¡A DÍAS DE PERDER LA REPÚBLICA! “Un territorio sin ley”, por Laureano Márquez


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El tío Montesquieu nos enseñó algo que los venezolanos de este tiempo hemos entendido a cabalidad con mucha muerte, dolor y sacrificio: sin división de poderes el hombre pierde la libertad y se convierte en un esclavo del déspota de turno.

Laureano Márquez / TalCual

¿Leí bien?, es lo primero que me pregunté. Desde el máximo tribunal se dice que “Chacao es un territorio sin ley”. Es que Venezuela parece ya una obra de Ionesco, qué curioso, qué extraño, qué coincidencia. ¿Un territorio sin ley? Eso dicho desde la “cima” del derecho, que es el cráter del volcán más profundo del continente, resuena demasiado. Es lo que llaman los expertos disonancia cognoscitiva. Como que el carpintero diga: “hay que meter presos a los que talan árboles”; como que el carnicero diga: “por qué sacrifican a los animales, hay que ser vegetarianos”. Por qué olvidamos con tanta frecuencia la parábola de la paja en el ojo ajeno. Para comenzar, los profesores que hacen ciencia ficción en las escuelas de Derecho, definen ley como: “norma jurídica dictada por un cuerpo legislador”. El TSJ suprimió el cuerpo legislador que los venezolanos votamos, elegimos y designamos. Es decir, no hay ley porque no hay órgano legislativo, ni división de poderes, ni justicia, ni bien común, ni seguridad jurídica, ni pirámide de Kelsen, ni constitución. Pero más allá, no hay eso que los antiguos llamaban sindéresis, sentido de la historia, respeto por el ineludible juicio eterno, dicho más claramente: lo que no hay es vergüenza, eso que le enseñaron a uno en la casa cuando le explicaban que no se podía andar corriendo desnudo por ahí. No hay ley en Chacao, ni en el resto de Venezuela.

Es que como diría Charles Louis, las leyes tienen espíritu, como el cantar, que tiene sentido, entendimiento y razón. Es decir las leyes tienen lógica: suspender elecciones que establece el ordenamiento jurídico en nombre de la democracia, por ejemplo, va contra eso que llaman los andaluces el sentío comú. El tío Montesquieu nos enseñó algo que los venezolanos de este tiempo hemos entendido a cabalidad con mucha muerte, dolor y sacrificio: sin división de poderes el hombre pierde la libertad y se convierte en un esclavo del déspota de turno. La ley, como fundamento del estado de derecho requiere que quien las aplica, lo haga teniendo la justicia como norte. Ser eso que llama el fiel de la balanza, no el contrapeso. La idea de representar a la Justicia como una dama ciega es porque ella no ve a quien condena o absuelve. No sabe si es pobre o rico, humilde o poderoso.

No hay nada más amenazante para la convivencia humana que aquel que lleva en sus manos la espada de la justicia tuerza el sentido de una norma con su interpretación de tal modo que termine haciendo con ella exactamente lo contrario de lo que la norma buscaba. Es verdad que un juez puede equivocarse y una cosa es el error, propio de los hombres, pero armar el rompecabezas del derecho para conseguir un propósito preestablecido en beneficio de alguien, que además ha hecho daño o delito, es ruin. Por eso se dice “que Dios y la Patria os lo premien, si no que os lo demanden”, porque en esto está el Supremo Autor de por medio, aunque se le llame principios, conciencia moral o, si quieren, escrúpulos.

A las frases del chavismo les ha dado últimamente por rebelarse también en contra de sus dueños, los nuevos “escuálidos” han hecho que la constitución se vuelva una “moribunda”, la devoran sus padres; la “podredumbre”, eso que llaman las “cúpulas podridas”, la “oligarquía leguleya”, pues –que viene a ser el gobierno de unos pocos–, lleva el rumbo de la nación.

¿Un territorio sin ley?

Sí señor, escasea también eso por acá. Y hay varios millones de ciudadanos en cola, esperando a ver si llega.

Atenion Mr. President Donald John Trump


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Espero que el señor magistrado Moreno, presidente del TSJ, no se ofenda porque yo lo clasifique dentro del mismo tipo, calidad o naturaleza que el señor Maduro, presidente de la República; ni viceversa, que no se ofenda Maduro al compararlo con Moreno. Son de la misma condición, entiéndase, índole, patrón, calibre o calaña.

La elección de Michael Moreno como presidente del Poder Judicial es una bofetada a la dignidad de nuestro pueblo. Nunca antes había presidido nuestro máximo tribunal -ni siquiera en las dictaduras de Pérez Jiménez o en la de Juan Vicente Gómez- un asesino, sentenciado así por los tribunales. Tampoco nunca antes un ser ignorante e insensato como Maduro había ocupado la presidencia de la República, ni había hecho tanto mal y producido tanta destrucción en la vida social, económica, política y moral de la República. Se dice que Juan Vicente Gómez no sabía leer ni escribir -tengo fundadas dudas de que eso fuese así- pero lo que sí es seguro es que se rodeó de intelectuales, académicos, especialistas y profesionales para armar su gabinete ejecutivo, mientras Maduro se rodea de incapaces peores que él, que ya es mucho decir.

Así como Maduro no llena los requisitos para ser presidente de la República, Moreno -quien no tiene currículum sino prontuario- no podría nunca, en un Estado de Derecho- ser magistrado, menos aún presidente del máximo tribunal. En 1989 fue judicialmente declarado asesino, fue condenado por el homicidio del joven Rubén Márquez, mientras se desempeñaba como “oficial de segunda”, miembro de la policía política de la época, de la extinta DISIP. Dos años antes, en 1987, fue encontrado responsable del homicidio de otro joven en Ciudad Bolívar. Estuvo preso con dos policías, “logrando turbiamente la libertad en muy corto tiempo”.

En la época del chavismo fue abogado defensor de Richard Peñalver, como se recuerda, el “pistolero de Puente Llaguno”. Más tarde como juez hará desastres, forjaría actas en el caso de los comisarios, que tiene presos por lustros a varios inocentes policías metropolitanos. Maikel Moreno es el juez que va a condenar a Leopoldo López, es el juez que priva de libertad a Carlos Ortega, presidente de la CTV, y a Carlos Fernández, presidente de FEDECÁMARAS. Hará negocios con CADIVI, y es allí donde forja su primera gran fortuna. Ahora es multimilmillonario, con innumerables propiedades, hasta cuenta con una línea aérea. En una oportunidad fue destituido como juez por corrupción, pero ahora, más allá de que en el prontuario de Maikel Moreno se le vincula a mafias dentro del poder judicial, hoy está elevado a la condición de presidente del Tribunal Supremo de Justicia, cabeza del Poder Judicial.

Maikel Moreno como que está dateado, pareciera que intuye que algo va pasar en Venezuela, por lo que a él le sería bueno tener otra nacionalidad, una especie de tabla de salvación, y es así como se casa en Estados Unidos en 2012 con una cubana -por cierto bastante mayor que él- que tiene actualmente la nacionalidad americana. Viaja 32 veces a Miami en los años 2012 y 2013, y comete fraude migratorio en los Estados Unidos, un matrimonio falso con la pretensión de obtener la documentación que le permita vivir en ese país. Descubierta la situación, se divorcia de la cubana-americana, a la cual le había pagado $ 50,000 para el matrimonio, y luego cuando esta lo vio en el apremio por divorciarse, le pidió $ 100.000 más. Afortunadamente para él, tiene “ahorros” suficientes para esa bagatela. Ahora está casado con una joven dama de doble nacionalidad, venezolana e italiana, y está solicitando la nacionalidad italiana, no sin trabas importantes, se la negaron o van a negar.

Ese TSJ presidido por un delincuente es el instrumento que utiliza Maduro para enfrentar y ningunear a la Asamblea Nacional, y para que le apoye en todas las sinvergüenzuras que se le ocurren. Es hora de levantar nuestra voz contra el régimen, contra esta locura que no debe seguir. Calle y más calle abre la puerta. Que la calle no calle.

 

 

Del desprestigio al desprecio hacia el TSJ por José Guerra


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El Tribunal Suprema de Justicia (TSJ) es una institución desprestigiada. Los ciudadanos no le tienen confianza. Esto es una verdadera lástima porque el TSJ es la máxima autoridad judicial de Venezuela y el factor de equilibrio entre los poderes Legislativo y Ejecutivo. Según la más reciente encuesta de la firma Delphos, encargada por el Centro de Estudios Políticos de la UCAB, un 60,0% de los venezolanos no le tienen confianza la TSJ mientras que el 40,0% le tiene mucha o algo de confianza.  Pero tan importante como el dato anterior es que de ese 40,0%, la mayoría le tiene algo de confianza. Es decir, el grueso de los venezolanos desconfía en el TSJ.

Lo relevante es indagar es porqué los venezolanos desconfían del TSJ. La respuesta tal vez no sea sencilla, pero una hipótesis razonable es que los ciudadanos ven al TSJ como una apéndice del gobierno, debido a que todas las sentencias de ese organismo judicial terminan favoreciendo al gobierno y por tanto la gente se siente desprotegida. Esa tesis parece corroborarse por hechos recientes donde el TSJ ha dictado sentencias insólitas para darle sustento jurídico a un gobierno que al no tener apoyo político ha recurrido al TSJ como su plataforma para tratar de anular a la Asamblea Nacional. Además esto lo dicen tanto el presidente Maduro como diputados del PSUV que hablan del TSJ como su tribunal.

Ese desprestigio del TSJ se acrecienta por dos razones. Una,  por la forma en que fueron seleccionados muchos de sus integrantes, quienes claramente no calzan los puntos para ser magistrados. Personas que no cumplen los requisitos hoy están investidas de magistrados. La otra es que las sentencias que está dictando, entre ellas la que declara inconstitucional la Reforma de la Ley del BCV aprobada por la Asamblea Nacional, son un plagio. Esa sentencia del TSJ del 30 de marzo de 2016, cuyo ponente fue Calixto Ortega, plagió un documento de la Consultoría Jurídica del BCV de fecha 12 de enero de 2016. Copiaron y pegaron párrafos completos sin citarlos y también un cuadro estadístico de tres páginas corrió igual suerte.

Uno no está en la cabeza de un magistrado para hacerse un juicio sobre lo que piense y la forma en que valoran la vida. Pero es obvio que a muchos de ellos no les importa el mañana sino el hoy. Por esa razón muy probablemente no está entre sus raciocinios pensar que podrá pensar el país acerca de ellos siendo magistrados o cuando ya no lo sean. Un estudiante de derecho que lea y analice esas sentencias se preguntará dónde se formaron esos abogados que escribieron y firmaron esos adefesios jurídicos.  La historia está llena de jueces que llamados a impartir justicia se pusieron al servicios de regímenes totalitarios y luego les tocó enfrentar la ley de la vida, aquella que pone las cosas en su lugar. Por ello alguien dijo que el mejor guionista siempre es el tiempo porque pone cada cosa en su lugar. Es posible que enceguecidos por una visión ideológica del mundo esos magistrados piensen que hacen lo correcto. Pero los hechos son los hechos, y ahora están desprestigiados ellos y el tribunal del cual son miembros. Por ahora.

@JoseAGuerra