Guachirongo… Un pobre de espíritu?


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Así como hay ciudades o pueblos afamados por la altura de un pico o la hondura de un zanjón, por el número de sus torres o por el tamaño de sus toronjas, así hay en el Oeste -en nuestro Oeste venezolano- una ciudad muy celebrada por sus puestas de sol, por la majestad y belleza de sus crepúsculos. Sus moradores son entendidos y expertos en esta materia, doctos en ella, y así dicen, a veces, por ejemplo: «Este verano hemos tenido los crepúsculos más raros -o más largos, o más bellos-, que hemos visto en mucho tiempo»

No sé si esto ha llegado a reflejarse en el carácter de la generalidad de entre ellos; pero un hombre que vivió en estos parajes, un simple de espíritu a quien apellidaban por burla Guachirongo, sí vivió (y murió tal vez realmente) entre las nubes del crepúsculo. Guachirongo hallábase afligido de toda clase de pobrezas y miserias; sus ropas no eran más que harapos; los cabellos le resbalaban en grasientas guedejas por la nuca, la frente y las orejas, y hasta le tapaban los ojos. Así andaba, y algunos perros hambrientos – tan hambrientos y miserables como él mismo – lo seguían por todas partes adonde iba.

Y Guachirogo no tenía ningún inconveniente en ponerse a bailar en medio de la calle, si se lo pedían chicos o grandes; o también, así de repente, sólo porque le venían ganas a él, a la hora del atardecer, mirando un crepúsculo encendido. Fuera de esto, y por extraño que parezca, Guachirongo vendía gritos. Le decían:

-¡Un grito, Guachirongo!

Pero los gritos de Guachirongo eran al precio de tres por locha, ni uno más, ni uno menos; sobre esta base el trato se hacía, se cerraba el negocio, y Guachirongo lanzaba tres gritos sonoros, poderosos, retumbantes, que hubieran despertado la alarma en el vecindario y sus contornos si no fuera porque ya todos por allí sabían muy bien que era aquél el negocio del Guachirongo.

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LA ESCUELA SOÑADA


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Para escribir a los niños estuve un rato pensando, estuve imaginando un sitio especial una casa o una escuela con muebles muy decorados, paredes blancas, techo azul. Libros como pasteles, cuadernos de chocolate, con muchos niños golosos comiendo más divertidos. Consumiendo el contenido de libros y de cuadernos. Mientras oían el cuento que su maestra leía. Era un cuento tan bonito que todos la escuchaban, sonreían y al llegar la salida ninguno quería irse, porque al final de ese día ellos fueron muy felices. Cuando cada clase sea un festín organizado, con dulce vocabulario, con mucha imaginación, habrá quienes lo disfruten, no se lo quieren perder. No solo imaginación requiere la profesión. Necesita iniciativa, ética y mucho amor, para convertir la clase en una celebración. Celebrar que aprenderán: ciencia, lengua y matemática, ingles, cartografía y religión también. Que al final de la jornada todos saldrán victoriosos y los padres orgullosos un boletín recibirán, con lindas calificaciones y de vacaciones irán. Si este poema pudiese convertirlo en realidad, tendríamos la escuela soñada seria una felicidad. Si pudiésemos cambiar los regaños por cariño, los gritos por una canción, que felices seriamos todos sin tanta preocupación.

Autora: Carmen Seijas.

Mitologías mediáticas… para delinquir, avasallar, asesinar a un pueblo…Hoy entre las historias más estúpidas está “Chávez vive y le habla al estilo pajarito Twitter a Maduro”


Les voy a contar una historia verdadera...
Les voy a contar una historia verdadera…

¿Quién no recuerda aquel cuento de “La Machaca”, que una vez se regó entre la gente?, la historia dice que era una mariposa que picaba a las personas, y estas tenían que correr a hacer el amor, de lo contrario se podían morir. Eso hizo que la gente caminara mirando para todos lados durante un tiempo, las señoritas eran las que más miedo tenían, a la vil palometa. Las que pagaron los platos rotos fueron esas mariposas negras que son gigantes y gustan revolotear de noche, el chancletazo que llevaron fue parejo.

Otra historia que se apoderó de la gente, fue el león que una vez se escapó del zoológico El Pinar, el temible animal rondaba por todas partes, en la prensa se encontraron cualquier cantidad de artículos que se referían a la presencia del león cerca de hoteles, de urbanizaciones, de casas. Todos creían haber visto u oído el león en alguna parte, una sombra, un rugido. Pero lo único que se encontró del animal fueron las huellas, al parecer recorrió toda Caracas, porque las huellas se encontraban al mismo tiempo dispersas por toda la ciudad, finalmente nadie supo más nada del felino, es posible que se lo hayan comido unos “huelepegas” de esos que hacen sancochos raros a orillas de El Güaire.

“La mujer cachúa” fue una delicia, porque paralizó a muchos, se trataba de una mujer con cuernos y pelos por todo el cuerpo, que se atrevió a mentarle la madre a su propia mamá en una Semana Santa y se convirtió en el abominable ser; para poder ser perdonada era mostrada a la gente encadenada y sometida por un sacerdote, según la mostraron en Cumaná y después en Barcelona, mucha gente cargaba ese cuento pero nunca apareció una foto de la bendita mujer. Este cuento fue en los tiempos de Lusinchi, es posible que algún mal intencionado, enemigo político del entonces presidente, haya inventado tal fantasía, por los bochinches de ese señor con su secretaria privada.

Una de las historias legendarias fue la de “Petróleo Crudo”, un preso que se escapó de La Isla del Burro, porque hacía magia negra y rezaba al revés, como parte de los ritos que utilizaba para cometer sus fechorías y hacer actos de magia para desaparecer. La gente vivía paranoica creyendo que “Petróleo Crudo” iba a entrar en sus casas, puertas, ventanas y cerraduras fueron reforzadas en ese entonces, producto de las noticias que leían del escape del personaje. Nunca pudieron probar tal disparate, lo único que se ha escapado son los capitales producto de la venta del petróleo. ¿Quién no recuerda a “El Puyón”, el de las discotecas?.

Todas estas historias vienen a colación, porque en aquellos tiempos se vivía en otro orden político, aunque de la misma manera había corrupción, inflación y promesas incumplidas.

Hoy esas mitologías son mucho más temerarias. Un año estuvo el Fiscal con lo del caso Anderson, para finalmente decir que no tiene pruebas contundentes para hacer acusaciones, por ahí más de uno se entretuvo con todo el cuento que nos echó el señor durante todo ese tiempo, con sus testigos estrellas, con las descripciones de los autores intelectuales y demás menudencias.

Lo que se decía antes en los periódicos y en la televisión no se discutía y pasaba como cierto, sin embargo en los barrios se podían escuchar las voces de algunas doñitas no tan pendejas que decían:

-Esa vaina la inventan para entretener a la gente y aumentar la Harina Pan.

¿Quién no escuchó a su mamá decir eso?…

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A los humanos nos falta mucha humanidad… Clínica Hermógenes Fauvert


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En la Clínica de un famoso cirujano cardiólogo, entra la secretaria al consultorio de éste y le anuncia que un viejecito, muy pobre, deseaba consultarle, recomendado por un médico del hospital público.

El médico le dice que hablará con él una vez que haya atendido a todos los clientes con cita médica.

Después de dos horas de espera, el médico recibe al anciano y éste le explica la razón de su visita:
– ‘El médico del hospital público me ha enviado a usted porque únicamente un medico de su prestigio podría solucionar mi problema cardíaco y, en su clínica poseen equipos suficientes como para llevar a cabo esta operación’.

El médico ve los estudios y coincide con el colega del hospital. Le pregunta al viejito con qué Compañía de Seguros se haría operar. Este le contesta…. ‘Ahí está el problema Dr. Yo no tengo seguro social y tampoco dinero. Como verá, soy muy pobre y para peor, sin familia… Lo que pido, sé que es mucho, pero tal vez entre sus colegas y usted puedan ayudarme…’.

El médico no lo dejó terminar la frase. Estaba indignado con su colega del hospital. Lo envió de regreso con una nota explicándole que su ‘Clínica era Privada y de mucho prestigio, por lo tanto no podía acceder a su pedido’. El había estudiado y trabajado duramente estos años para abrir su clínica y ganar el prestigio y los bienes que tenía.

Cuando el anciano se retiró. El médico se percató de que éste había olvidado un carpeta con unas poesías y una frase suelta que le llamó mucho la atención. La frase decía: ‘El órgano que mejor habla es el corazón’ y firmaba Hermógenes Fauvert. Esta frase le gustó mucho al médico, pero lo que más le gustó fue el nombre del autor de la frase, Hermógenes Fauvert.

Le hacía recordar su juventud, pues, en primaria, la maestra les leía sus hermosos cuentos infantiles. En la secundaria, la profesora de Literatura les enseñaba bellísimas poesías y fue con una de ellas que, al dedicarle a una de sus compañeras, se enamoró y esta fue su primera novia. ‘Cómo olvidar todo eso si fue parte de lo mejor de su infancia’.

A la semana siguiente, al finalizar la jornada, la secretaria entró al consultorio con el periódico vespertino y compungida le dijo al médico, ‘¿Se ha enterado, doctor? Hoy han encontrado muerto a ‘Hermógenes Fauvert’ en un banco de la Plaza del Ayuntamiento, tenía 88 años el pobre’. El médico suspiró de pena y contestó:.’Hombres como él no deberían morir nunca. Que Dios lo tenga en Paz, me hubiera gustado conocerlo…. ‘

Pero, ¡cómo!….. ¿No lo recuerda?’, le dice la secretaria y mostrándole la fotografía del periódico le dice: ‘Era el pobre viejecito que vino la semana pasada a consultarle. Era un conocido escritor, solitario y bohemio. No tenía parientes y…’. El médico no la dejó terminar. Le pidió que se retirase y sentándose con los brazos cruzados en el escritorio, lloró.

Lloró como nunca lo había hecho, como el niño que llevaba escondido en su alma. Largo tiempo estuvo en el silencio de su consultorio. Luego, mientras secaba las lágrimas de su escritorio, sacó delicadamente la imagen de Cristo que estaba debajo del cristal y, después de besarla, la guardó en un cajón mientras decía ‘Perdón Señor, no soy digno de Ti, no soy digno de que Me mires. Todo lo que tengo, Te lo debo. Me enviaste a un pobre y me habló con la voz del corazón. Yo lo escuché con el oído del egoísmo…. mi vergüenza es grande…. Perdóname Señor’.

Con el correr de los años, la ‘Clínica Hermógenes Fauvert’, como se denomina desde entonces, se hizo muy famosa. El médico habilitó un sector para la atención de los pacientes sin seguro médico y él personalmente practica las operaciones.

¡Cuántas veces nos habrá pasado lo mismo a nosotros! Nos han hablado con la voz del corazón y no hemos oído…. hemos sido egoístas con nuestros hermanos….

Amar


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«Te amo» – dijo el principito… -«Yo también te quiero» – dijo la rosa. -«No es lo mismo» – respondió él… …»Amar es la confianza plena de que pase lo que pase vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoísta, sino estar, en silenciosa compañía. Amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos. Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí. Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar.» -«Ya entendí» – dijo la rosa. -» No lo entiendas, vívelo» – agregó el Principito. – 

Antoine de Saint-Exupéry

Por qué los perros viven menos que las personas?.


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Aquí la respuesta (por un niño de 6 años):

Siendo un Veterinario, fui llamado para examinar a un perro Irlandés de 13 años de edad llamado Belker. La familia del perro, Ron, su esposa Lisa y su pequeño Shane, estaban muy apegados a Belker, y estaban esperando un milagro. Examine a Belker y descubrí que estaba muriendo. Les dije a su familia que no podíamos hacer ya nada por Belker, y me ofrecí para llevar cabo el procedimiento de eutanasia en su casa.

Al día siguiente, sentí la familiar sensación en mi garganta cuando Belker fue rodeado por la familia. Shane se veía tranquilo, acariciaba al perro por última vez, y yo me preguntaba si él comprendía lo que estaba pasando. En unos cuantos minutos Belker se quedó dormido pacíficamente para ya no despertar.

El pequeño niño pareció aceptar la transición de Belker sin ninguna dificultad. Nos sentamos todos por un momento preguntándonos el porqué de el lamentable hecho de que la vida de los perros sea mas corta que la de los humanos.

Shane, que había estado escuchando atentamente, dijo: »yo sé porqué.»

Lo que dijo a continuación me maravilló, nunca he escuchado una explicación mas reconfortante que ésta. Este momento cambio mi forma de ver la vida.

El dijo,»la gente viene al mundo para poder aprender como vivir una buena vida, como amar a los demás todo el tiempo y ser buenas personas, verdad?»

»Bueno, como los perros ya saben cómo hacer todo eso, pues no tienen que quedarse por tanto tiempo como nosotros.»

‘La moraleja es :

Si un perro fuera tu maestro, aprenderías cosas como:

Cuando tus seres queridos llegan a casa, siempre corre a saludarlos.

Nunca dejes pasar una oportunidad para ir a pasear.

Deja que la experiencia del aire fresco y del viento en tu cara sea de puro Éxtasis.

Toma siestas.

Estírate antes de levantarte.

Corre, brinca y juega a diario.

Mejora tu atención y deja que la gente te toque.

Evita morder cuando un simple gruñido sería suficiente.

En días cálidos, recuéstate sobre tu espalda en el pasto, patas abiertas.

Cuando haga mucho calor, toma mucha agua y recuéstate bajo la sombra de un árbol.

Cuando estés feliz, baila alrededor, y mueve todo tu cuerpo.

Deléitate en la alegría simple de una larga caminata.

Sé leal.

Nunca pretendas ser algo que no eres.

Si lo que quieres está enterrado… escarba hasta que lo encuentres.

Cuando alguien tenga un mal día, quédate en silencio, siéntate cerca y suavemente hazles sentir que estás ahí…♥ !

La Oruga… VIVE TUS SUEÑOS


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Un pequeño gusanito caminaba un día en dirección al sol. Muy cerca del camino se encontraba un Chapulín: ¿Hacia dónde te diriges?, le preguntó.

Sin dejar de caminar, la oruga contestó: Tuve un sueño anoche; soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo.

Sorprendido, el chapulín dijo, mientras su amigo se alejaba:

¡Debes estar loco!, ¿Cómo podrías llegar hasta aquel lugar?

!Tú, una simple oruga!. Una piedra será para ti una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco una barrera infranqueable.

Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó. Sus diminutos pies no dejaron de moverse.

La oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros.

Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor aconsejaron a nuestro amigo a desistir de su sueño!

¡No lo lograrás jamás! – le dijeron -, pero en su interior había un impulso que lo obligaba a seguir.

Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pernoctar:

Estaré mejor, fue lo último que dijo, y murió.

Todos los animales del valle por días fueron a mirar sus restos. Ahí estaba el animal más loco del pueblo.

Había construido como su tumba un monumento a la  insensatez. Ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió «por querer realizar un sueño irrealizable».

Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una ADVERTENCIA PARA LOS ATREVIDOS. De pronto quedaron atónitos.

Aquella concha dura comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y una antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta. Poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas arco iris de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos: UNA MARIPOSA.

No hubo nada que decir, todos sabían lo que haría: se iría volando hasta la gran montaña y realizaría un sueño; el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir.

«Todos se habían equivocado». Dios no nos hubiera dado la posibilidad de soñar, si no nos hubiera dado la oportunidad de hacer realidad nuestros sueños…

 

Si tienes un sueño, vive por él, intenta alcanzarlo, pon la vida en ello y si te das cuenta que no puedes, quizá necesites hacer un alto en el camino y experimentar un cambio radical en tu vida, y entonces, con otro aspecto, con otras posibilidades y circunstancias distintas: !!LO LOGRARAS!!

EL ÉXITO EN LA VIDA NO SE MIDE POR LO QUE HAS LOGRADO, SINO POR LOS OBSTÁCULOS QUE HAS TENIDO QUE ENFRENTAR EN EL CAMINO.

LUCHA CON TODAS TUS FUERZAS POR LO QUE DESEAS Y ALCANZARAS TUS SUEÑOS.

NO IMPORTA LAS VECES QUE LO INTENTES SIGUE HASTA EL FINAL.

 

Una muchacha llamada Ernestina


Ernestina vivía en una granja en el campo.

Un día, su padre le pide que lleve un barril lleno de maíz hasta el granero de una vecina. Ernestina agarra un barril de madera, lo llena de granos hasta el borde, le clava la tapa y se lo ata colgando de los hombros como si fuese una mochila. Una vez afirmadas las correas, Ernestina parte hacia la granja vecina.

En el camino se cruza con varios granjeros. Algunos notan que hay un agujero en su barril y que una hilera de granos cae del tonel sin que Ernestina lo note. Un amigo de su padre comienza a hacerle señas para explicarle el problema, pero ella entiende que es un saludo, así que le sonríe y agita su mano en señal de amistad. De inmediato, los otros granjeros le gritan a coro:

—¡Estás perdiendo el maíz!

Ernestina se da vuelta para ver el camino, pero como los pájaros han estado levantando cada grano perdido casi antes de que tocara el piso, al no ver nada, la niña cree que los vecinos bromean y sigue su camino.

Más adelante, otra vez un granjero le dice:

—¡Ernestina, Ernestina! ¡Estás perdiendo el maíz, los pájaros se lo están comiendo!…

Ernestina se da vuelta y ve los pájaros que revolotean sobre el camino, pero ni un grano de maíz. Entonces continúa su trayecto con el maíz perdiéndose por el agujero del barril.

Cuando Ernestina llega a su destino y abre el barril, ve que aún está lleno de granos de maíz hasta el mismo borde.

 

Uno puede pensar que es sólo una parábola para estimular a los mezquinos a dar, para conjurar su temor al vacío, y que el cuento es sólo una alegoría.

Y sin embargo, respecto del amor, nunca me vacío cuando amo.

Es mentira que por dar demasiado me pueda quedar sin nada.

Es mentira que tenga que tener sobrantes de amor para poder amar.

 

Ernestina es cada uno de nosotros.

Y este maíz es lo que cada uno de nosotros puede amar.

La inagotable provisión de amor.

Esto es:

No nos vamos a quedar sin maíz para los pájaros si queremos llegar con maíz al granero.

Ni nos vamos a quedar sin maíz para nosotros si les damos a los pájaros.  

No nos vamos a quedar sin posibilidad de amar a los otros si nos amamos a nosotros mismos.

En verdad, nosotros tenemos para dar inagotablemente, y nuestro barril está siempre lleno, porque así funciona nuestro corazón, así funciona nuestro espíritu, así funciona la esencia de cada uno de nosotros.

Sea como fuere, saberme, liberarme y quererme,

¿no me deja al margen de la solidaridad?

Ten la Seguridad que NO…

Hakakure y el camino del samurai


Yamamoto Tsunetomo (1659-1719), tras haber servido durante muchos años como samurai, decidió contar todo aquello que aprendió a Tsuramoto Tashiro, uno de sus discípulos. El resultado de estas conversaciones fue el libro Hagakure (Oculto tras el follaje), que ha resistido al paso del tiempo y todavía hoy es un libro de actualidad. 

Releyendo el texto me di cuenta de que gran parte de las enseñanzas allí recogidas se pueden aplicar a nuestra vida diaria. Un samurai, como sabemos, era un guerrero con un código de conducta (conocido como bushido), basado en tres puntos importantes: disciplina, ética y coraje. 

Estos elementos debían estar presentes en cada una de las decisiones que tomamos. Así, al buscar un sentido a nuestra peregrinación sobre la faz de la tierra, comprenderíamos que: Sólo es posible alcanzar un sueño cuando se tiene la voluntad necesaria para ello. No basta el entusiasmo, la pasión, el deseo; hacen falta también fuerza y concentración. 

Cuando vamos a la búsqueda de algo que de verdad tenga algún significado en nuestra existencia, no hay por qué herir o pisotear a los demás. Al contrario, cuanto más respetamos el camino ajeno, más aliados encontramos en el nuestro, y más respeto recibimos a cambio. 

Además de la disciplina y la ética, hay que entender que, a pesar del miedo, debemos seguir adelante. Coraje no significa ausencia de valores, sino la capacidad de no dejarse paralizar por éstos. 

Como ya dije en otras columnas, todos tenemos que morir un día. Al tomar conciencia de ello, deberíamos entregarnos con mucha más alegría a la vida, haciendo esas cosas que siempre postergamos, respetando los preciosos minutos que pasan y no volverán jamás, desvelando y descubriendo hor izontes que pueden ser interesantes o decepcionantes, pero que merecen al menos un poco de esfuerzo de nuestra parte. 

Es normal que intentemos evitar la muerte. 

No sólo es normal, sino también la actitud más saludable que podemos tener. Sin embargo, es una aberración negarla, ya que ser consciente de ella nos da mucho más valor. Si yo hubiese de morir hoy, ¿qué es lo que me gustaría hacer que nunca hice? Éste es mi pensamiento todas las mañanas. Aprendí, en el camino de Santiago, que el Ángel de la Muerte es mi mejor consejero. 

Yamamoto Tsunetomo dice en un momento dado a su discípulo: «todos queremos vivir, y eso es absolutamente natural. No obstante, desde niños debemos también aprender a escoger nuestra mejor manera de morir. Si no lo hacemos, terminamos malgastando nuestros días como un perro que no busca más que cobijo y comida, y entregando a cambio una lealtad ciega a su dueño que pueda justificar el techo y la comida. Eso no basta para hacer que nuestra vida tenga sentido». 

La ocasión y el ladrón


 

Los dos niños 
Cuenta una vieja historia árabe que una vez dos niños ­uno rico y el otro pobre­, volvían del mercado. El rico llevaba galletas untadas con miel, y el pobre llevaba un trozo de pan duro. 

Si haces el perro, te dejo comer de mis galletas ­dijo el rico. 

El niño pobre aceptó y, a cuatro patas y en medio de la calzada, se puso a comer las galletas del niño rico. 

El sabio Fath, que contemplaba la escena, comentó: ­Si este niño pobre tuviese un poco de dignidad, al final encontraría una forma de ganar dinero. Sin embargo, prefiere convertirse en el perro del niño rico para comer sus galletas. Mañana, cuando sea grande, hará lo mismo por un cargo público, y será capaz de traicionar a su país por una bolsa de oro. 

Evitando ayudar al demonio 
Muchas veces, cuando intentamos hacer el bien, nos convertimos en instrumentos del mal ­dijo Al-Fahid a su amigo­. Procuro estar siempre alerta, pero hoy he sido utilizado por el demonio. 

¿Cómo así? ¡Si tú tienes fama de sabio! ­Esta mañana fui a hacer mis plegarias a la mezquita. 

Respetando la tradición, me quité los zapatos antes de entrar. A la salida me di cuenta de que me los habían robado: he creado un ladrón. 

Pero eso no es culpa tuya ­le dijo el amigo. 

Sí es culpa mía. Es fácil despertar el lado malo del prójimo. Es fácil enojar a alguien, sembrar la discordia, levantar dudas o separar hermanos. El demonio necesita del hombre para realizar sus actos, y por eso soy responsable. 

El condenado a muerte 
El grupo pasó por la calle: los soldados llevaban a un condenado a la horca. 

Este hombre era un inútil ­le comentó a Awas-el Salam uno de sus discípulos­. Una vez le di una moneda de plata para ayudarlo a salir de la miseria, y fue incapaz de hacer nada notable. 

Es posible que utilizara el dinero que le diste para comprar un puñal, que luego terminó usando en el crimen cometido. En ese caso, también tus manos están ensangrentadas. En lugar de ayudarlo con amor y cariño preferiste darle una limosna y evitar así cumplir con tu obligación. 

Delante de Dios 
Un viejo vendía juguetes en el mercado de Bagdad. Sus compradores, sabiendo que tenía la vista muy débil, le pagaban de vez en cuando con monedas falsas. 

El viejo, que se daba cuenta del truco, no decía nada. 

En sus oraciones pedía a Dios que perdonase a los que lo engañaban. «Tal vez tengan poco dinero, y quieran comprar regalos a sus hijos», se decía. 

Pasó el tiempo y el hombre murió. Delante de las puertas del Paraíso, rezó una vez más: ­¡Señor! ­dijo­ Soy un pecador. No soy mejor que las monedas falsas que recibí. ¡Perdóname! En este momento se abrieron las puertas y dijo una voz: ­¿Perdonar qué? ¿Cómo puedo juzgar a alguien que, en toda su vida, jamás juzgó a los demás?