Un Lento Y Feroz Comienzo


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Será un lento y feroz comienzo. Lento por lo eterno que todavía es.

Feroz por todo lo que hay en el camino, dilapidado, roto, exánime. Por la gravedad de las heridas, por la cantidad de escombros, por la cólera que hay untada en las paredes. Un comienzo del tamaño de un día, de un año, de una generación. Ya no importa la dimensión. Importa que ocurra. Ya los venezolanos no pueden tener otra cara más honda que la desesperación. Es tiempo de resolver las estridencias. Hemos sido un atajo de errores. Un país equivocado. ¿Qué país no ha sido un error alguna vez? Hay errores que han costado seis millones de cadáveres. Hay errores que patean la historia y la rompen en dos. Nosotros también. Somos un error de la talla de los caudillos elegidos: enfermos de gloria y ego, intoxicados de resentimiento, frenéticos, deslucidos en su hacer. Somos un error tercermundista, con soluciones frágiles, inciertas y cambiantes. Pero debemos intentarlo otra vez. Ser mejores que nuestro último error. Ser enmienda. Rectificación. De eso nos va la vida hoy.

Ya basta de escaldar nuestras lesiones con tanta saña, de desgastarnos hablando mal de nosotros mismos, enumerando nuestras miserias a voz en cuello, en televisión, en los restaurantes, en las colas de la farmacia o el supermercado. No aguardemos la foto unánime y feliz de nuestros dirigentes. La oposición entera no cabe en el ángulo de una cámara. La oposición son muchas caras, mucha gente, muchos lugares del país. Todo ciudadano de bien se opone a este paisaje de ruina que hoy somos. Todo obrero, maestro, vecino, artista, oficinista, ama de casa o estudiante se opone a  este cataclismo, a esta zona de guerra, a este punzante saqueo de nuestras arcas. Todo venezolano decente se opone a tanto agobio y sordidez. Todo venezolano cuerdo rechaza un nuevo triunfo de la incompetencia. Hoy, ¿quién lo duda?, legiones de simpatizantes del chavismo están alarmados ante este naufragio monumental.

No esperemos por la aparición del hombre predestinado, del esclarecido que sacudirá a las masas como un flautista de Hamelín en clave de música latina. No dependamos de la llegada de una docena de expertos en campañas electorales, ni de la condena planetaria al régimen. No aguardemos por un futuro premio Nobel que invocará la perfecta estrategia de la redención nacional. Nuestro caos nos pertenece. Entre todos lo hemos hecho prosperar. Con la rapiña y ambición del régimen, con la desidia e impericia de muchos de nosotros. Por eso, entre todos toca remediarlo.

Y ya no importa si a algunos no les gusta la vehemencia de Chuo Torrealba, los arcaísmos de Ramos Allup o la intensidad de María Corina Machado en el flanco de la oposición. No se trata de seguir condenando a Henrique Capriles por lo que hizo o dejó de hacer o a Leopoldo López por la salida a la calle o la entrada a la cárcel. No importa si entre ellos existen desencuentros o apetencias propias. Ni si algunos son poco creativos o asertivos. No interesa ya si no nos entusiasma cómo habla uno o grita el otro. En todo caso, y he aquí el oro, son gente que cree en la alternancia y el disenso. Gente que propone otra forma de vida. Donde el mérito es un valor. Donde el conocimiento importa más que el color de la camisa que vistas. Donde la tolerancia se impone sobre los dogmas. Donde la libertad no es solo un sustantivo que calza en un himno. No interesa ya si este se ha dormido o aquel comete deslices. No importa si alguno suena a reliquia del pasado, a eslogan de derecha, a guerrillero arrepentido, a tecnócrata sin carisma. Importa que son ciudadanos fuera de un cuartel o de una trasnochada ideología (que termina también siendo un cuartel). No importa si señalan la luz en bosques distintos. Lo crucial es que creen en la luz. Y que cada día optan por apostar, no por claudicar. Nuestros líderes están plagados de defectos, como nosotros, como nuestras parejas o amigos. Pero se trata de que nos encontramos en estado de emergencia nacional. O nos salvamos o nos hundimos todos.

Será un lento y feroz comienzo cuando por fin el noticiero, exhausto de su vaho eterno de malas noticias, de su olor a formol y granada, asome una noticia distinta a la de estos últimos 17 años. Una noticia que hable de una nueva oportunidad. Y el camarógrafo triste por la tristeza de todos los días será otro en su mirada. Y el redactor, y la productora, y los televidentes, la doméstica de pies hinchados, el ejecutivo expropiado, el maestro de ruinoso sueldo, el bachiller sin útiles, el mecánico sin repuestos, el médico sin insumos, en fin, todos, qué digo todos, el país entero, agotado en su aliento de animal herido, cansado de sus muertos, de la quejumbre, de las colas y la miseria y el arroz que no hay, que otra vez no llegó, que quizás mañana o tal vez más nunca,  y de la voz en cadena que recita mentiras, que decreta una felicidad imposible, un olor a rosas que no están, un mar que ya no es la utopía, sino una estafa más, como esta turbia historia de militares enriquecidos, de gente yéndose de donde no quiere irse, de gente agazapada detrás de sus puertas, con miedo a la vida porque ahora huele a muerte, de gente que ahora es menos, que ahora tiene un presente donde no cabe el futuro, de gente tensa hasta romperse, de gente que antes sonreía en sus pasillos de cerveza y salsa brava, de gente que no sabe dónde poner la esperanza, de gente que sencillamente no sabe y ya, que eso es mucho, de tan vacío, de tan desierto, gente que se está cansando de ser gente. Todos, sentirán la noticia de una nueva oportunidad.

Será un lento y feroz comienzo cuando todo lo que es empiece a no ser, cuando las marchas y las consignas galácticas se evaporen en el clima de una nueva multitud, cuando las amenazas y el oprobio se conviertan en afonía, cuando los carceleros renuncien a su faena, cuando las rotativas abandonen su ruido de mulo domesticado, cuando el odio se vaya volviendo humo y derrota.

Pero para eso habrá que registrar los rincones del país, atizar al perezoso, seducir al indiferente, convocar a los descreídos, a los indecisos, abrazar al decepcionado, insistir con el reticente y convertirnos todos en una tormenta inacabable de votos en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de este pavoroso 2015. Convertirnos en protagonistas de nuestro derecho a volver a ser un país.

Habrá que inventar la mañana. Habrá que hacer el mismo gesto y convertir a la sonrisa en un ejército de ocupación. Habrá que dejarse de silencios y miedos. Y así todas las puertas se abrirán de par en par. Y la vecina bailará sin música, y estremecerá sus ventanas, y todo aquel en la calle, en la orilla, en la calzada, será un gesto de bienvenida y euforia. Habrá que hacer una canción urgente, una melodía de recién llegados, y apurar un tren que aún no existe, un pasillo grande para el regreso grande de los que alguna vez fueron adiós.

Será un lento y feroz comienzo cuando la niña que tose y la mujer que desanda la farmacia y la urgencia, y el padre colérico, expulsen un grito de fin de la pesadilla, y se toparán con una plaza habitada por abrazos de los que ya no había. Y cada quien,  lustroso en la alegría repentina, sudoroso a fiesta que se acerca, voluminoso en la sonrisa, asomado en sus propios ojos, dirá que todo pasó, que el huracán fue un mal rato de casi dos décadas, que la vida se estrena otra vez.

Será un lento y feroz comienzo de diciembre. Lento por la larga cuenta regresiva que ya somos. Feroz por todos los obstáculos que tropezaremos. Será un día preciso. Está allí. Afuera. Se le puede señalar con el índice. Ese día es nuestro. Nadie nos lo va a quitar. Será apenas el comienzo. No la resurrección de los justos. No la multiplicación de los panes y las harinas y el café. No el acto final del odio. No la paz conclusiva. No la ultima marea. Será solo eso: el comienzo. Lo que necesitamos con urgencia. Un comienzo. Así sea duro, largo y difícil. Para dejar de ser un país fallido. Un territorio que no funciona para vivir.

Un comienzo. Nuestro comienzo. Lento, feroz y absolutamente posible.

Leonardo Padrón

“Lo que Maduro ya no puede ocultar” … Ya todo está dicho


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Por Marta Colomina

Si la terrible realidad y el ansia de libertad no fueran más fuertes que la represión y las mentiras de la hegemonía comunicacional, no habría caído dictadura alguna en el mundo. Y han caído muchas gracias al coraje de sus pueblos hartos de engaños, injusticia, pobreza, corrupción, violencia e incapacidad de sus gobernantes.

Las últimas encuestas (Keller y otros) registran un enorme deslave del apoyo popular a Maduro, acelerado por la inseguridad y violencia desatadas; insufrible escasez de alimentos, medicinas y de todo lo necesario para una vida digna; y la inminencia de otro estallido inflacionario por la brutal devaluación del 722% del Sicad II, que coloca el salario mínimo en apenas 60 dólares mensuales. Una mirada a nuestro sector productivo, salud, educación, seguridad, vivienda y servicios, nos muestra un país en ruinas, empobrecido y endeudado a pesar de haber ingresado en estos 15 años muchos más recursos que en los 40 años anteriores. El más del $ millón de millones recibidos por el régimen, fueron derrochados en alimentar “revoluciones” del continente; en regaladera (17 de los 22 países que no permitieron a María Corina hablar en la OEA reciben de Venezuela petróleo barato y hasta regalado, y de muchos de ellos importamos alimentos y otros bienes que ya no producimos). Se dilapidaron también en armas, corrupción (las fortunas de los boliburgueses están “guindando” ahora en EEUU) y en clientelismo electoral, no en erradicar la pobreza, pues está claro que la revolución necesita pobres eternos.

Las acusaciones de Maduro al “Imperio” y a la “derecha fascista” de una inventada “guerra económica” ya no las creen ni los chavistas. Según la encuesta Keller 64% cree que Maduro perdió el rumbo y es el culpable de la escasez; 54% que está controlado desde Cuba por los Castro; 62% cree que habrá un colapso general y 63% no descarta un estallido social. Con las sucesivas devaluaciones del bolívar, Maduro devaluó también al chavismo: 60% prefiere un gobierno democrático y 35%, uno revolucionario. No ha podido acabar con las protestas estudiantiles, a pesar de las tanquetas, de los millones de bombas lacrimógenas y perdigones, y de la alianza delictiva entre la GN y los motorizados criminales que financia su gobierno. Se comprobó de nuevo esta semana en el asalto a las urbanizaciones La Trinidad y Palaima de Maracaibo, donde sus grupos terroristas, protegidos por la GNB, quemaron vehículos; violentaron numerosas viviendas, robaron todo lo que encontraron a su paso y hasta intentaron violar a varias jóvenes.

El mundo está convencido de que Maduro ha devenido en dictador que viola los derechos humanos, reprime, tortura y encarcela a estudiantes por protestar y a alcaldes opositores elegidos masivamente por el pueblo los condena y despoja inconstitucionalmente de sus cargos, como hace también con la diputada Machado. Para ello cuenta con un tsj que, como dijera el valiente alcalde Ceballos, “no está compuesto por magistrados que deben atender la justicia, sino por verdugos que cumplen instrucciones de una dictadura”. Varios parlamentos mundiales, organismos internacionales y numerosas personalidades han expresado su condena.

Ni sus socios de Unasur se creyeron el cuento de la conspiración de 3 generales detenidos porque “preparaban un golpe”. Asustado porque hasta sus “panas” sureños se llevaron los videos con las torturas y represión dictatorial, Maduro se quejaba este jueves de que “la oposición no quiere diálogo (… ) tengo 5 semanas llamándolos y no vienen”. Tan falso lloriqueo es simultáneo con la vuelta de la represión militar en todo el país; con la ocurrencia del monstruoso asalto de sus grupos terroristas en Maracaibo; con la noticia de que el fugado asesino de la Sra. Urquiola es un presidiario con enorme prontuario, liberado por la Fosforito y miembro de los grupos violentos oficialistas.

“No se puede hablar de paz reprimiendo”, dice coordinador de Provea, pero Maduro sigue mintiendo mientras su lugarteniente carcelaria libera a criminales para que refuercen la cacería oficial contra las protestas; envía a la cárcel de Uribana a 14 estudiantes, recluidos desde el 12 de febrero en el Core 2; cuando vecinos del Táchira denuncian que en la residencia del gobernador Vielma se resguardan y entrenan a motorizados que siembran el terror y asaltan urbanizaciones. Y broche de oro del inefable Arreaza: crea una Comisión de DDHH integrada por represores y violadores de esos DDHH.

Nada es eterno y mucho menos el “poder” de Maduro tan asediado por la escasez, inflación, violencia, corrupción, condena mundial y la persistencia estudiantil de no cesar sus protestas hasta reconquistar la paz y la democracia perdidas.

Fuente: El Universal

Diferencia entre «Patria» y «República»… Notas de un republicano apátrida a la generación de Maya


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 Por Andrés Schafer

La palabra Patria expresa una relación de pertenencia y entrega. Es también una expresión de vasallaje: hay que someterse y amarla sin condiciones. La Patria tiene hijos, una prole que debe obediencia. Por tanto, quienes pretenden encarnarla —libertadores, generales, capitostes, comandantes y presidentes— reclaman lo propio. La palabra República es, en cambio, la expresión de las relaciones entre iguales: hombres libres. No expresa sumisión, sino el compromiso de vivir en libertad y a la vez de común acuerdo. Pero no Libertad de un opresor extranjero, sino del semejante. Libertad que implica responsabilidad plena y deberse al semejante. La República no tiene hijos, sino ciudadanos.

La Patria quiere penetrar todo: el hogar, la escuela, nuestras mentes. Exige sacrificios: esposos e hijos han de ser ofrendados en su altar. Se nos enseña a amarla (un despropósito), se nos obliga a cantar himnos, a usar uniformes, a rendir pleitesía. La República se limita a lo público. No exige que la amemos. Sólo puede enseñar valores republicanos.

En América Latina, la palabra Patria ha tenido mayor presencia que la palabra República. La sustituye, de hecho. En las guerras de independencia combatían “patriotas” y “realistas”, no “republicanos” y “realistas”. Más adelante, la Patria ha sido invariablemente la razón última para abolir la República. Porque, por definición, la Patria querrá siempre asesinar a la República.

La Patria escamotea la República a los ciudadanos estableciendo una relación clientelar: obedece y tendrás dádivas. De esta mentalidad derivan afirmaciones como que los “ideales abstractos” de libertad o democracia no “suben cerro”, aunque tampoco, sube altos, colinas ni lomas de clase alta. Porque en nuestro país ambos son territorios privados, cerrados a lo público. Y, por lo tanto, marginales. Una acumulación de marginalidades sin lugar común de encuentro: sin República. Pero hay algo: la Patria.

Desde el primer boom de los precios petroleros en los años setenta, la hybris patriótica se ha ido expandiendo, amorfa, alcanzando cada vez nuevas alturas. En relación inversa, el tejido conjuntivo de lo público se ha ido desintegrando hasta estallar con el delirio actual, de los cerros a las lomas, en millones de marginalidades dispersas en patriótica apoteosis clientelar que, al menor roce, se matan entre sí. No es en absoluto sorprendente el incremento vertiginoso del crimen, a pesar de la disminución de la desigualdad social, porque se ha establecido en el centro de los valores nacionales. Hinchados de fervor patrio, ¿tendremos vergüenza republicana?

Invocando a la Patria, se mata a la República. No-conciudadanos. Hace unos días, durante un atraco en una autopista perdida, la ameba voraz y asesina que es esta Patria arrojó su sombra mortal sobre una niña de cinco años que presenció el asesinato a sangre fría de sus padres. Es nuestro deber republicano defenderla, a ella y a los suyos, los otros niños. Y por eso basta dePatria. Todo proyecto político que intente derrotar esta Patria con valores de Patria será derrotado. Todo proyecto político que no sea el proyecto de volver a crear la República, es fútil. La ruta electoral sin el proyecto de República es clientelar y, por lo tanto, estéril. El proyecto de República exige valores republicanos. Y los valores exigen tiempo. Sobre todo donde ya no existen. Tienen que subir lomas, montes y cerros. El chavismo ha declarado mil veces ser la Patria. Quienes nos oponemos a él, ¿somos la República?

En quien creer?… Instancias Internacionales que pierden el norte apoyando un régimen que destruye un país


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Hagamos una breve relación de algunos de los más sonados casos de sobornos del “chavismo” en casi todos los rincones del globo terráqueo:

1) En octubre de 2005, antes de que se realizaran las elecciones parlamentarias en diciembre de ese mismo año, a las cuales la oposición decidió no concurrir, alegando que el CNE hacía trampas, sobornó a funcionarios de la UNESCO para que esa institución de la ONU divulgara, sin soporte alguno, que Venezuela había logrado alfabetizar a su población y que además, le hiciera entrega en su sede en París y con la mayor divulgación mediática posible, la respectiva certificación de ese logro (Triunfo del Gobierno sobre elanalfabetismo es falso dice Oposición).

2) Un mes antes de las elecciones de diciembre de 2007, donde Chávez arrasó con una abultada diferencia sobre Manuel Rosales, el gobierno sobornó a la Organización privada chilena, Latinobarómetro, para que en sus estudios sobre la percepción de los pueblos latinoamericanos en temas sociales, de desarrollo económico y políticos de los países de la región, dijera estas falsedades:

“¿Calificaría usted como “muy buena o más buena” la situación actual general del país?, Venezuela ocupa el primer lugar con el 52% y le siguen en orden descendente y bien distantes, Brasil con el 26%, Ecuador con el 26%, Chile con el 25%, Uruguay con el 23%, Colombia con el 20%, México con el 16% y Perú con el 8% y en cuanto a la situación futura general, de nuevo nuestro país ocupa el primer lugar con el 60% y le siguen con una diferencia enorme, Uruguay: 37%, Bolivia: 36%, Brasil: 35%, República Dominicana: 34%, Colombia: 31%, Chile: 27% , México: 26% y Perú con el 21%.

Ante la interrogante de si cree que es “muy justa y justa” la distribución del ingreso en el país, Venezuela se destaca en el primer lugar con el 55%, seguido con un diferencial significativo de Brasil con el 30%, Costa Rica: 29%, Nicaragua: 28%, México: 24%, Ecuador: 22%, Uruguay: 19%, Colombia: 17%, Brasil: 13%, Argentina: 10%, Chile: 10% y Perú: 8%.” (hacer clic o copiar y pegar: Cifras de Latinobarómetro 2007 – Por: Iván Oliver Rugeles – Aporrea).

3) En el 2009, cuatro días antes de que se realizara el referéndum (15 de febrero) para enmendar la Constitución a los fines de que permitiera la reelección en los cargos de elección popular, cuyos resultados le dieron un abrumador triunfo al chavismo, la CEPAL, por boca de su Secretaria General, Alicia Bárcenas, corroboró en entrevista que le dio a CNN el 11 de febrero de ese año, lo que el propio Presidente Chávez le había informado al país semanas antes, que Venezuela ocupaba, para ese momento, el primer lugar de los países de América Latina que habían logrado reducir la iniquidad, de donde se hace obvio inferir que para que ello sucediera el gobierno sobornó a esa dama con un cuantiosa cifra de dólares, la cual quizás que no se la entregaron a directamente ella, sino a otro u otros altos funcionarios de su “staff” en el organismo mundial (hacer clic o copiar y pegar: Entrevista de CNN a Alicia BárcenaProgresos en Venezuela según …).

Y más recientemente, en lo que va del año, el chavismo ha resuelto agregarle mayor audacia a su política de sobornos para vender a un país “irreal”, por lo que sigamos viendo el recuento de otros de la misma catadura:

4) ¡Imagínense…! logró comprar, seguramente con sumas abultadas de dinero, cuyos montos se mantienen en la mayor reserva, a todos y cada uno de los Presidentes de los países de Suramérica, cuando logró que ellos en la UNASUR, por unanimidad, reconocieran el triunfo de Nicolás Maduro (hacer clic o copiar y pegar estas dos páginas de la web: a) La Unasur saluda triunfo de Maduro a pesar de la denuncia de un … y b) Maduroasumirá la presidencia sin ser reconocido por la oposición).

5) Y ahora, ¡oh, sorpresa!, jamás íbamos a imaginar que su intrepidez llegara a tanto, como es el haber sobornado no solamente a Lula Da Silva, ex presidente del Brasil sino quien sabe a cuantos altos funcionarios de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO por sus siglas en inglés), así como de las mismas Naciones Unidas (ONU), para que reconocieran a Venezuela como uno de los muy pocos países del mundo que habían derrotado el hambre, cumpliendo así con las metas del milenio (se sorprenderá de cómo reaccionó la derecha ante premio que la fao), sino que llegó a los increíbles extremos de pagarle al Banco del Vaticano, según información ultra secreta que logró ser interferida por esos órganos de la inteligencia opositora, una inmensa fortuna que no supo precisar su cuantía, para que el Santo Padre, el Papa Francisco, recibiera en audiencia especial a Nicolás Maduro, en su condición de Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y,

6) Para no extendernos demasiado, pues con los casos ya reseñados creemos que son suficientes como para que se recurra a La Haya y se demande a esta banda de facinerosos que gobierna Venezuela, de manera que reciban una dura sanción por conductas tan bochornosas, de pasada veamos estos últimos que estamos recordando y igualmente  impactan por su descaro a cualquiera. El primero, el soborno que de nuevo hubo que pagarle a funcionarios de la UNESCO para que el organismo dijera en el año 2010 la gran mentira de que nuestro país es el quinto en el mundo en matrícula universitaria y segundo en América Latina, después de Cuba (UnescoVenezuela es el segundo país de América Latina con …) y el otro, el pagado a la Universidad de Columbia (Nueva York), para que divulgara un estudio (junio/2012) que hizo y que dio como resultado que nuestro país es el segundo más feliz de la Latinoamérica y ocupa el lugar 19 en el tema en el globo terráqueo (Venezuela es el 2° país más feliz de Latinoamérica | Últimas Noticias).

¡Qué bueno que la MUD esté vigilante frente a estas viles maniobras de los chavistas intentado desvirtuar con ellas la trágica realidad que vivimos los venezolanos y que ha hecho que el país esté a punto de irse por el abismo…!

Iván Oliver Rugeles para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.

La apuesta


Cuando llegue el momento de comenzar a reconstruir Venezuela,

que está por cierto acercándose, momento en el que de paso tendremos que aprovechar para fajarnos porque el país empiece a ser todo lo bueno que debería ser, habrá que hacer una apuesta personal. No la harán todos, porque hay que gente que nunca pondrá de su parte. Pero definitivamente muchos de nosotros tendremos que pasar del deseo a la propuesta y de la propuesta a la acción. Tendremos que hacer un abono cotidiano e individual porque las cosas sean mejores, aunque al principio no veamos un resultado de eso, nadie nos lo agradezca y una voz interior nos diga que todos los demás están comportándose como si lo colectivo no valiera la pena.

Es una cosa de tener fe, o mejor dicho de invertir en fe. Digo que hay que invertir en ella porque es como cuando se quiere montar un negocio: uno no puede tener la certeza sobre si le va a ir bien o no, pero se arriesga con esos reales porque sabe que sin ellos el proyecto nunca podría arrancar. Lo mismo pasa con la vida en este país. Hay que hacer una inversión de confianza. Sobre todo, de confianza en los demás. Moderada, cautelosa, está bien, pero más confianza que la que hoy tenemos.

Ésta es una sociedad de bajísima confianza. Hay que mejorar eso, y mucho. Esa desconfianza paraliza o inhibe que se hagan cosas pensando en el largo plazo y genera numerosos costos y obstáculos. El Estado desconfía de la población, la población del Estado, los padres de los hijos, las esposas de los esposos. Cunde la sospecha entre los compañeros de trabajo o de estudio, el «yo no quiero tener problemas contigo así que no te me acerques», el «a mí el que me busca me encuentra».

Una sociedad a la defensiva difícilmente puede progresar. Y no es que no haya razones para estar alerta, pero hay que bajar las defensas para poder mirar alrededor. Con los sentidos acorazados y las armas en ristre no se puede convivir.

Esa apuesta implicará, en ciertas ocasiones, dar un paso atrás. Cortar la espiral del insulto, la espiral de la agresión, la que se forma cuando uno responde al otro y éste a su vez debe superar la nueva afrenta con una peor, hasta que desaparece toda posibilidad de diálogo y sólo queda el combate. Acallar a última hora esa injuria que nos provoca soltarle al motorizado o al empleado del banco. Desactivar la bomba de tiempo que se nos despierta por dentro cuando creemos ver una provocación. Esto no es un campo de batalla, aunque a veces lo parezca. Es un país.

También tiene que ver con cumplir las normas, porque muchas veces no lo hacemos porque asumimos que más nadie lo hará y no queremos ser el único bolsa que se porta bien. Pero bueno, para reactivar los valores de la vida en común habrá que ser, ni modo, el único bolsa que se porta bien. Si los demás se saltan la luz del semáforo, no lo hagas tú.

Si los demás no dicen buenos días cuando entran al ascensor, hazlo tú. En eso consiste esa inversión: pon lo tuyo y trabaja. Con toda seguridad, seguirá habiendo gente que pretenda vivir del esfuerzo de los demás. Pero quien es decente ­¿se acuerdan de ese valor, la decencia?­ hace lo que considera correcto al margen de lo que decidan los demás.

Mientras más venezolanos hagan esa inversión, mientras más de nosotros nos atrevamos con esa apuesta, más rápido mejorará el ambiente de crispación y de agresividad en el que nos hemos acostumbrado a sobrevivir.

 

                Rafael Osío Cabrices

Ilustración Idana Rodríguez

Qué es un Jefe y qué un Líder


Existen diferencias entre ser un jefe y ser un líder, entre ellas:

Para el Jefe, la autoridad es un privilegio de mando y para el Líder un privilegio de Servicio.

El Jefe ordena: “Aquí mando yo”, el Líder: “Aquí sirvo yo”.

El jefe empuja al grupo y el Líder va al frente comprometiéndose con sus acciones.

El Jefe existe por la autoridad, el Líder por la buena voluntad.

El Jefe necesita imponerse con argumentos extensos, el Líder con ejemplos entrañables.

El Jefe inspira miedo, se le teme, se le sonríe de frente y se le critica de espalda.

El Líder inspira confianza, da poder a su gente, los entusiasma y cuando está presente, fortalece al grupo.

Si temes a tu superior, es Jefe.

Si lo amas es un Líder.

El Jefe busca al culpable cuando hay un error.

El que la hace la paga.

Sanciona, castiga, reprende, cree arreglar el mundo con un grito o con una infracción.

El Líder jamás apaga una llama encendida, corrige pero comprende, no busca las fallas por placer, sino para rehabilitar al caído.

El Jefe asigna los deberes, ordena a cada quien lo que tiene que hacer, mientras contempla desde su lugar cómo se le obedece.

El Líder da el ejemplo, trabaja con y como los demás, es congruente con su pensar, decir y actuar.

El Jefe hace del trabajo una carga, el Líder un privilegio.

Los que tienen un Líder, pueden cansarse más no fastidiarse, porque el Líder transmite la alegría de vivir y de trabajar.

El Jefe sabe cómo se hacen las cosas, el Líder enseña como deben hacerse.

Uno se guarda el secreto del éxito, el otro capacita permanentemente, para que la gente pueda hacer las cosas con eficacia.

El Jefe maneja a la gente, el Líder la prepara.

 

El Jefe masifica a las personas convirtiéndolas en números o fichas.

El Líder conoce a cada uno de sus colaboradores, los trata como personas, no los usa como cosas.

Respeta la personalidad, se apoya en el hombre concreto, lo dinamiza y lo impulsa constantemente.

El Jefe dice, “vaya”, el Líder “vayamos”.

El Líder promueve al grupo a través del trabajo en equipo, forma a otros Líderes, consigue un compromiso real de todos los miembros, formula planes con objetivos claros y concretos, motiva, supervisa y difunde el ideal de una esperanza viva y una alegría contagiosa.

El Jefe llega a tiempo, el Líder llega adelantado.

“Un pie adelante del grupo, una mirada más allá de los seguidores” el que inspira, el que no se contenta con lo posible sino con lo imposible.

El Líder hace de la gente ordinaria, gente extraordinaria.

La compromete con una misión que le permita la trascendencia y realización.

Le da significado a la vida de sus seguidores, un porqué vivir, es un arquitecto humano.

No todos pueden ser “líderes”.

Lo importante es saber la diferencia.

El año maya


 

 

Un cuento de Augusto Monterroso relata el triste final de un misionero español que intenta salvarse de la muerte diciéndole a sus captores mayas que, si lo sueltan, él hará que el sol se oculte por unos minutos. El misionero sabía que ese día habría un eclipse. Pero mucho más lo sabían los mayas que terminaron ejecutándolo mientras recitaban la lista de todos los eclipses parciales y totales de sol y de luna que habían ocurrido y que ocurrirían luego.

 

Los mayas eran unos tipos muy avispados. No lo suficiente para evitar el colapso de su brillante civilización, pero sí como para calcular el tiempo y observar el cielo. Crearon un calendario en el que algunos han querido ver una profecía: que el 21 de diciembre de este año termina la cuenta del tiempo en este planeta y que el mundo se va a acabar.

 

La Humanidad tiene una larga historia de anuncios fallidos del fin del mundo, pero en esta época de noticias «virales» e interconectividad global una profecía débil pero pintoresca como esa puede extenderse mucho y convertirse en una industria. El mundo no se va a acabar en diciembre próximo, pero en el camino se habrán ganado algunos dólares unos cuantos productores de películas y documentales, varios charlatanes del libro y los dueños de los hoteles y restaurantes cercanos a las magníficas ruinas mayas en Guatemala y México.

 

No, 2012 no será nuestro último año. Pero tampoco será un año cualquiera, aunque la verdad es que no hemos tenido en Venezuela un «año cualquiera» en muchísimo tiempo, a menos que consideremos esto como un país normal o como una manera normal de vivir. Luego de ese tremendo 2011 que tuvimos, con tantas noticias inquietantes, todo indica que lo que nos viene es un año electoral con esteroides: dinero corriendo por la calle junto con violencia, con mentira, con locura y con uno que otro gesto de cierto heroísmo mientras la calidad de nuestra vida cotidiana sigue deteriorándose y nuestra salud mental colectiva, me temo, sigue retrocediendo.

 

Lamento no poder ofrecerles en esta página un consuelo que sirva de algo; por muchos buenos deseos que pueda uno tener, las cosas son como son y no como a uno le gustaría que fueran. Y la verdad es que Venezuela no está nada bien, principalmente por las pésimas decisiones que unos cuantos entre nosotros tienden a tomar como si estuvieran condenados a hacerlo. El país está como está porque las condiciones que tiene lo determinan así. A veces parece que no pasara nada y a veces, como aquella semana de los incidentes en los aeropuertos, es como si todo hubiera comenzado a derrumbarse.

 

La realidad eclosiona, se revienta: cosas que han estado preparándose durante años finalmente se manifiestan, cosas buenas y malas. El cambio es discontinuo, se esconde, corre por debajo de las capas que podemos ver de una realidad que parece paralizada, como el agua de un río que sigue fluyendo bajo su corteza congelada.

 

Y el cambio viene. Simplemente las cosas no pueden seguir como van. Yo no sé cuán profundo será, pero no veo cómo vaya a ser fácil y complaciente para todos. Creo que muchas fantasías que nos hemos hecho sobre el futuro demostrarán justamente que sólo eran eso, fantasías. Pero creo que 2012 será un año para recordar. De vértigos, de incertidumbre, de riesgo en todos los ámbitos: más vértigo, incertidumbre y riesgo incluso de lo que nos hemos acostumbrado a vivir. No tendremos un apocalipsis maya, pero sí un año histórico.

 

 Rafael Osío Cabrices

Ilustración Idana Rodríguez

 

¿DÓNDE ESTARÁN LAS MANOS DE DIOS?


Cuando observo el campo sin arar, cuando los aperos de labranza están olvidados, cuando la tierra está quebrada y abandonada, me pregunto:

¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando observo la injusticia, la corrupción, el que explota al débil; cuando veo al prepotente pedante enriquecerse del ignorante y del pobre, del obrero y del campesino, carentes de recursos para defender sus derechos, me pregunto:

¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando contemplo a esa anciana olvidada; cuando su mirada es nostalgia y balbucean todavía algunas palabras de amor por el hijo que la abandonó, me pregunto:

¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando veo al moribundo en su agonía lleno de dolor; cuando observo a su pareja y a sus hijos deseando no verle sufrir; cuando el sufrimiento es intolerable y su lecho se convierte en un grito de súplica de paz, me pregunto:

¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando miro a ese joven antes fuertes y decididos, ahora embrutecido por la droga y el alcohol, cuando veo titubeante lo que antes era una inteligencia brillante y ahora harapos sin rumbo ni destino, me pregunto:

¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando a esa chiquilla que debería soñar en fantasías, la veo arrastrar su existencia y en su rostro se refleja ya el hastío de vivir, y buscando sobrevivir se pinta la boca y se ciñe el vestido y sale su cuerpo a vender, me pregunto:

¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando aquel pequeño a las tres de la madrugada me ofrece su periódico, su miserable cajita de dulces sin vender, cuando lo veo dormir en la puerta de un zaguán tiritando de frío, con unos cuantos periódicos que cubren su frágil cuerpecito, cuando su mirada me reclama una caricia, cuando lo veo sin esperanzas vagar con la única compañía de un perro callejero, me pregunto:

¿Dónde estarán las manos de Dios?

Y me enfrento a Él y le pregunto: «¿Dónde están tus manos, Señor? para luchar por la justicia, para dar una caricia, un consuelo al abandonado, rescatar a la juventud de las drogas, dar amor y ternura a los olvidados», después de un largo silencio escuché su voz que me reclamó: “No te das cuenta de que tú eres mis manos, atrévete a usarlas para lo que fueron hechas, para dar amor y alcanzar estrellas».

Y comprendí que las manos de Dios somos «tú y yo», los que tenemos la voluntad, el conocimiento y el coraje para luchar por un mundo más humano y justo, aquellos cuyos ideales sean tan altos que no puedan dejar de acudir a la llamada del destino, aquellos que desafiando el dolor, la crítica y la blasfemia se reten a sí mismos para ser las manos de Dios.

Señor, ahora me doy cuenta de que mis manos están sin llenar, que no han dado lo que deberían dar, te pido perdón por el amor que me diste y que no he sabido compartir, las debo usar para amar y conquistar la grandeza de la creación.

El mundo necesita esas manos, llenas de ideales y estrellas, cuya obra magna sea contribuir día a día a forjar una nueva civilización, que busquen valores superiores, que compartan generosamente lo que Dios nos ha dado y puedan al final llegar vacías, porque entregaron todo el amor, para lo que fueron creadas y Dios seguramente dirá:

¡Ésas son mis manos!

Miguel Ángel Cornejo

Tres viejos mitos paralizantes


 

Generación tras generación, sobreviven en la conciencia venezolana unos cuantos mitos que ningún bien nos hacen. Son varios y hay gente que se ha tomado el trabajo de documentarlos y de explicarlos mucho mejor que como puede hacerse en esta columna. Uno de esos mitos es el del país rico: basta con distribuir con justicia el dinero que produce el mar de petróleo sobre el que estamos parados para que todos seamos felices. La cosa no es así de sencilla y ese tema de la distribución lleva a una de las facetas desagradables de la realidad que esconde el mito: que aquí el que es rico, desde hace décadas, es el Estado, no el país. El Estado hace poco o nada porque sea la sociedad la que sea más productiva que él y produzca la riqueza.

Está ese de que «cada país tiene el gobierno que se merece». A ver: en democracia, la mayoría decide quién gobierna. Que la mayoría pueda equivocarse (como ha pasado tantas veces y seguirá pasando), ¿quiere decir que se merece las consecuencias de esa equivocación? ¿Y se merecen un mal gobierno quienes ni siquiera votaron por él? Una vez más, las cosas no son tan simples como dice ese mito, que a su vez sugiere que se entiende que haya un mal gobierno tras otro simplemente porque una sociedad es defectuosa.

Y está también un mito sobre nosotros mismos (de la presencia mítica de los héroes no voy a hablar esta vez) sobre el que no recuerdo un refrán específico sino toda una tradición de chistes, anécdotas, conductas y opiniones que sobreviven de generación en generación e incluso de siglo en siglo. Ese mito sostiene que los venezolanos seremos siempre desordenados, informales, unos mamarrachos incapaces de empeñar su palabra, de tomarse algo en serio y de cumplir a cabalidad con un trabajo. Dice que eso es una especie de tatuaje en nuestro ADN que nunca podremos borrar, en caso de que siquiera quisiéramos hacerlo. Se manifiesta de muchas maneras: en esos momentos de que hablaba Cabrujas en que alguien desmontaba la formalidad con que un congénere pretendía presentarse y hacer creer que no era un mamador de gallo ignorante, impuntual y mentiroso como todos los demás, en esos chistes que comienzan diciendo «había un alemán, un gringo y un venezolano», o en todo nuestro glosario cotidiano de defensa de la imprecisión, la irresponsabilidad y la confusión generalizada: «tú me entendiste», «tú sabes cómo es todo», etc.

El mito de que nunca podremos ser puntuales, ordenados, responsables y productivos es tan estéril, tan improductivo como el mito patriótico de que tenemos garantizado un destino magnífico solo porque somos «hijos de Bolívar». Creyendo que nunca seremos mejores de lo que somos o que heredaremos un cielo que alguien más conquistó para nosotros conduce al mismo resultado: que no hagamos nada. Lo cierto es que ninguna nación tiene garantizado ningún tipo de destino, eso no tiene sentido alguno. El futuro es, en buena parte, lo que hagamos de él. Y ese futuro será mejor en la medida en que tomemos la decisión de dejar de evaluar la realidad y a nosotros mismos con paquetes de ideas prefabricadas hace mucho tiempo y nos atrevamos a usar nuestros propios cerebros, como personas independientes que en verdad somos.

Rafael Osío Cabrices

Ilustración Idana Rodríguez

 

Fanatismo


El fanatismo es una pasión exacerbada, desmedida y tenaz, particularmente hacia una causa religiosa o política, o hacia un pasatiempo o hobby.

Consta de una apasionada e incondicional adhesión a una causa, un entusiasmo desmedido y monomanía persistente hacia determinados temas, de modo obstinado, algunas veces indiscriminado y violento.

El fanatismo puede referirse a cualquier creencia afín a una persona o grupo. En casos extremos en los cuales el fanatismo supera la racionalidad, puede llegar a extremos peligrosos, como matar a seres humanos o encarcelarlos, y puede incluir como síntoma el deseo incondicional de imponer una creencia, considerada buena para el fanático o para un grupo de los mismos.

Tipos de fanatismo

Existen varios tipos de fanatismo, y se producen debido a la afinidad o contrariedad con una persona, religión, ideología, deporte o pasatiempo, entre otros tópicos.

Ejemplos de fanatismo se han dado en el terreno religioso con la defensa de dogmas, o la defensa de libros sagrados o de dioses, o defendiendo un punto de vista racional o irracional específico. Los religiosos afirman que, la diferencia entre religioso y fanático reside en el hecho de que el religioso ve a la religión como un medio para creer o conocer alguna deidad, mientras que el fanático ve a la religión como dios, y la trata como incuestionable.

  • Otro ejemplo de fanatismo es hacia una persona, se ha oído hablar de los club de fans es un conjunto de personas fanáticas de alguien, por ejemplo de un cantante o actor.
  • También de equipos de fútbol, baloncesto, etc.
  • También el fanatismo a lo deconocido (tales como predecir el futuro o crear el modelo de fanatismo,etc.)
  • También existen los fanáticos antireligiosos; anticristianos, antimusulmanes, etc.
  • Algunos fanaticos se centran en el mantenimiento de unas prácticas o cultura sin pensar en la posibilidad de que el conocimiento y el desarrollo humano pueda haber modificado, para bien, las practicas o los valores culturales. Este tipo de fanatismo esta muy emparentado con la ignorancia y el anquilosamiento mental.

Fanatismo religioso/espiritualistas

El fanatismo religioso es uno de los tipos de fanatismo que más ha generado controversia a través de la historia en cuanto bajo esta se han llevado a cabo, conflictos bélicos, holocaustos, asesinatos y actos terroristas. Durante siglos miles de hombres fanáticos se han visto influenciados bajo las grandes religiones para así llevar actos que van en contra de la propia religión lo cual deja a ver que el individuo está actuando no bajo fe, sino por pura obsesión. Esta se encuentra en diversas doctrinas religiosas tales como: la cristiana, islámica, la judía, entre otras. El fanático religioso es el que se identifica como el individuo con una conducta enceguecedora hacia una religión en particular o práctica, lo cual puede causar que cometa actos en contra de las personas que no creen en esta.

Naturaleza psicológica del fanatismo

La conciencia de la individualidad se suprime mediante la atenuación de la conciencia del yo, por una parte, y mediante la acentuación del sentimiento de pertenencia a lo otro. Para lo primero sirve el alcohol y otras drogas, el éxtasis sexual, etc. Para lo segundo se procede a la adhesión incondicional a sectas y facciones totalitarias políticas o religiosas, la entrega a un grupo, a personas posesivas… La conciencia corporal se disminuye mediante la reducción de las vivencias corporales y la desvalorización del mundo en donde la vida corporal se desarrolla. Desde el punto de vista epistemológico, el fanático, curiosamente, se parece a su contrario el relativista, en la medida en que para ambos no cabe el debate o la búsqueda común de la verdad. El fanático cree poseer la verdad de manera tajante. Afirma tener todas las respuestas y, en consecuencia, no necesita seguir buscando a través del cuestionamiento de las propias ideas que representa la crítica del otro.

El fanático, pues, se caracteriza por su espíritu maniqueo y por ser un gran enemigo de la libertad. Los lugares donde impera el fanatismo son terrenos donde es difícil que prospere el conocimiento y donde  parece detenerse el curso fluyente de la vida. Un mundo, en definitiva, contrario a la mudable naturaleza humana que en ocasiones se diría anhela la muerte. De hecho, para Albert Camus en El hombre rebelde, es una suerte de nihilismo destructivo más.

El precio a pagar por la cristalización del pensamiento engendrada por el fanatismo resulta caro. El alejamiento de la verdad es una de ellas, porque para profundizar en el conocimiento debemos estar abiertos al descubrimiento de la parte de verdad presente en los demás, desde una humildad intelectual de corte socrático, con una actitud dogmática resulta difícil llegar muy lejos intelectualmente.

Pero existe otra desventaja que tal vez resulte más contundente que la epistemológica: que el fanatismo siempre ha conducido a guerras y a graves desastres. Tras numerosas conflictos sociales, guerras, masacres, limpiezas étnicas e injusticias se halla la intolerancia de muchos fanáticos. Esto han coincidido en señalarlo todos los defensores de la tolerancia. El fanatismo es el culpable de esos males, que podrían evitarse con la universalización de un talante fraternal que aceptara las diferencias.

Características

En síntesis, los rasgos que caracterizan al fanatismo son los siguientes:

  • dogmatismo: fe en una serie de verdades que no se cuestionan ni razonan y cuya justificación lo es por su propia naturaleza o con relación a alguna autoridad;
  • carencia de espíritu crítico: no se admite la libre discusión acerca de las propias verdades, ni su crítica racional;
  • maniqueísmo: las diferencias son consideradas de manera radical; no se admiten los matices. Además, la diversidad humana suele encerrarse en dos categorías: buenos y malos;
  • odio a la diferencia: desprecio y rechazo de lo que escapa a unos determinados modelos y etiquetas;
  • autoritarismo: afán de imponer las propias creencia y de forzar a que todo el mundo se adscriba a la misma.

En resumen el fanático siempre busca estar dentro de un grupo: por soledad, busca aceptación, compensar sus carencias o ejercer la autoridad, el liderazgo no alcanzado.