Cuando sientas que reaccionas diferente… no te cuestiones, solo pasaste a otra etapa de tu vida.


10649845_314701952043502_4658854681607288762_n
“Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida.
Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto.
Cerrando círculos, o cerrando puertas o cerrando capítulos.
Lo importante es poder cerrarlos y dejar ir momentos de la vida que se van terminando.
¿Terminó tu trabajo? ¿Se acabó tu relación? ¿Ya no vives más en esa casa? ¿Debes irte de viaje?…
Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente “revolcándote” en los porqués, en repetir el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual cosa.
El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y a seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas que ya no existen, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.
¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú.
La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando “puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción.
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste solo.
Por eso cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate”
Omshiva.-

EL DÍA QUE ME VOLVÍ INVISIBLE


1907420_710489665702193_3065074869234484607_n

No se ha como estamos. En esta casa no hay calendarios y en mi memoria los hechos están hechos una maraña. Me acuerdo de aquellos calendarios grandes, unos primores, ilustrados con imágenes de los santos, que colgábamos al lado del tocador… pero ya no hay nada de eso, todas las cosas antiguas han ido desapareciendo. Y yo, yo también me fui borrando sin que nadie se diera cuenta.
Primero me cambiaron de alcoba, pues la familia creció. Después me pasaron a otra más pequeña aun, acompañada de mis biznietas. Ahora ocupo el desván, el que está en el patio de atrás. Prometieron cambiarle el vidrio roto de la ventana, pero se les olvido, y todas las noches por allí se cuela un airecito helado que aumenta mis dolores reumáticos.
Desde hace mucho tiempo tenía intenciones de escribir, pero me pasaba semanas buscando un lápiz y, cuando al fin lo encontraba, yo misma volvía a olvidar donde lo había puesto. A mis años, las cosas se pierden fácilmente; claro que es una enfermedad de ellas, de las cosas, porque estoy segura de tenerlas, pero siempre se desaparecen.
La otra tarde caí en cuenta de que mi voz también ha desaparecido. Cuando les hablo a mis nietos o a mis hijos, no me contestan. Todos hablan sin mirarme, como si yo no estuviera con ellos escuchando atenta lo que dicen.
A veces intervengo en la conversación, segura de que lo que voy a decirles no se le ha ocurrido a ninguno y les van a servir de mucho mis consejos. Pero no me oyen, no me miran, no me responden. Entonces llena de tristeza, me retiro a mi cuarto antes de terminar de tomar la taza de café. Lo hago así, de pronto, para que comprendan que estoy enojada, para que se den cuenta que me han ofendido y vengan a buscarme y me pidan perdón. Pero nadie viene.
El otro día les dije que cuando me muriera entonces si me iban a extrañar.
El nieto más pequeño dijo: “¿Y es que estas viva, abuela?…” Les cayó tan en gracia, que no paraban de reír. Tres días estuve llorando en mi cuarto, hasta que una mañana entro uno de los muchachos a sacar unas llantas viejas y ni los buenos días me dio.
Fue entonces cuando me convencí de que soy invisible, me paro en medio de la sala para ver si aunque sea estorbo, me miran, pero mi hija sigue barriendo sin tocarme, los niños corren a mi alrededor, de uno a otro lado, sin tropezar conmigo.
Cuando mi yerno se enfermo, tuve la oportunidad de serle útil; le lleve un te especial que yo misma prepare. Se lo puse en la mesita y me senté a esperar que se lo tomara.
Sólo que estaba viendo televisión y ni un parpadeo me indico que se daba cuenta de mi presencia. El té poco a poco se fue enfriando. Mi corazón también.
Un viernes se alborotaron los niños y me vinieron a decir que al día siguiente nos iríamos todo el día de campo. ¡Me puse muy contenta! ¡Hacia tanto tiempo que no salía y menos al campo! El sábado fui la primera en levantarme. Quise arreglar las cosas con calma. Los viejos nos tardamos mucho en hacer cualquier cosa, así que me tome mi tiempo para no retrasarlos. Al rato entraban y salían de la casa corriendo y echaban las bolsas y juguetes al carro. Yo ya estaba lista y muy alegre me pare en el zaguán a esperarlos…
Cuando arrancaron y el auto desapareció envuelto en bullicio, comprendí que yo no estaba invitada, tal vez porque no cabía en el auto o porque mis pasos tan lentos impedirían que todos los demás corretearan a su gusto por el bosque. Sentí clarito como mi corazón se
encogió, la barbilla me temblaba como cuando uno no aguanta las ganas de llorar.
Vivo con mi familia y cada día me hago más vieja, pero cosa curiosa, ya no cumplo años. Nadie lo recuerda. Todos están tan ocupados…Yo los entiendo, ellos si hacen cosas importantes. Ríen, gritan, sueñan, lloran, se abrazan, se besan. Y yo no sé a que saben los besos. Antes besuqueaba a los chiquitos; era un gusto enorme el que me daba tenerlos en mis brazos, como si fueran míos. Sentía su piel tiernita y su respiración dulzona muy cerca de mí. La vida nueva se me metía como un soplo y hasta me daba por cantar canciones de cuna que nunca creí recordar. Pero un día mi nieta Laura, que acababa de tener un bebe, dijo que no era bueno que los ancianos besaran a los niños por cuestiones de salud. Ya no me acerque más, no fuera a ser que les pasara algo malo por mis imprudencias. ! Tengo tanto miedo de
contagiarlos!

Yo los bendigo a todos y les perdono, porque:

¿Que culpa tienen los pobres de que yo me haya vuelto invisible?

Sin Desarme NO habrá Paz…


imagesld

 

Realmente por más vueltas que le doy al asunto no logro entender a qué juegan los políticos de este país (oficialistas y opositores). Ambos en sus discursos hablan de paz, tolerancia, respeto, justicia, no a la violencia, no a la impunidad, no al sectarismo y sobre todo Información a tiempo y veraz, libertad de expresión. Llamado a no politizar los problemas por los que estamos pasando: desabastecimiento, violencia y muerte, mala-ineficaz-ineficiente la gestión pública, sistema de salud inoperante, sistema educativo mediocre-esclavista y el más grave de todos la INSEGURIDAD que nos obliga a cumplir un toque de queda en nuestros hogares, si es que logramos llegar.

Señores se Educa (cambio de conducta) con el ejemplo. Los políticos opositores hablan de ilegalidad de quien ejerce el cargo de presidente, alegando su nacionalidad no venezolana… Dónde están las pruebas? Esta actitud resta seguidores, siembra dudas y para los que no somos políticos, sino ciudadanos comunes (la mayoría) incredulidad acompañado del irrespeto. Los políticos oficialistas desmienten la situación política, social y económica en destrucción casi que total del país… y señores los ciudadanos no somos ciegos, vivimos a diario las situaciones arriba descritas. Creen que evitando la INFORMACION de los medios de comunicación impresos, televisivos y la que circula por la red solucionan el problema… Pues no, porque los problemas los vivimos a diario.

En cuanto al discurso -ya rayadito- de que los medios y los opositores hasta un “muerto” lo politizan, me permito señalarles que fueron ustedes los que incitaron a estas acciones o prácticas cuando se agarraron la muerte del Ex Presidente -cual circo- manipulando, para que el dolor de sus seguidores les permitieran continuar en el poder a costa de lo que fuera; incluso sacrificando tanto a “Camaradas de inicio” haciéndolos a un lado como a los que les dicen enchufados. Si tanto amaron y aman a ese señor ¿Dónde quedó el respeto a su memoria?

En cuanto a la Bandera que hoy enarbolan -La de la Paz y Conciliación- cabe la pregunta que se hacen millones de venezolanos: ¿Han determinado las causas de la violencia que vive el país?, ¿elaboraron ya, no un proyecto, sino un Plan que nos permita respirar en paz?, ¿se está ejecutando ese plan con responsabilidad? Y ahora la pregunta de la 70.000 lochas… ¿Qué están haciendo los señores y señoras del alto gobierno venezolano, los cuales cito a continuación y no por capricho sino porque es de su competencia cumplir con sus responsabilidades, ellos son:

Nicolás Maduro… Desconozco su Cargo?

Diosdado Cabello Presidente de la Asamblea Nacional

Luisa Ortega Díaz   Fiscal General de la República

Iris Varela  Ministra de Asuntos Penitenciarios

Miguel Rodríguez Torres, Ministro de Interior y Justicia

Comisario José Gregorio Sierralta, Jefe del CICPC

General Manuel Gregorio Bernal Martínez, Director del Sebin, para proceder al desarme de la población que vive al margen de la ley (reos) cumpliendo condena; a los grupos antes denominados Círculos Bolivarianos, que en vehículos, motos, con franelas y gorras del Psuv, azotan las ciudades sin que nadie se atreva a decirles ni pio, a los políticos que usando un lenguaje soez, violento, provocador aparecen en cadena nacional insultando, denigrando, mal poniendo a quien se les da su gana y cuando algún afectado osa responderle en el mismo tono o peor sale la Ortega amenazando con seguirles juicio. ¿Es qué el ostentar el cargo que tienen les otorga ese derecho? Ustedes son servidores públicos, ¿Están haciendo su trabajo?

Ya no se puede esperar más, su tiempo terminó

El pueblo es el llamado a salvar al Pueblo

Sin desarme no habrá Paz

Demandamos un Plan de Desarme Inmediato y Efectivo

#sindesarmenohaypaz

#Leydeldesarmeya

 

 

10 hábitos de las personas altamente miserables


24053

 

“Nada es miserable a menos que pienses que lo es; por otro lado, nada trae felicidad a menos que estés dispuesto a recibirla.”-Boecio

El imperativo de nuestros días es claro: disfruta. Esto es patente en la publicidad y virtualmente en cualquier espacio de la sociedad de consumo en la que vivimos. Disfrutar se ha vuelto sinónimo de bienestar, y si no disfrutas, puede que necesites ir al psiquiatra, o cuando menos, sentirte miserable respecto a tu propia vida.

¿Pero qué pasa si no queremos ni disfrutar ni tener una vida plena, tranquila, con el afecto de algunas personas y seguridad en nuestra forma de vida? La psicoterapeuta Cloe Madanes ha hecho un interesante ejercicio de psicología inversa y se ha propuesto remarcar algunos hábitos de la gente altamente miserable, es decir, de aquellas personas que, lejos de disfrutar la vida en sus pequeños y grandes asombros y placeres, se dedican a hacérsela miserable, tanto a ellos como a los que tienen la mala suerte de estar en torno suyo.

Y es que ser miserable, lo que se dice auténticamente miserable, es un trabajo de tiempo completo: una forma de arte, incluso, si observamos con atención, notaremos el cuidado con que las personas se convierten en verdugos de sí mismas. No hace falta que existan guerras en nuestro entorno, enfermedades y hambrunas: la imaginación humana es capaz de hacer la existencia más próspera un auténtico calvario, un valle de lágrimas, para utilizar la conocida imagen cristiana.

He aquí algunas sugerencias que sin duda harán de tu vida una experiencia insufrible para ti y para los que te rodean:

1. Ten miedo de perder tu trabajo 

El apremio económico puede generar miseria en las condiciones materiales de la vida, pero aunque tengas un trabajo estable y agradable puedes ponerle un poco de sabor a la vida quejándote todo el tiempo de lo que haces (hablaremos de las quejas más adelante), además de temer perderlo. El mercado laboral siempre está fluctuando y no sabemos cuándo nuestra cabeza será la siguiente en la guillotina. Repetirte tus errores constantemente, actuar de manera servil o francamente hipócrita con tus compañeros o simplemente imaginar lo que será morir de hambre en las calles cuando te despidan es una práctica diaria que requiere toda tu angustia.

2. Practica el aburrimiento

Las personas miserables suelen tener un aura de sabelotodos: nada los asombra, y lo que asombra a los demás debe ser rápidamente denunciado como lo que es, una copia burda de algo más. Cultivar el sentimiento de que todo es predecible, de que todo ya ha sido hecho por alguien más, de que el tedio es insufrible, puede hacerte ver a tus propios ojos como una persona culta que ha agotado todas las formas de asombro (sin mencionar que, dejando el asombro fuera de tu vida, nunca estarás en riesgo de verte expuest@ a que algo maravilloso te ocurra).

3. Adopta una identidad negativa

Si no sabes por dónde empezar puedes asumir algún diagnóstico físico o mental y vivir de acuerdo a él: si estás deprimido vuélvete una Persona Depresiva; si te sientes ansioso, vuélvete una Persona Ansiosa. Simplemente deja que tu diagnóstico condicione todos los aspectos de tu existencia y lograrás vivir como un convaleciente, con todas las ventajas que aporta: la gente estará preocupada constantemente por tu frágil estado, y en vez de ser una persona compleja, con días buenos y malos, puedes dar por descontado que incluso los días buenos serán pocos si tu identidad negativa comienza a tomar el control.

4. Discute por cosas tontas

No hablamos de un debate filosófico sino de un asunto de poder: para las personas altamente miserables, tener la razón es más importante que dialogar con el otro para encontrar una verdad común o un terreno de interlocución. Es especialmente útil cuando estás en una relación de pareja, pues el otro siempre manifiesta pequeños detalles que son suficientes para arruinarle el día a los que quieren ser miserables. Discutir es un inmejorable sustituto del amor, pues las constantes peleas erosionarán un afecto mutuo que de otro modo podría crecer y volverse imprevisible y, por tanto, peligroso.

5. Desconfía de las intenciones de los demás

Uno nunca sabe si un comentario, un halago o una pregunta que nos hacen no es en realidad un insulto o una forma velada de humillación. La gente altamente miserable siempre está pendiente de lo que los otros no dicen, más que de lo que dicen efectivamente. Esto puede complementarse con el chisme: no hay nada más miserable que hablar de las segundas intenciones de los demás cuando éstos no están escuchando. Se sabe que, eventualmente, la gente miserable está tan sola que termina relacionándose únicamente con personas tan miserables como ellos mismos (y desconfiando de ellos también, claro).

6. Evita la gratitud a toda costa

La gratitud puede ser el elemento común de todas las vías religiosas, y algo que inmediatamente te ayude a ver lo positivo dentro de las situaciones negativas. Es por eso que debes evitar sentir gratitud a toda costa: nunca digas gracias, por ejemplo: la gente a tu alrededor tiene la obligación de servirte por tus evidentes dotes en (coloca aquí el talento que nadie te reconoce), y sólo un idiota creería que hay tal cosa como “bendiciones”: la vida (eso lo saben mejor que nadie los miserables de corazón) es sufrimiento en la antesala de la muerte. ¿Qué hay que agradecer en ello?

7. Si todo falla, culpa a tus padres

En cierto sentido, una persona miserable es un niño en busca de afecto. Pero ese niño puede aprender también que sus errores no son suyos (y por tanto no hacerse responsable por ellos), sino que sus defectos y fallas son culpa de quienes nos criaron: los padres. No eres tú quien decide cada día el curso de tu propia existencia, sino que estás sobredeterminado por los errores de crianza de tus padres. Repite lo anterior varias veces al día y terminarás odiándolos verdaderamente (y nada mejor para una persona miserable que el odio gratuito).

8. No disfrutes de los placeres de la vida

¿Música, comida, paisajes naturales, arte? Esas son cosas superficiales para gente tonta que no sabe nada de la vida. Las personas altamente miserables saben que todo placer es transitorio y, de alguna forma, egocéntrico, pues son una distracción que no puede nunca compensar el miserable estado del mundo actual. Nada mejor que recordarse constantemente que el mundo es un lugar horrible, lleno de pobreza, enfermedad y devastación para echar a perder cualquier momento de placer.

9. Glorifica o sataniza el pasado

Dicen que todo tiempo pasado fue mejor, pero el pasado también es el lugar de las oportunidades perdidas, desperdiciadas o ignoradas. Si algún día experimentas placer con el estado actual de tu vida, recuérdate cuando no tenías dinero, cuando te divorciaste, cuando te despidieron de algún trabajo o te pusieron una mala nota en la escuela, sin importar que hayan pasado 20 años. “Los malos recuerdos son para siempre”, podría ser un buen eslogan para tener a la vista en cualquier situación.

10. Quéjate. Quéjate. Quéjate

Las personas miserables saben que la crítica podría abrir un fecundo espacio de diálogo: por eso se esfuerzan en permanecer en los lindes de la queja, que no es sino la expresión de su fascinante mente maestra para hallar algo negativo en cualquier situación. Las quejas funcionan también como recordatorios valiosos que los demás siempre estarán dispuestos a escuchar de ti: piensa que no hay nada más fascinante que escuchar a alguien quejarse sobre la política, el clima, sus relaciones o su trabajo. Por otra parte, quejarse tiene la ventaja de hacerte perder la oportunidad de generar en tu vida los cambios que podrían hacerte una persona menos miserable, además de ser un hábito que puede realizarse a solas o acompañado.