Es tiempo de prender luces de alarma, pero también de combatir el catastrofismo retórico prevaleciente, que alberga peligros reales. La percepción de que nuestras democracias son incapaces de construir sociedades mejores, embustes diseñados para proteger a los poderosos, puede conducir a desahuciarlas sin mayor ceremonia. Eso sería trágico, además de injusto. Así como decía Mark Twain sobre la música de Wagner, la democracia en América Latina es mejor de lo que suena.

 

               Los Cabos, un destino generoso y aventurero

Cabe empezar por lo más obvio: ya nadie cuestiona hoy en la región la vía electoral como la única legítima para acceder al poder. La transformación de las Farc en partido político clausura un largo ciclo de experiencias insurreccionales y de devaluación de las instituciones democrático-liberales por una parte considerable de la izquierda latinoamericana. Lo que aprendieron los guerrilleros, lo aprendieron también los generales. Como lo ha advertido el expresidente brasileño Fernando Henrique Cardoso: en medio de la grave crisis política de Brasil todos se preguntan qué harán los jueces, no los generales. Eso es progreso. Como progreso es que —con las excepciones de países en estado crítico, como Venezuela—, el fraude electoral puro y duro se ha convertido en una rareza en América Latina.

Lo que ocurre en el ámbito electoral de la democracia, se aplica también al acceso y al ejercicio de derechos económicos y sociales. En las últimas dos décadas, la región ha hecho avances notables en elevar los niveles de desarrollo humano. El estancamiento de los últimos tres años no debe hacernos olvidar que la pobreza en América Latina se ha reducido 18 puntos porcentuales desde 1990 o que la pobreza extrema hoy es menos de la mitad de lo que era en la década de los noventa. También ha caído la desigualdad: en diecisiete de los dieciocho países de la región hay un descenso del coeficiente de Gini en la última década. Tras ese progreso social ciertamente hay crecimiento económico, hoy menos visible que hace un lustro, pero también hay decisiones de política pública, como el aumento significativo de la inversión social. En 1990 esta última equivalía, como promedio, al 9 por ciento del PIB; hoy es casi el 15 por ciento.

La consolidación de la democracia electoral y la aceleración del progreso social son procesos que van ligados. La región avanza en la dirección correcta en el plano social porque la democracia, aunque con enormes imperfecciones, está haciendo su trabajo de permitir la participación y la representación de intereses antes excluidos y, en consecuencia, de reducir las disparidades socioeconómicas. La distribución de poder político que permite la democracia electoral termina por manifestarse en progreso social.

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Imperdible!… De lectura Obligatoria. Derrumbe del comunismo en América Latina


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Un líder guerrillero de la izquierda radical salvadoreña enjuicia el derrumbe del comunismo en América Latina

El chavismo asesinó a la gallina de los huevos de oro, los subsidios al izquierdismo se acabaron y lo que estamos viendo ahora son los efectos. El dinero que sostenía al Gobierno de Nicaragua se terminó y por eso estalló el conflicto actual

La tragedia venezolana no tiene precedentes en Latinoamérica. Algunos consideran que Venezuela puede convertirse en otra Cuba, pero lo más probable es que Cuba acabe pronto convertida en otra Venezuela. Estamos frente a la repetición del efecto dominó que derrumbó a los regímenes del campo socialista en Europa Oriental, cuando hizo implosión la economía soviética. Las relaciones económicas entre estos Gobiernos funcionaban bajo lo que se conocía como Consejo Económico de Ayuda Mutua (CAME). Fidel Castro copió el CAME y se inventó la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA) para salvar su régimen con el petróleo venezolano. La implosión económica de Venezuela ha desatado un efecto dominó que pone en jaque a los regímenes de Nicaragua y Cuba y a toda la extrema izquierda continental.

Las economías de los ocho regímenes de Europa del Este y Cuba sobrevivían por el subsidio petrolero y económico soviético. Cuando este terminó, los países comunistas europeos colapsaron a pesar de contar con poderosas fuerzas armadas, policías y servicios de inteligencia. Cuba perdió el 85% de su intercambio comercial, su PIB cayó un 36%, la producción agrícola se redujo a la mitad y los cubanos debieron sobrevivir con la mitad del petróleo que consumían. Castro decidió “resistir” con lo que llamó “periodo especial” para evitar que la hambruna terminara en estallido social. En esas circunstancias apareció el subsidio petrolero venezolano que salvó al socialismo cubano del colapso. El dinero venezolano, a través de ALBA, construyó una extensa defensa geopolítica, financió a Unasur, a los países del Caribe y a Gobiernos y grupos de izquierda en Nicaragua, Ecuador, El Salvador, Honduras, Chile, Argentina, Bolivia y España.

Pero, como era previsible, la economía venezolana terminó en un desastre, resultado de haber expropiado más de 700 empresas y cerrado otras 500.000 por efecto de los controles que impuso al mercado. El chavismo destruyó la planta productiva y perdió a la clase empresarial, gerencial y tecnocrática del país. Este desastre terminó alcanzando al petróleo, con la paradoja de que ahora que los precios subieron, la producción se ha derrumbado porque Pdvsa quebró al quedarse sin gerentes y técnicos. El chavismo asesinó a la gallina de los huevos de oro, los subsidios al izquierdismo se acabaron y lo que estamos viendo ahora son los efectos. Más de 3.000 millones de dólares venezolanos parieron la autocracia nicaragüense, pero, cuando el subsidio terminó, el Gobierno intentó un ajuste estructural y estalló el actual conflicto. En mayo de este año Venezuela ¡compró petróleo extranjero! para seguir sosteniendo al régimen cubano.

La economía global está totalmente regida por relaciones capitalistas. La idea de que Rusia y China pueden ser la salvación es un sueño. Rusia es un país pobre con una economía del tamaño de la de España, pero con tres veces más población, y China es un país rico, pero, como todo rico, mide riesgos, invierte para sacar ganancias y si presta cobra con intereses. En la economía mundial, ahora nadie regala nada; Hugo Chávez fue el último Santa Claus y eso se acabó. No hay quien subsidie ni a Venezuela, ni a Cuba ni a Nicaragua. Quizás encuentren apoyos diplomáticos, pero lo que necesitan para no derrumbarse es dinero regalado no diplomacia compasiva.

La consigna para la economía cubana no es socialismo o muerte, sino capitalismo o muerte.

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La Instancias Internacionales Tienen Suficientes Pruebas de los Crímenes de Lesa Humanidad Contra el Pueblo Venezolano. El no actuar a favor de Venezuela los hace cómplices.


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 El informe de un grupo de expertos designado por el secretario general de la OEA, Luis Almagro, concluyó hoy que el Gobierno de Nicolás Maduro ha cometido delitos de lesa humanidad, y por tanto, existe base legal para denunciarlo ante la Corte Penal Internacional (CPI).

En su informe, de 400 páginas y presentado hoy, el panel de expertos aseguró que existe “fundamento suficiente” para concluir que se cometieron crímenes de lesa humanidad en Venezuela.

En una rueda de prensa en la sede de la OEA en Washington, Cantón aseguró que en Venezuela se han llevado a cabo 131 ejecuciones extrajudiciales, cometidas por las fuerzas de seguridad del Estado o por los llamados “colectivos”, ciudadanos que supuestamente se coordinan con las autoridades para reprimir manifestaciones.

El experto aseguró que el informe recoge denuncias de 8.000 homicidios, 12.000 personas detenidas arbitrariamente en los últimos dos años, 289 alegaciones de tortura y 192 casos de violencia sexual contra hombres y mujeres, que llegaron a sufrir “descargas eléctricas en sus genitales”.

Amén de las muertes por desnutrición, inexistencia de medicamentos y la no aceptar la ayuda humanitaria.

La OEA como institución no tiene capacidad para enviar un caso a la Corte Penal Internacional, con sede en La Haya, pero sí pueden hacerlo cualquiera de los 28 Estados miembros del organismo panamericano que han suscrito el Estatuto de Roma, el tratado fundacional de esa corte.

Si ningún país diera ese paso, y hasta ahora ninguno ha mostrado voluntad de hacerlo, Almagro podría enviar a título personal la información a la Corte Penal Internacional, como ya han hecho senadores de Colombia, Chile, Perú y Argentina, así como la exfiscal venezolana Luisa Ortega Díaz.

La diferencia radica en que, si un Estado denuncia a los miembros del Gobierno de Venezuela ante la CPI, la Oficina del Fiscal debe abrir una investigación de manera automática; mientras que, si lo hace un individuo (en este caso Almagro), la Fiscalía debe recibir la autorización previa de un grupo de jueces.

“Solo puede haber justicia si se juzga a los más altos responsables”, afirmó hoy Almagro, que intervino al comienzo de la rueda de prensa en la sede de la OEA.

La idea de investigar a Venezuela nació después de que Almagro presentara en julio de 2017 su tercer informe sobre el país, en el que alertaba de posibles crímenes de lesa humanidad.

De esa forma, en julio de 2017, Almagro eligió a Luis Moreno Ocampo, primer fiscal jefe de la CPI (2003-2012), para que iniciara una investigación sobre Venezuela.

Ocampo abandonó esa investigación en octubre de 2017 y las pesquisas cayeron en manos de un panel de expertos, compuesto por Cantón, Manuel Ventura Robles, exjuez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, e Irwin Cotler, exministro de Justicia de Canadá.

La CPI tiene competencias para juzgar los crímenes contra la humanidad cometidos en Venezuela.

Venezuela después de Maduro


 

Nadie sabe cuándo o cómo caerá la dictadura de Venezuela. Al cierre de este número, el país se estaba preparando para las elecciones del 20 de mayo que casi nadie esperaba fueran libres o justas. Con la mayoría de los candidatos de la oposición efectivamente prohibidos, sin observadores electorales internacionales creíbles y casi todos los medios independientes silenciados, casi la mitad de los venezolanos decían a los encuestadores que no planeaban votar en absoluto. La otra dictadura del hemisferio, Cuba, muestra cómo los líderes opresivos pueden aguantar durante décadas más de lo que nadie esperaba. El régimen de Nicolás Maduro ha mostrado voluntad de encarcelar o incluso matar a sus oponentes. Sin embargo, no está claro si un gobierno puede resistir el hambre, la hiperinflación y la violencia del tipo que se ve en Venezuela. El final podría venir en 20 años; también podría venir mañana. Como resultado, esto está claro: Ahora es el momento de que Venezuela y el mundo planeen lo que vendrá después. Volver a unir al país requerirá un esfuerzo nacional e internacional audaz y cuidadosamente calibrado. Veinte años de chavismo han destruido la economía y lo que alguna vez fue una de las democracias más vibrantes de América Latina. Los sistemas de salud, educación y judiciales también están destrozados. Venezuela necesitará un conjunto diverso de personas con habilidades de liderazgo y, lo que es igual de importante, una visión realista de lo que es posible.

En ese frente, hay buenas noticias. Este número de AQ describe a 10 personas que creemos que serán clave para la reconstrucción de Venezuela. Incluyen un experto en ayuda humanitaria, un famoso músico y un pequeño empresario. Tomados en conjunto, son testimonio del capital humano extraordinario a disposición de Venezuela cuando finalmente surgen las circunstancias correctas. Sus experiencias, ideas y propuestas proporcionan una rica hoja de ruta para la recuperación. Hemos llegado intencionalmente más allá de algunos de los sospechosos habituales para centrarnos en una nueva generación. Al igual que la mayoría de las personas en un país con una edad media de solo 27 años, ha vivido la mayor parte de su vida adulta bajo el chavismo. Comprenden completamente sus horrores, pero también se dan cuenta de que la mayoría de la sociedad venezolana alguna vez apoyó sus objetivos. Lo que viene a continuación no puede basarse únicamente en los modelos ideales de los economistas pro empresarial, o en un intento fallido de restaurar la Venezuela de los años noventa. Nuestra lista incluye un líder extranjero, Xi Jinping de China, con una convincente explicación de por qué.

Y un grupo de venezolanos, entre ellas a Smolansky, que consideran perfiles necesarios para reconstruir el país. Salen también Lorenzo Mendoza, Susana Raffalli (nutricionista), Alfredo Romero… Entre otros.

Sin embargo, la realidad es que arreglar a Venezuela requerirá una enorme franja de la comunidad internacional, incluyendo el resto de América Latina, los Estados Unidos y las instituciones multilaterales, armados con decenas de miles de millones de dólares, una planificación sobria y una capacidad para moverse rápidamente. Sería genial, por supuesto, si el gobierno actual de Venezuela considerara algunas de estas propuestas para aliviar el sufrimiento de su pueblo. Pero lamentablemente, toda evidencia sugiere que la recuperación tendrá que esperar hasta después de Maduro. Cuando ese día llegue.

Brian Winter

Editor en jefe, Americas Quarterly