MARIO VARGAS LLOSA… VENEZUELA


3 FEB 2019 – 00:00 CET

Algún día se escribirá un gran libro sobre la heroica lucha del pueblo venezolano contra la dictadura de Chávez y Maduro, que recuerde los sufrimientos que ha padecido todos estos años sin cesar de resistir, pese a los torturados y a los asesinados, a la catástrofe económica —probablemente la más atroz que recuerde la historia moderna— que ha llevado a un país potencialmente muy rico a la hambruna colectiva y ha obligado a cerca de tres millones de ciudadanos a huir, a pie, a los países vecinos para no perecer por la falta de trabajo, de comida, de medicinas y de esperanza. Menos mal que el martirio de Venezuela parece llegar a su fin, gracias al nuevo ímpetu que han inoculado Juan Guaidó y otros jóvenes dirigentes a la resistencia.

Parece imposible, ¿no es cierto?, que una dictadura rechazada por todo el mundo democrático, la OEA, la Unión Europea, el Grupo de Lima, las Naciones Unidas y, cuando menos, por tres cuartas partes de su población, pueda sobrevivir a esta última arremetida de la libertad con la proclamación, por la Asamblea Nacional de Venezuela (el único organismo más o menos representativo del país), de Juan Guaidó como presidente encargado de convocar nuevas elecciones que devuelvan a la nación la legalidad perdida. Y, sin embargo, el tirano sigue todavía allí. ¿Por qué? Porque las Fuerzas Armadas aún lo protegen y han tendido un escudo protector en torno suyo. Los hemos visto, allí en la televisión, a esos generales y almirantes empastelados de medallas, mientras el ministro de Defensa, general Vladimir Padrino, juraba lealtad al régimen espurio. Lo que explica esta supuesta lealtad no son afinidades ideológicas. Es el miedo. El recurso del que se valió Chávez, y que continuó Maduro con esta cúpula militar para asegurar su complicidad, fue comprarla, entregándole prácticamente el negocio del narcotráfico, de tal manera que buen número de estos oficiales se han hecho ricos y tienen sus fortunas en paraísos fiscales. Pero casi todos ellos están fichados internacionalmente y saben que, cuando caiga el régimen, irán a la cárcel. Las promesas de amnistía que les ha hecho llegar Guaidó no los tranquilizan, porque sospechan que no valen fuera del territorio venezolano, y sus sucias operaciones están perseguidas y serán penadas por tribunales internacionales a lo largo y ancho del planeta.

Sigue leyendo

Historieta de Venezuela: de Macuro a Maduro, por Laureano Márquez


19

El extraordinario humorista gráfico Eduardo Sanabria (Edo) y este servidor de Internet, acabamos de concluir luego más de 100 años de preparación (la sumatoria de toda su vida y de la mía) un libro que nos produce enorme emoción: una versión humorística (bastante seria por tanto) de la historia venezolana, cuyo título es el que encabeza al presente escrito.

No faltará quien considere nuestro arduo esfuerzo como una temeridad de nuestra parte, puesto que ninguno de los dos autores es historiador. Sin embargo, si otros, con mayor responsabilidad que nosotros, han tergiversado la historia nacional, ¿por qué no hacerlo nosotros con más razón, que somos tergiversadores de oficio?Por ello, lo nuestro, más que historia, es historieta, es decir una historia en diminutivo, un relato divertido y una sucesión de imágenes que pretenden explicar lo que muchas veces consideramos inexplicable.

Duelo a garrotazos, por Laureano Márquez


Duelo-a-garrotes-por-Laureano-Marquez

En un artículo de prensa, una escritora española (con perdón por el adjetivo), Isabel San Sebastián (más castiza imposible), escribió que el cuadro que mejor resume a España es el de “Duelo a garrotazos” de Francisco de Goya, pintor español que vivió entre 1746 y 1828. Este comentario no puede pasar desapercibido para un venezolano que indague sobre su propio destino, porque nosotros somos sin duda -en parte- herederos de las contradicciones del alma de nuestros conquistadores. No en balde el 59,8% de nuestra historia es la de España.

El cuadro, como bien dice el título, representa un duelo a garrotazos entre dos españoles, suponemos que del comienzo del siglo XIX, acontecimiento de singular barbarie, que al parecer era frecuente en esos tiempos. Es un cuadro de la época de Goya que se conoce como “Pinturas negras”: Goya, encerrado en su casa, pintaba murales en distintas tonalidades de grises y negros -en este caso también marrones oscuros, ocres- con temas que evidenciaban el desgarramiento interior del artista y su inquietud por los difíciles momentos de los que era testigo. Dos hombres, se enfrentan en un duelo, usando unos garrotes. Están ensangrentados y enterrados casi hasta las rodillas. No hundidos en barro como se ha dicho, se han enterrado a propósito en el terreno para obligarse a no escapar del terrible destino de asesinarse el uno al otro. Están en medio de un paisaje desolado, gris, oscuro como la España de Goya, con un pedazo pequeño de esperanzador y luminoso cielo azul al fondo, que pasa casi desapercibido en medio de la sombría escena. Muchos han querido ver en ese cuadro una síntesis de la tragedia española de vivir siempre en enfrentamientos fratricidas, haciendo honor a la frase de Mariano José de Larra: “Aquí yace media España, murió de la otra media” (frase premonitoria para alguien que vivió un siglo antes de la Guerra Civil).

Sigue leyendo

Zapatero no es reconocido por la Unión Europea como mediador en Venezuela


Luis-Rodriguez-Zapatero-Mediador-UE

Espero que así lo entiendas Zapatero y la Comunidad Internacional. este hombre es solo un bueno para nada, metiche arrodillado a un Régimen que lo pone de monigote. Dios ten dignidad y vergüenza.

El ex presidente español participó en varios procesos de negociación entre el Gobierno y la oposición venezolana, y presenció las elecciones presidenciales del pasado 20 de mayo.

El expresidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero no representa a la Unión Europea (UE) en su mediación en la crisis de Venezuela, según ha dicho la alta representante de la UE para la Política Exterior, Federica Mogherini, en una respuesta escrita a la eurodiputada de Grupo de la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa (ALDE), Beatriz Becerra.

Mogherini fue cuestionada sobre si Rodríguez Zapatero era un interlocutor reconocido para hablar en su representación, si se le había considerado y si había mantenido la alta representante contactos recientes con él sobre la crisis venezolana. “La respuesta a las tres preguntas formuladas por su señoría es negativa”, indicó.

La implosión


images

Por: Marianella Salazar

Nunca como antes han pesado tanto las acciones de la comunidad internacional en nuestro escenario político. La farsa electoral de este domingo no será reconocida y el régimen de Nicolás Maduro no será legitimado. Desde el 21 de mayo en adelante tendrá el trato que se merece como un dictador que ha causado innumerables daños y sufrimientos al pueblo venezolano: genocidio, represión, torturas, un sinnúmero de violaciones de los derechos humanos, corrupción, robo de fondos públicos, apropiación de la propiedad privada, chantaje, fraude, limitaciones de los derechos democráticos. Todo un cúmulo de delitos que no pueden quedar impunes.

El destino final de los dictadores y de sus colaboradores es la Corte Penal Internacional. Más pronto que tarde emitirán las órdenes de captura contra los responsables de los crímenes de lesa humanidad perpetrados a lo largo de estos casi 20 años de la dictadura institucionalizada más larga del siglo, esa peste a la que llaman socialismo del siglo XXI. Antes no era así, los dictadores huían y se iban a otros países con todas sus culpas sin responder por nada, había lugares para ellos, pero el mundo cambió y los presidentes antidemocráticos tienen pocos lugares donde refugiarse.

La mundialización de la democracia es producto de un conjunto de cambios en la visión política, sobre todo ética. Cada vez se tiene más conciencia de que el ser humano es un valor en sí mismo, por eso el mundo observa conmovido cómo el gobierno de Maduro viola los derechos humanos de millones de venezolanos, de los que se quedan en esta tierra arrasada, de los que buscan desperdicios en la basura y de los que huyen despavoridos por las fronteras acarreando problemas graves en las economías de la región, ocasionando calamidades sanitarias al contagiar a la población de países vecinos con enfermedades ya erradicadas.

Venezuela implosiona, se derrumba y sus efectos nocivos en el hemisferio tienen que ser neutralizados, por eso el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, la semana pasada señaló en la OEA que “cada día que pasa Venezuela se convierte en un Estado cada vez más fallido, y debemos recordar que los Estados fallidos no tienen fronteras”. A buen entendedor, pocas palabras.

Estados Unidos y sus aliados no se quedarán de brazos cruzados. Pence recordó también las afirmaciones del presidente Trump: “Estados Unidos no se quedará ocioso mientras Venezuela se viene abajo”. Las sanciones que Estados Unidos, Canadá, la comunidad europea han venido imponiendo a los funcionarios del régimen genocida de Maduro por narcotráfico, financiamiento y apoyo al terrorismo, lavado de capitales y por violación de los derechos humanos, continuarán incrementándose. El cerco internacional es cada vez más estrecho, por eso están condenados a permanecer en el país convertido en su guarida, se aferran al poder y desconocen las advertencias enviadas desde lo externo y lo interno.

El régimen no tiene futuro, no hay que ser adivinos para entender cuál será la reacción que tendrá el pueblo después del 21 de mayo, cuando se agrave la situación económica que ya es insostenible y comiencen a eliminar los bonos; cuando las cajas de los CLAP aparezcan una vez a la cuaresma con menos productos; cuando la gente decida reclamar con mayor vehemencia la falta del vital líquido y de la electricidad, de alimentos y medicinas; cuando civiles y militares tomen cartas en el asunto y marquen definitivamente la salida del régimen.

Maduro y sus secuaces no son intocables. Habrá que hacer llamados a la cordura y al perdón para los que desde el poder provocaron tanto odio. Por su bien, Maduro debería renunciar antes de que le cierren las puertas en Cuba, Nicaragua o Bolivia.