A todos los países que hoy humillan a los venezolanos


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Abril 4, 2017

El siguiente texto fue publicado por Charlie González en el grupo de Facebook Inmigrantes en Panamá y nos pareció relevante publicarlo acá ya que expresa la visión de un venezolano que vive en Venezuela sobre los hechos de xenofobia y racismo de los que han sido víctimas muchos venezolanos en diferentes países de América Latina:

Esto es para todos los países que hoy humillan a mis hermanos venezolanos; con esto deseo refrescar sus memorias, cuando el Loco de Hitler invadió Europa y creó el caos de la 2da Guerra Mundial el hambre se apoderó del Mundo, la miseria, la muerte y la desolación eran la moda.

Había un país en Sudamérica llamado Venezuela donde todos los extranjeros venían en busca de pan, techo y paz con la Fe de tener una vida nueva, aquí en mi país consiguieron todo eso, incluso los israelitas que venían huyendo del holocausto Nazi encontraron en Venezuela la tierra Prometida en la que fluye leche y miel, el Edén del Señor.

Mientras otros países les cerraban las puertas por temor a una agresión militar por parte de Hitler, aquí llegaron barcos, buques repletos de mujeres, niños y hombres y el gobierno de Venezuela no tuvo miedo de recibirlos, se les dio techo, trabajo, y una vida digna, los italianos huyendo de Benito Mussolini.

Los alemanes que hasta una colonia entera se les regaló como la Colonia Tovar que queda ubicada en el estado Aragua, los franceses venían por miles a Venezuela corriendo de la guerra, los polacos, los antiguos soviéticos, en fin nunca este país abandonó a un extranjero sumergido en dolor, hambre o miseria.

Ahora quiero hacer hincapié a los Siguientes Países: COLOMBIA, ECUADOR, PERÚ, PANAMÁ ,y CHILE: ¿por qué menciono estos países?, pues por la sencilla razón del incremento humillante con que veo el atropello hacia mi gente, mi sangre bolivariana, a tal punto que desde sus congresos han decretado no recibir más venezolanos que van en busca de un alivio financiero y solución a sus problemas.

Esas cosas yo como venezolano aún no las vivo en carne propia, pero no me voy de mi país porque lo amo; en fin, sigo en dirección de mis pensamientos:

CHILE: Hermanos chilenos, les recuerdo que cuando el dictador General Pinochet los estaba matando de hambre durante casi dos décadas ¿a dónde venían muchos de ustedes a vivir en busca de pan, techo y trabajo? La respuesta es Venezuela donde hicieron vida y nunca salió un decreto del congreso de mi País expulsando a los chilenos.

COLOMBIA: Hermanos colombianos les recuerdo que después que mataron a Eliécer Gaitán han vivido 57 años de guerrilla, con muerte destrucción y hambre, y a ¿dónde han venido ustedes a vivir? La respuesta es Venezuela; donde cinco millones de colombianos hacen vida.

La mitad de su guerra interna se les volvió una narcoguerra imparable que se sustenta con ventas de narcóticos a países como Estados Unidos, sin olvidar que hemos hecho mantenido por décadas a CUCUTA suministrando GASOLINA, ALIMENTOS, LÍNEA BLANCA, REPUESTOS, TRABAJO Y MEDICINAS, y nunca aquí en Venezuela ha salido un decreto del Congreso de la República o Asamblea dictando o prohibiendo el ingreso de Colombianos a Venezuela como ya ustedes lo han hecho solo porque ahora entre comillas si tienen plata.

PANAMÁ: Hermanos Panameños cuando el loco del General Noriega los estaba matando de hambre durante los 80 ¿a dónde venían ustedes? Al único país más rico del mundo: Venezuela, y aquí ustedes consiguieron trabajo, comida, casa, hicieron vida y no había leyes de inmigración venezolanas humillándolos y diciendo fuera de aquí malditos panameños, aquí nunca se les cerró las puertas a ustedes, como lo están haciendo ustedes ahora con nuestros hermanos venezolanos solo porque tienen un puerto y han convertido en paraíso fiscal para muchos corruptos y esto es para su propia reflexión.

ECUADOR: Hermanos ecuatorianos que durante décadas han vivido dictaduras y durante el gobierno consecutivo del Dr Jose Velasco Ibarra quien dejó al Ecuador en la peor basura del hambre, miseria donde mataban por un pedazo de pan, ¿a donde venían muchos de ustedes buscando ayuda para trabajar, comer, y tener paz? Pues aquí en Venezuela y nunca mi país sacó un decreto de ley para expulsar a los ecuatorianos de aquí y ahora tenemos mis hermanos venezolanos en situación de calle porque su país no les da empleo y los aborrecen como si fuera lo peor del mundo. En el cielo está El Señor mirando estas injusticias con estupor.

PERÚ: Hermanos del Perú les voy hablar corto como historiador, durante el año 1980 ustedes estaban sumergidos bajo la sombra oscura de los grupos terroristas y guerrilleros como Sendero Luminoso y Tupac amaru, con una hiperinflación del 1700%, y aún en la década de los 90 con Alberto Fujimori, quien es japonés, por cierto, la crisis cada vez era peor, ¿a dónde venían ustedes en busca de ayuda? A Venezuela, y nunca mi país los humilló, aquí todos los peruanos hicieron vida con comida empleo y paz, nunca el congreso sacó una ley para perseguirlos y sacarlos de mi país.

Así que concluyo, mi país es el más rico del mundo: Petróleo pesado, extrapesado, liviano, extraliviano, gas natural, minería, la gasolina más económica, por menos de un dólar llenas tu tanque del carro o coche; agua dulce como ningún otro país tiene, y sin más que agregar, tenemos las mujeres más bellas del planeta para tener hijos hermosos y sanos, dejen de humillarnos porque esto que estamos viviendo en cualquier momento se termina y vamos a recoger a toda nuestra gente humillada a que vuelvan a su país, su hogar, su patria. Muy pronto seremos a todo dar VENEZUELA.

Charlie González

Un juego rudo; Por Marianella Salazar


The unprecedented performance of Nicolás Maduro and his accomplices, who always boasted of being the most anti-imperialist on the planet, now react with extreme caution, asking President Trump for cocoa instead of his usual visceral responses. From Bush to Obama, all the presidents of the United States received a barrage of insults and insults peppered with vulgarities, however, with Donald Trump, who has demonstrated willingness to corner the Venezuelan government, giving green light to the sanctions of the Treasury Department against Officials of Maduro’s government, the reaction has been prudent, silent, even childish, advising Mr. Trump to “open their eyes because they are imposing policies against Venezuela,” that only shows fear, fear of reprisals, that one Of these days Trump rises with one of its intemperances and orders not to buy more Venezuelan oil and there, ay papá!, The thing turns ant color because the United States is the only partner that pays cash, it is not doing chimbos exchanges like The Russian military junk, or the disposable junk from China.
Trump, with his face of a slaying slayer, is the bad guy in the film, he does not look anything like that thin, thin but very fine, very “bold” and arrogant, like Obama, who according to the former Undersecretary for Hemispheric Affairs , Roger Noriega, “blocked sanctions against Chávez leaders allegedly involved in drug trafficking and promoted dialogue that weakened the Venezuelan opposition,” which would explain Thomas Shanon’s visits as a special envoy. President Trump follows another diplomatic strategy, involving other countries of the continent, directly poses to his colleagues in the hemisphere the need for the Venezuelan government to respect democratic principles and demands the freedom of more than 100 political prisoners, receives the Venezuelan opposition In the White House, as he did with the wife of prisoner of conscience Leopoldo López, calls for the restoration of elections and wants a democratic government through a negotiated transition. Trump is determined to achieve this and has been willing to corner the regime. It’s a rough game.
For now, Maduro responded to Trump’s request to immediately release Leopoldo López with the final sentence of the Supreme Court of Justice, now will come the counterattack of the State Department: more sanctions, more emblematic names that unveil the network of corruption and drug trafficking In Venezuela. In the regime there is a commotion, that is why Zapatero returns to pay very well-paid services of “lifeguards”, to try to prevent that Maduro falls in the muladar of history, like the Egyptian Hosni Mubarak, that governed Egypt by 30 years and He was arrested after mass protests; Or Libyan dictator Muammar Gaddafi, who after 42 years in power was executed in the street by an angry mob.
Maduro, like so many other dictators, bluntly announces that there will be no more elections in Venezuela until he can win them, despite having a minority of 12% of the population, he wants to hoard power, banning political parties, ignoring the Assembly And systematically violating the Constitution. If regional leaders do not remain oblivious to our tragedy, the regime will have no other to capitulate, as did the African dictator Yahya Jammeh, who recently abandoned power after intense negotiations and military threats. If freedom could reach the Gambia, why not the Africanized and martyred Venezuela?

Español

No deja de sorprender la actuación inédita de Nicolás Maduro y sus cómplices, que siempre se jactaron de ser los más antiimperialistas del planeta y ahora reaccionan con extrema prudencia, pidiendo cacao al presidente Trump, en vez de sus acostumbradas respuestas viscerales. De Bush a Obama, todos los presidentes de Estados Unidos recibieron una andanada de insultos y denuestos salpicadas de vulgaridades, sin embargo, con Donald Trump, que ha demostrado disposición para arrinconar al gobierno venezolano, dando luz verde a las sanciones del Departamento del Tesoro contra funcionarios del gobierno de Maduro, la reacción ha sido prudente, silenciosa, hasta infantil, al aconsejar a Mister Trump que “abra los ojos porque le están imponiendo políticas en contra de Venezuela”, eso solo demuestra pavor, miedo a represalias, a que uno de estos días Trump se levante con una de sus intemperancias y ordene no comprar más petróleo venezolano y allí, ¡ay papá!, la cosa se pone color de hormiga porque Estados Unidos es el único socio que paga cash, no anda haciendo intercambios chimbos como el de las chatarras militares rusas, ni el de cachivaches desechables de la China.

Trump, con su cara de matarife espelucado, es el malo de la película, no se parece en nada a ese negrito fino, fino pero muy fino, con mucha “ciricuntancia” y sin arrogancia como Obama, que según el ex subsecretario para Asuntos Hemisféricos, Roger Noriega, “bloqueó sanciones contra líderes chavistas presuntamente involucrados en el narcotráfico y promovió el diálogo que debilitó a la oposición venezolana”, lo que explicaría las visitas de Thomas Shanon como enviado especial. El presidente Trump sigue otra estrategia diplomática, que involucra a otros países del continente, plantea directamente a sus colegas del hemisferio la necesidad de que el gobierno venezolano respete los principios democráticos y exige la libertad de más de 100 presos políticos, recibe a la oposición venezolana en la Casa Blanca, como hizo con la esposa del preso de conciencia Leopoldo López, pide la restauración de las elecciones y quiere un gobierno democrático a través de una transición negociada. Trump está empecinado en lograrlo y se ha dispuesto a acorralar al régimen. Es un juego rudo.

Por ahora, Maduro respondió a la solicitud de Trump para liberar de inmediato a Leopoldo López con la sentencia definitiva del Tribunal Supremo de Justicia, ahora vendrá el contrataque del Departamento de Estado: más sanciones, más nombres emblemáticos que develaran el entramado de corrupción y narcotráfico en Venezuela. En el régimen hay una conmoción, por eso Zapatero regresa a prestar sus servicios muy bien remunerados de “salvavidas”, para tratar de impedir que Maduro caiga en el muladar de la historia, como el egipcio Hosni Mubarak, que gobernó Egipto por 30 años y cayó preso después deprotestas multitudinarias; o del dictador libio, Muamar Gadafi, que después de 42 años en el poder terminó ejecutado en plena calle por una turba enfurecida.

Maduro, como tantos otros dictadores, anuncia sin rubor que no habrá más elecciones en Venezuela hasta que pueda ganarlas, a pesar de tener consigo a una minoría de 12% de la población, quiere acaparar el poder, ilegalizando partidos políticos, desconociendo a la Asamblea Nacional y violando sistemáticamente la Constitución. Si los líderes regionales no permanecen ajenos ante nuestra tragedia, al régimen no le quedará otra que capitular, como hizo el dictador africano Yahya Jammeh, que abandonó recientemente el poder después de intensas negociaciones y amenazas militares. Si la libertad pudo llegar a Gambia ¿por qué no a la africanizada y martirizada Venezuela?

La dramática marcha de los venezolanos al exterior


Esta entrada de Opinión escrita por Miguel Henrique Otero, la comparto con un inmenso dolor que oprime mi pecho y un aguacero de lágrimas que nublan mi visión para transcribirla. 

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06 DE FEBRERO DE 2017 12:41 AM

No hay palabras para describir la extensión del fenómeno migratorio en proceso: adonde quiera que se viaje, uno se encontrará con venezolanos que, en los años recientes, han salido del país para proteger y salvar sus vidas. La dimensión geográfica de lo que viene ocurriendo escapa a cualquier previsión. No se limita a los destinos más recurridos como Colombia, Panamá, Estados Unidos, Chile, España, Ecuador, República Dominicana, Australia, México, Argentina, Perú y otros. Ahora mismo hay venezolanos que se han instalado en países con los que nunca hemos tenido vínculos, muchos de los cuales viven en ciudades y pequeños pueblos de los que nunca habíamos tenido noticias.

Las razones por las que casi dos millones de personas se han marchado del país pueden describirse de múltiples formas: para buscar oportunidades de estudio o trabajo; para escapar del espectáculo de destrucción del país; para evitar los humillantes padecimientos de la vida cotidiana; para impedir que la persecución política los condujera a una prisión. Pero en todos está la cuestión fundamental de la inseguridad: lo más real, lo más apremiante, el motor decisivo de la acción de marcharse a otro país, por encima de cualquier otra consideración, es la de escapar de la violencia delincuencial. Los venezolanos se han marchado para evitar la pena de muerte aleatoria que ha tomado las calles de Venezuela.

En su conjunto, se trata de una historia dolorosísima. Apenas una minoría, haciendo uso de sus ahorros ha logrado crear un negocio o establecer una actividad profesional. Unos pocos han encontrado un empleo acorde a sus capacidades. Hay jóvenes cuyos méritos les han permitido obtener una beca para hacer estudios de posgrado. Pero en el reverso de estos casos satisfactorios, hay otros, la inmensa mayoría, que son de sacrificio, dificultades y dura sobrevivencia.

Un abogado que tenía una próspera actividad profesional trabaja en un aeropuerto plastificando maletas. En una estación de servicios, todos los empleados son venezolanos: todos eran técnicos agrícolas que se desempeñaban en Agroisleña. Una reputada y extraordinaria médico venezolana, oncóloga especialista en niños, prepara comidas a domicilio. El que era accionista de una finca de cría de cerdos, en las afueras de Maracay, vive de retirar y entregar alfombras para una tintorería especializada. Y así, no hay lector de este espacio que no tenga una historia, propia o de un familiar o de un amigo, que no sea una historia de sobrevivencia. A cambio de una mínima garantía de vida, casi dos millones de venezolanos han trastocado sus existencias por unas realidades de subempleo o desempleo, de familias dispersas en distintas partes del mundo, de aislamiento emocional y creciente desconexión con el país.

El fenómeno de la migración venezolana no ha cesado. Todos los días, más y más personas pierden la batalla y se marchan. Hay países y ciudades donde los venezolanos comenzamos a ser molestos. Motivo de preocupación para las autoridades locales, por la cantidad. No solo han emigrado personas de talento, que son acogidas con respeto y entusiasmo, sino también otras que tienen dificultades para adaptarse a realidades sociales y culturales tan distintas a la nuestra.

Este vasto y terrible fenómeno es un producto deliberado. El Estado, consagrado en buena medida a ilícitos y prácticas delictivas, ha sido cómplice del auge de la delincuencia. Y no me refiero solo a las crecientes denuncias que establecen lazos entre el narcotráfico internacional y autoridades venezolanas; entre la narcoguerrilla colombiana y autoridades venezolanas; entre las mafias contrabandistas y autoridades venezolanas; sino a una cuestión todavía más candente, que son las bandas paramilitares las que, bajo el disfraz de exhibirse como colectivos revolucionarios, delinquen con total impunidad. Matan como viene ocurriendo en la parroquia caraqueña del 23 de Enero. Impiden la presencia policial o militar en sus cotos.

Tras esta situación terrible, queda un país plagado de preguntas.

¿Venezuela ha perdido esos talentos que huyeron para salvar sus vidas o hay alguna probabilidad de que, al menos una parte, regrese a participar en la reconstrucción del país?

¿Estamos corriendo el riesgo de que nuestros compatriotas empiecen a ser víctimas de conductas discriminatorias y violentas en aquellos lugares donde su número comienza a ser molesto?

 Y en Venezuela…

¿Hasta dónde llegará la alianza entre delincuentes y uniformados, ahora que cada día hay más civiles a los que les han sido otorgadas atribuciones relativas a la seguridad en las comunidades?

 ¿Será posible que en el más alto nivel del gobierno haya personas, como sostienen algunos expertos, preparando estructuras y redes para ampliar su participación en el negocio del narcotráfico?

Y yo me pregunto y les pregunto:

¿Será que los venezolanos solo en 17 años perdimos todos los valores referidos a la Dignidad, la Justicia, el Honor, la Bondad, la Humildad, el Amor a la vida al País en el que nacieron y construyeron generaciones en 525 años? ¿Involucionamos hasta la barbarie?

“Para irse de Venezuela hay que ser muy valiente”, Laureano Márquez


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Considerado como uno de los mejores humoristas de Venezuela, Laureano Márquez se dedica a recorrer el mundo difundiendo importantes reflexiones a través de su ingenio. Con ello espera contribuir de alguna manera con el cambio que precisa el país donde nació para sacarlo del atolladero en que se encuentra.
Por Eliana Pantoja

 En entrevista exclusiva con Eliana Pantoja / Diario de Las Américas , el también politólogo ofreció un diagnóstico de impacto; mientras que el humorista nos llevó a las profundidades de la mente, alma y corazón de los venezolanos que enfrentan el mayor reto de la historia nacional. “Este momento nos va a dejar tan devastados como la Guerra de Independencia y la Guerra Federal”, aseguró Márquez.

– Habían dicho que se radicó en Estados Unidos, pero nos encontramos que vive aún en Venezuela y además que pronto estará en Panamá presentando uno de sus excelentes espectáculos.

No me he ido del país. Quiero en la medida de lo posible evitar hacerlo. Me parece que para irse de Venezuela hay que ser muy valiente; y bueno, nosotros tenemos más de 1 millón 600.000 venezolanos muy valientes. Sí viajo con frecuencia. Voy efectivamente a Panamá como has dicho. Acabo de estar en EEUU haciendo una presentación en Miami y en Houston y probablemente más adelante haremos una gira por Europa.

Hay muchos venezolanos fuera de Venezuela. En la medida de lo posible nos acercamos a ellos para llevarles un poco de humor y de esperanza. Entendemos que estar fuera del país es una situación muy dura. Nosotros no somos un pueblo con tradición de emigrar.

– Usted que conoce a tantas comunidades de venezolanos en el exterior, ¿percibe en algunos de ellos la intención de retornar al país en el caso de que mejoraran las cosas?

Venezuela es una tierra maravillosa, no porque tiene el Pico Bolívar, o porque tiene los Llanos, el Salto Ángel, Morrocoy o los Roques. Venezuela es una tierra maravillosa porque tiene venezolanos. La emigración venezolana es distinta a cualquier otro tipo de migración latinoamericana. Nosotros estamos enviando fuera de Venezuela nuestra gente más talentosa, la más preparada. Y se están yendo porque Venezuela se ha convertido lamentablemente en una prisión para el ciudadano. Nosotros vivimos un terrorismo de Estado. Tenemos la amenaza del Gobierno y además la amenaza de los “malandros” (ladrones)…

Yo estoy seguro de que el 150% de esa gente – si las cosas en Venezuela cambiaran – estaría dispuesta a regresar. Digo el 150% porque es el 100% de los que se fueron más el 50% de los que se casaron con gente de allá que se la traerían para acá. Como yo conozco el alma venezolana, como yo la percibo, quien me está escuchando en este momento desde afuera, me escucha desde la nostalgia de que quiere estar en su casa.

La principal razón por la que yo voy a Panamá, voy a EEUU o lugares más distantes como Noruega o en Escocia es porque voy en una especie de misión de vida. Si gano o si pierdo me da exactamente lo mismo porque estoy compartiendo con la gente que necesita un poquito de entusiasmo.

Mi mensaje para el venezolano que está afuera es que aguante, que resista. Quizá este no es el momento para retornar al país, pero que se prepare, que se forme, porque cuando pase este momento de la gente incapaz, de la gente delincuente que solo sabe robar, vendrá el momento de la gente buena, de la gente responsable, de la gente inteligente.

– Como politólogo, ¿qué cree que hace falta que se dé en Venezuela para que esta masa de gente que está fuera del país retorne?

En esto debo ser honesto. El proceso de recuperación que Venezuela requiere en este momento es largo y difícil porque Venezuela no ha terminado de ser destruida. Lo que estamos viendo ahora es solo la punta del iceberg.

El problema de Venezuela en este instante ya no es ni siquiera un cambio de Gobierno, que lo necesitamos con urgencia. Venezuela necesita un profundo cambio espiritual.

– ¿Hay una luz al final del túnel?

En Venezuela sí hay una luz al final del túnel y es una gandola (camión) que viene de frente, desmachetada [a toda velocidad] y sin frenos. En lo inmediato, las cosas se van a poner difíciles. La luz que veo al final del túnel está aquí adentro en la cabeza de los venezolanos. Si el barril de petróleo llega a 3.000 dólares y aquí adentro no pasa nada, esos reales (dinero) se van a ir para Andorra igualito que se fueron ahorita. Venezuela está viviendo un suicidio colectivo.

Laureano Márquez también habló del trabajo que ha venido haciendo la oposición venezolana, reflexionó sobre el “secuestro de la Internet” y la intervención de todos los medios de comunicación en el país.
Mi opinión:
Quizá la parte más impactante fue conocer que el humorista venezolano comienza a perfilarse como posible candidato a la presidencia de su país; y hasta nos dio un mensaje de gran impacto asumiendo el papel de un Jefe de Estado. Demostró que no es tan descabellado pensar en que un humorista pueda convertirse en Presidente de Venezuela, luego de que por Miraflores han pasado tantos personajes que han generado mucha risa en sus incongruentes intentos por conducir los destinos del país.
Mientras los ojos del mundo están sobre ataques terroristas en Europa que dejan 3 o 4 muertos, en Venezuela, un régimen terrorista nos está matando de hambre y nadie nos pone en las principales páginas del mundo.
Esta ocasión tenemos el caso de este señor identificado como Manuel A. Jiménez de 63 años que murió mientras hacía la cola para comprar la comida en la Central Madeirense de La Isabelica – Valencia.

Dieciocho años de atraso, por Claudio Fermín


Chavismo

Hace dieciocho años el chavismo inició su gobierno. Sucedieron al Movimiento al Socialismo y a Convergencia, quienes con Caldera a la cabeza administraron el país los cinco años precedentes al triunfo electoral de Chávez.

Dispusieron de una nueva Constitución que creaba las condiciones ideales para alcanzar los retos que se habían propuesto para hacer la revolución.

La Asamblea Constituyente que sirvió de marco para la aprobación de la Constitución cambió el poder judicial, juez por juez. También cambió la conformación del Consejo Supremo Electoral que pasaría a llamarse Consejo Nacional Electoral y a estar dirigido por rectoras en vez de conformado por representantes de los partidos políticos.

Cambios operaron por igual en la Contraloría General de la República y en la Fiscalía. Convocaron nuevas elecciones en lo que se dio en llamar la relegitimación de los poderes y el chavismo obtuvo mayoría en la nueva Asamblea Nacional, en las gobernaciones y en las Alcaldías.

Con todo el poder transcurrieron diecisiete años hasta que este año 2016 se instaló una Asamblea Nacional en la que el chavismo está de minoría después de perder las elecciones del pasado 6 de diciembre.

Ese control institucional blindado ha servido para que la Contraloría se haga de la vista gorda con el saqueo de las arcas públicas y para que el Tribunal Supremo de Justicia de piso jurídico a grotescas violaciones de la Constitución y de las leyes.

Dinero tampoco les faltó. Impusieron el impuesto al valor agregado y crearon impuestos disfrazados de tasas para evadir el debate parlamentario. El Seniat anuncia cada año, con bombos y platillos, records de recaudación y esa fiesta propagandística ha dejado constancia de jugosos ingresos.

Por más de diez años el barril de petróleo se vendió por encima de los cien dólares y los demás años a setenta, ochenta dólares, más de siete veces lo que cuesta producir cada barril.

Ha sido un mandato sin interrupción, dieciocho años continuos. Han tenido, pues, tiempo, recursos financieros y apoyo institucional absoluto.

Sólo faltó capacidad y probidad en quienes se ataron a un modelo totalitario que suprimió libertades económicas y políticas, dando por resultado la ruina de hoy.

@claudioefermin

¿Quién dijo miedo?; por Leonardo Padrón


“No temas ni a la prisión, ni a la pobreza, ni a la muerte. Teme al miedo”.
Giacomo Leopardi.

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¿Quién dijo miedo? El gobierno. Dijo ¡Buu! Asústate. Si no votas por mí llegará el apocalipsis, el diluvio, la sangre. Ajá. Y esto en lo que hoy chapoteamos, ¿qué es? ¿El mar de la felicidad, versión Venezuela? ¿O uno de los círculos del infierno de la Divina Comedia de Dante?  El régimen, ante la estampida de sus seguidores, los amenaza con el advenimiento del caos. Vota por nuestros diputados o el destino será tenebroso.

Como si no fuéramos ya inquilinos de la oscuridad.

“¿Qué sería del poder sin el miedo? Sin el miedo que el propio poder genera para perpetuarse”. Esta frase es nada menos que del mismísimo Eduardo Galeano, alguien que solía mostrar su entusiasmo con el proyecto de Hugo Chávez. Vaya paradoja. Ahora sus palabras sirven para describir al calco la estrategia que el comandante, no tan eterno, y ahora su errático heredero han implementado para preservar las mieles del poder.

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El ambiente es de zozobra químicamente pura. La cercanía de las elecciones parlamentarias ha llevado las expectativas al límite. Estamos en el punto de ebullición. Es la imagen del agua asomando sus primeras burbujas en la olla. Andamos con una sensación de noveno inning con las gradas ardiendo, de juego de fútbol acercándose al minuto 90, de película próxima a los créditos finales, de equilibrista trastabillando en la cuerda floja. Esto ya no da para más, es la opinión general. Nos encontramos en el sótano 5 de la crisis y muchos aseguran que ya no quedan más pisos hacia el fondo de la tierra. Pero seamos justos, es una sensación en la que tenemos meses (¿años?) viviendo. Y no hay cuerpo —ni país— que aguante tanta tensión.

El fracaso de la gestión presidencial es ensordecedor. Hay alboroto en los pasillos del partido de gobierno. Hay disidentes tronando en voz alta. Y Maduro sólo opta, cual guapetón de barrio, por amenazar. Grita. Farfulla. Se pone estentóreo. Está apelando a la última carta posible: el miedo.

Entonces anuncia que el país entrará en clima de guerra si la revolución pierde, que la tragedia se abatirá sobre todos, que las avenidas se llenarán con el tronar de los “caballos de hierro”, que él mismo se lanzará a la calle. Ante tal retórica, sin duda, hay gente que se espanta, se repliega. Es una vieja fórmula: la amenaza como herramienta de control social.

Czeslaw Milosz decía que el miedo era el principal habitante de Europa en el siglo XX.  Los estados totalitarios hacen uso frecuente del miedo para sojuzgar a las masas. Y ante la ruina monumental que hoy somos, no le queda otra opción al régimen. Si a eso le sumamos el triunfo de la oposición que anuncian  las encuestas y el hervor de la crisis económica, es natural que el país entero se pregunte- con extrema inquietud- qué va a pasar en diciembre.

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Me encuentro a un amigo en un cóctel. Me comenta que hace poco fue secuestrado cuando regresaba a su casa. Lo lanzaron a la parte posterior de su camioneta. El corazón se le convirtió en miedo. Rogaba que no lo mataran. Los criminales negociaban el monto del rescate con sus familiares. Estaban como apurados. Entonces le comentaron: “Chamo, es que ahorita estamos chambeando full porque no sabemos lo que va a pasar en diciembre”.

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En una conversación vecinal con el director de Polibaruta, éste asomó un dato que fue sintomático de la zona de oscuridad a donde hemos llegado. Decía que a la hora de analizar los delitos  se llegaba a la conclusión de que gente que antes no delinquía, ahora lo hace. Al oír eso me arrasó la tristeza.

Hay venezolanos que han comenzado a delinquir para sobrevivir a la penuria económica. Hombres que se inician arrebatando un celular a cualquiera en la calle, para luego venderlo por una cantidad de dinero que resolverá la compra de útiles y uniformes de sus hijos y el mercado de los próximos días. Habrá calmado su vergüenza ante la posibilidad de no cumplir con su rol de proveedor del hogar. La conciencia, pues, la esconderá en la última gaveta. Avalado por la impunidad,  reincidirá una y otra vez. Escalará niveles en el calibre de los delitos. Obtendrá dinero de manera tan fácil que se asombrará. Sentirá que sus dificultades se comienzan a resolver. Se tornará insaciable. Lo convencerán que con un arma es más seguro. Quizás un día, ante una imprevista resistencia o ante su propio miedo, disparará el arma. Habrá nacido un asesino. ¿Cuántas veces al día está ocurriendo este fenómeno en las calles de Venezuela?

Al hombre nuevo se le han llenado las manos de sangre.  Y eso, a cualquier sociedad, le da miedo.

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Tengo una reunión pactada en el café de un centro comercial. Llego temprano. El interior del local está abarrotado. Me toca sentarme en las mesas que colindan con la calle. Están separadas de la calzada apenas por una baranda. Me siento expuesto, vulnerable. Siento, en una palabra, miedo. Miedo de que pueda asomarse un delincuente por la baranda y atracar a los que allí estamos. Al instante, surge un hombre de roído aspecto, tiene las manchas del asfalto en la cara, su ropa es un andrajo total. Observa a los clientes y, en un tris, alza el pestillo de la baranda y entra al local. “Listo, me atracaron”, pensé. Pero al soplo entendí que era un zombi de la pobreza extrema, un indigente. Me pidió dinero para comer. En su boca apenas pendía un diente negro que amenazaba con caer al vacío en cualquier momento. Le dije la verdad: “No tengo sencillo, amigo”. Su respuesta no tuvo desperdicio. Con gesto rápido sacó del bolsillo posterior del pantalón su cartera y me dijo: “Tranquilo, yo te cambio. ¿Cuánto tienes ahí?”.

A veces el miedo puede transformarse en carcajada.

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¿Recuerdan cuando antes todas las noticias de la crónica roja cabían en la última página del periódico? Hoy, en cambio, hay más delitos que papel periódico, lo cual de por sí es un delito. Pero el hecho es que ni las redes sociales se dan abasto. Nuestra violencia es un desagüe sin pausa.

Un miércoles de octubre la prensa anunciaba un crimen, tan trágico como rutinario: “Mataron a un comerciante y secuestraron a su hermana”. La reseña dejaba la sensación de que la fatalidad se había ensañado con la familia Eiriz Vega. No sólo acuchillaron al dueño de la casa, no sólo desvalijaron la casa y se llevaron el carro, sino que además se llevaron secuestrada a la hermana de la víctima. La nota de la periodista Angélica Lugo en El Nacional resaltaba un dato perturbador: “hasta el cierre de esta edición la mujer de 21 años permanecía secuestrada”. Me quedé largo rato reflexionando sobre el dolor de esa familia. A cualquiera le podría pasar algo así. El miedo revoloteó alrededor como un pájaro sombrío.

Sorpresa. Dos días después el evento vuelve a ser noticia  con una vuelta de tuerca inesperada. La joven plagiada era cómplice en el homicidio de su hermano. Fingió su secuestro. Era amiga de los tres delincuentes. La atraparon en un hotel del centro de Caracas vendiendo el carro hurtado. ¿Qué hace que una mujer sea capaz de asaltar su propia casa y matar a su hermano?

Lo que da miedo es la dimensión amoral que hoy gravita sobre los venezolanos.

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A propósito de las arengas presidenciales donde se derraman tantas palabras sobre la paz, una línea de Gonçalo Tavares: “Una sola bala pesa más en la existencia individual que un discurso de diez mil palabras”.

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El miedo a vivir en Venezuela. El miedo a tanta incertidumbre. El miedo del Fiscal Nieves a ser un preso como la jueza Afiuni. El miedo a la noche. El miedo a disentir. El miedo a ser despedido de un ministerio por tener una foto de una marcha opositora. El miedo a perder el dinero de las misiones, ese que te exige gritar “viva la revolución”. El miedo a los colectivos armados. La obediencia como efecto del miedo.

El miedo del régimen a perder su reino. Al hartazgo convertido en voto castigo. A su precaria existencia sin Chávez.

En esta campaña, la única oferta electoral del gobierno es el miedo. Dicen ¡Buu! “Si no estoy yo en el poder, viene la penuria”, remachan. Por tradición, sólo amenaza el que se siente perdedor. Igual que la estrategia del kirchnerismo en las elecciones argentinas. Es lo que requiere el Estado para controlarnos. “El miedo manda”, decía Galeano.

Pero hay que olfatear la calle. Encuestar la rabia, la humillación, el cansancio. Hoy pareciera imponerse un solo miedo: el miedo a que este desastre se prolongue. Ya la gran mayoría no cree en las amenazas de siempre. Entonces, ha llegado la hora de decir, retadora y libremente: ¿Quién dijo miedo?

Ya hoy no se trata de tener miedo, sino de quitarlos del medio. Con la legítima herramienta del voto. Por una sencilla razón: tienen 17 años estorbando el derecho de un país entero a ser normal.

Y es el momento. ¿Quién dijo miedo?

 

Sin embargo….

Padrón dice: “Esto ya no da para más, es la opinión general. Nos encontramos en el sótano 5 de la crisis y muchos aseguran que ya no quedan más pisos hacia el fondo de la tierra. Pero seamos justos, es una sensación en la que tenemos meses (¿años?) viviendo”. En efecto, años. Décadas.

Cabria acotar que la llamada cuarta republica y gobiernos anteriores han sido niños de pecho ante este descarado régimen.

Cuando investigamos el pasado del país, 1998 hacia atrás, nos encontramos las mismas referencias a situaciones terminales, a inseguridad terrible, a corrupción rampante, a escasez, a acaparamiento, a especulación, a desempleo, a inflación y a tensiones sociales.

Todos y cada uno de los problemas que hoy nos quieren vender como únicamente pertenecientes al tiempo actual, resulta que nos han castigado desde hace más de 40 años. En cada época lo hemos percibido como acabose.

Antes los medios privados, empiernados con el poder, dejaban apenas espacio para la denuncia. Una página apenas para tanto crimen que hubo. ¡Increíble!

Nadie acá teme votar, pero si tiene miedo de tanta política mediocre que existe.