El Mal se Llama Socialismo… Cuidado América


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Por Víctor Maldonado C.

El mal es real, y tiene consecuencias reales. No es solamente una disquisición académica. Es una pregunta que queda por responder en el transcurso de esto que estamos viviendo en términos de violencia, crueldad, muerte, hambre, enfermedad, infortunio y la indiferencia colectiva respecto de lo que otros conciudadanos están padeciendo. Algunos temen el planteamiento explícito de la vivencia del mal. Esto es así porque su reconocimiento obliga a la denuncia y a la decisión personal sobre cual flanco escoger. El mal, su presencia, obliga a las definiciones, y a las consecuencias de esas definiciones.

Los cuatro jinetes del apocalipsis están cabalgando sobre el país. Comencemos por lo obvio. El jinete de la muerte nos está afligiendo. Los venezolanos estamos sufriendo los estragos de una incomprensibleviolencia. 307.920 víctimas de un sistema que inhabilita el derecho a la vida equivalen a la afectación del 1% de la población actual. El jinete que complementa y da sentido a este baño de sangre es el de la guerra. Unaguerra civil no declarada, cuyos argumentos son la impunidad y un estado en condiciones fallidas, colocan a todos los venezolanos en riesgo mortal. Una guerra civil emprendida contra la protesta civil, a la que se aplasta a sangre y fuego, con el costo terrible en vidas humanas, cárcel y exilio. Una estrategia de aniquilamiento que se hizo patente en los excesos aplicados al caso de Oscar Pérez, y que ahora permite al gobierno ir más allá de cualquier frontera del estado de derecho para lograr sus objetivos. El régimen tiene años en guerra contra la libertad. El jinete del hambre se ceba en los sectores más vulnerables de la población. Las cifras de desnutrición anticipan generaciones enteras desvalidas de la posibilidad de encarar, en condiciones competitivas, sus propios proyectos de vida. El hambre asola la capacidad para pensar y crear, pero sobre todo la capacidad para reaccionar. Los que comen basura han descendido a los infiernos donde la dignidad y los derechos se han subordinado a la precaria supervivencia. No es menos pavorosa la presencia del jinete de la conquista. A pesar de que nos cuesta reconocerlo, estamos invadidos por los intereses del narcoterrorismo regentados por Cuba, que actúa como potencia imperial, a pesar de lo insólito que resulta la forma como se apropió de nuestro territorio, recursos y centros de decisión. Hugo Chávez fue a la vez el mal encarnado y su canal más conspicuo. No puede ser otra cosa que el mal en acción el que permite tanto ultraje sin que nosotros consigamos sacarnos de encima toda esa iniquidad. O la conquista interna que supone la ocupación de los espacios institucionales a través del despotismo destructivo que practica la espuria entidad constituyente. Somos población invadida, cercada, confinada a los grises espacios de la sobrevivencia.

El mal es un resultado que tiene actores. Es a la vez protagonismo y secuelas. El mal es el poder corrompido que deja de ser útil para el orden social de la libertad, y comienza a propagar la servidumbre. Y no hay puntos medios. Por eso mismo resulta inaceptable la práctica del “perdonavidismo de los promedios”. La descripción del mal no es exacta si se practica la tibieza argumental. Encararlo exige claras definiciones y la visualización de dolorosas tendencias. No hay derecho a la vida donde hay temor por la vida. No se respeta la propiedad si un funcionario, ejerciendo la más obscena impunidad, decide si la vas a conservar o no. No hay dignidad cuando para sobrevivir necesitas hurgar entre la basura. No hay felicidad si tienes hambre. No hay visión de futuro cuando el temor es constante.

¿Frente amplio o amplia impunidad? Mi urgente llamado a la comunidad.


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Terror.

 Es el miedo en su máxima expresión; ese que de pronto nos supera y se sale de control Domina y somete y nos aplasta contra el suelo.Paraliza el cuerpo y suda frío, nos hace recordar que fuimos niños y nos pasa por la mente la película de nuestra vida

Terrorismo:

El uso -sistemático y perverso- del terror para coaccionar, dominar, someter.

En Venezuela el terrorismo es una acción propia del Estado, desde hace ya bastante rato. En Venezuela, cada vez más inhumana, sus habitantes son víctimas constantes y consonantes del uso del terror. En Venezuela se vive bajo un despiadado Estado de Terror.

En Venezuela los habitantes tienen miedo, y no cualquier miedo, uno intenso y hondo que se lleva a la cama y se desayuna todas las mañanas antes de salir de casa. En Venezuela la dictadura ha creado un muy efectivo aparato de represión y tortura con el objetivo de infundir terror y pánico en la colectividad y, por medio de ello, dominar, someter y mantener el poder político que les permite (a una camarilla de políticos, empresarios y militares) impunidad total y una vida de privilegios y excesos a expensas de millones de venezolanos que mueren por hambre y falta de medicamentos.

El Terrorismo de Estado en Venezuela no es poca cosa, es un fenómeno muy particular que se viene estudiando desde hace ya varios años por su connotación en esta época e impacto en la región; una empresa de este tipo requiere de un inmenso esfuerzo y la dedicación siniestra de parte de unos cuantos individuos sin escrúpulos y con poco o casi nada de respeto a la dignidad humana. Para dominar una sociedad como la venezolana, que en su ADN llevaba el espíritu libertario, los funcionarios del Estado y sus estructuras paramilitares asesinaron, persiguieron, encarcelaron y torturaron a cientos de personas semana a semana por más de 17 años. El terrorismo de Estado en Venezuela no es poca cosa, y no tener consciencia de esta situación es quizás uno de los mayores obstáculos que tenemos para superar esta dictadura y la crisis que hoy sufrimos en Venezuela. Debemos abordar esta muy penosa realidad en su justa dimensión y con sus apropiadas definiciones y responsables sin concesiones de ningún tipo. Quienes defendemos los Derechos Humanos y creemos en una sociedad donde se valore la dignidad humana tenemos la gran responsabilidad de hacerle frente a este monstruo, aunque esto signifique la persecución, la descalificación, el aislamiento, la cárcel, la tortura o la muerte; quienes han consagrado su vida a la defensa y protección de los Derechos Humanos no pueden abandonar su labor y sus principios por “presiones políticas” o por motivos “políticamente correctos”, los activistas de derechos humanos no creemos que “el fin justifica los medios”, bajo ninguna circunstancia lo podemos creer, ni hoy ni nunca; de creer esto, que muchos políticos aseguran y defienden de la manera más cínicamente “conveniente”, se daría cabida para cualquier crimen y atrocidad a razón de “una causa”, se justificaría cualquier barbaridad con tal de alcanzar un objetivo político; como, lamentablemente, parece ser el común denominador de la política venezolana. Por ejemplo, por muchos años, personas como la Fiscal Luisa Ortega Díaz o la ex Defensora del Pueblo Gabriela Ramírez justificaron y promovieron, para “defender la revolución” y para “defender el legado de Chávez”, los despidos de miles de personas por su identidad política, el cierre de medios de comunicación, encarcelamientos, persecuciones, secuestros, extorsiones, ejecuciones extrajudiciales, torturas; dirigieron directamente infinidades de simulaciones de hechos punibles (montaje de pruebas) de muchos ciudadanos que, como yo, aún están presos, víctimas de una infinidad de tratos crueles, inhumanos y degradantes sin siquiera tener un juicio. Estas dos funcionarias, como muchos más, y en conjunto con otros aun parte del poder, se ensañaron particularmente contra estudiantes y jóvenes en todo el país por más de 15 años; todo esto bajo la premisa de que “el fin justifica los medios” y que todo era válido a fin de defender “El legado del Comandante Chávez”; acusándonos de ser agentes de la CIA, de ser terroristas y de innumerables descalificativos propios de la retórica dictatorial.

Hoy escribo estas líneas desde mi celda con una profunda tristeza, no puedo evitar sentir dolor al ver cómo desde un sector de la dirigencia política “opositora y democrática”, no sólo se ocultan y menosprecian los crímenes de lesa humanidad cometidos durante años, sino que, además, se le brinda un enorme frente de impunidad a los principales responsables de crímenes atroces y violaciones de Derechos Humanos, como es el caso de los tres grandes artífices del aparato de represión y tortura de la dictadura venezolana, me refiero a la Fiscal General Luisa Ortega Díaz, la ex Defensora del Pueblo Gabriela Ramírez y al ex ministro de Interior y Justicia y Director fundador del SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, organismo por excelencia de persecución y tortura en Venezuela) el General Miguel Rodríguez Torres, pasando por encima del dolor de miles de víctimas que aún esperan una respuesta con un ápice de justicia o al menos reconocimiento de los hechos; pero no, lo que es peor, el colmo, es que luego de 19 años de lucha y sacrificio de millones de venezolanos para superar la dictadura, colocan como voceros y representantes de la lucha democrática a estos funcionarios que representan bastante bien la peor cara del Terrorismo de Estado en Venezuela. La “razón” que alegan, es que esto corresponde una “jugada política” y es necesaria la “unidad”, no importan los valores, no importan los principios, no importa la ética, no importa la justicia, el dolor y la memoria, mucho menos importa la dignidad de los venezolanos, todo sea por alcanzar el poder; no por el cambio, sino por alcanzar el poder. Y es que en verdad parecen estar convencidos de que esto es un “juego de ajedrez” y los ciudadanos somos simples fichas en el tablero del poder.

¿Honestamente creen que es coherente “buscar un cambio” con quienes precisamente crearon con orgullo y sin arrepentimiento alguno el aparato de terror y violencia que sostiene la dictadura? ¿De tanta gente noble, trabajadora y honrada, con trayectoria impecable en la lucha social y ciudadana y que durante los últimos 20 años o más han sido excluidos injustamente por la clase política del país, van a aliarse con los mayores responsables de los crímenes de lesa humanidad cometidos en los últimos años bajo la justificación de que “hay que unirnos para salir de esto”? ¿De qué se supone entonces queremos salir? No, no puedo entenderlo, no puedo aceptarlo. ¿Acaso no es bastante obvia la diferencia entre un disidente común y un funcionario de la dictadura violador de Derechos Humanos? ¿Cómo no sentir indignación y desespero al ver que la Asamblea Nacional y sus diputados no han realizado una investigación seria (o al menos así lo han demostrado) para determinar las responsabilidades y razones de estos funcionarios en la comisión de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante más de 15 años? Veo con asombro como diputados, no solo no investigan los cientos de casos ni solicitan explicación a estos funcionarios responsables, sino que, además, brindan impunidad y dan tribuna con bombos y platillos a violadores de derechos humanos, olvidando que en los calabozos está aún uno de sus compañeros diputados preso, me refiero al Diputado Renzo Prieto, próximo a cumplir 4 años de prisión desde que la fiscal General Luisa Ortega montó pruebas en su contra, el General Rodríguez Torres lo persiguió, encerró y expuso al escarnio público, y luego, estando bajo torturas y tratos crueles, la Defensora Gabriela Ramírez nunca hizo nada para proteger sus derechos a pesar de las múltiples denuncias. No podemos pasar por alto el asesinato de Bassil Dacosta y Robert Redman y muchos más siendo Ministro y Director del SEBIN Rodríguez Torres, o la muerte de Franklin Brito, la masacre de Puente Llaguno o las atrocidades contra la Juez María Lourdes Afiuni y los Comisarios y Policías Metropolitanos aun presos desde hace más de 10 años. Tampoco podemos tapar que en Venezuela se viene denunciando desde el 2002 el uso de grupos paramilitares para reprimir y atentar contra la disidencia política y defensores de derechos humanos. Personalmente vengo denunciando cómo desde el Estado han armado y entrenado a civiles para la “defensa de la revolución”, así como la presencia de grupos terroristas y guerrilleros protegidos por el Estado venezolano y nunca jamás hicieron algo. Bajo la gestión de estos funcionarios se reprimió ferozmente a las universidades, se crearon centros de torturas como La Tumba y se consolidó la tortura como algo “normal y necesario” en la función de seguridad y defensa de la revolución. Estas personas no representan otra cosa que el terror y el sufrimiento de una sociedad que ha sido sometida, estas personas no “son necesarias” para salir de esta dictadura, ocultar sus crímenes y víctimas no puede ser una “estrategia política” de ningún tipo. Es hora de que rindan cuentas ante la justicia y el país y no que desde una tarima vengan a dar clases de democracia y derechos humanos fingiendo que acá no ha pasado nada y que el problema en Venezuela tiene tan solo un par de meses.

Esto que siento me rasguña por dentro y me lanza contra las cuerdas de la indignación y la decepción en carne viva. Como activista de Derechos Humanos es mi deber denunciar este vergonzoso episodio que nuevamente debemos presenciar los ciudadanos decentes de este país. No es olvido, es ocultamiento; no es unidad, es impunidad; no es perdón, es complicidad; no es política, es negocio; no es cambio, es continuidad. Hay una enorme e inexorable diferencia entre quienes quieren ciegamente alcanzar el poder y los que quieren incesantemente cambiar la penosa realidad actual. Para los primeros el objetivo es llegar a Miraflores, para los segundos el objetivo es llegar a una sociedad moderna, próspera y respetuosa de la dignidad del hombre.

Alemania es hoy una nación ejemplo para el mundo y respetuosa de los Derechos Humanos y la dignidad humana, y esto no es por haberse negado a sí misma su pasado con sus peores episodios, la Alemania libre de hoy no borra la cruel realidad de la Alemania Nazi de ayer, no; por el contrario, parte de su superación como sociedad se debe al esfuerzo que han hecho para recordar y no olvidar con detalle hasta dónde fueron capaces de llegar cegados por la ambición política de asesinos y la complicidad placentera de sus ciudadanos. Alemania debió enfrentar su propia realidad y aceptarla sin disimulo ni maquillaje, reconociendo y pidiendo perdón a todas sus víctimas para poder así perdonarse a sí misma y dar paso a un nuevo capítulo de tolerancia y respeto a la dignidad del hombre.

Jamás desearé que algunos de estos funcionarios, ni nadie, pase por ninguna de las injusticias y crueldades que hemos pasado muchas de su víctimas, por nada del mundo quisiera que a Rodríguez Torres lo encerraran y torturaran en La Tumba que él mismo creó, ni que a la Doctora Luisa Ortega se le simularan hechos punibles o que a la Doctora Gabriela Ramírez no se le defiendan sus Derechos Humanos por ser marxista, ¡no! Ni a ellos ni a ningún venezolano o ciudadano del mundo se le debe someter a trato injusto, cruel o degradante. Es oportuno y va mi invitación, que si este ¿Frente amplio o amplia impunidad? Mi urgente llamado a la comunidad | Por Lorent Salehos funcionarios quieren realmente remediar parte del daño hecho y trabajar por una Venezuela mejor, sean honesto con la sociedad y empiecen a reconocer verdaderamente sus actos y crímenes. Venezuela no es un país de tontos, los venezolanos somos ciudadanos que merecemos respeto. Si aún en Venezuela sigue vivo el recuerdo de los crímenes del siglo pasado bajo las dictaduras militares y los gobiernos de AD y COPEY, hoy aún estamos muchas víctimas sufriendo sus injustificados crímenes que cometieron en nombre del “proceso” y la “revolución”.

Esta protesta que hoy elevo a nuestra comunidad, este grito desesperado de indignación y dolor no responde a una “rabieta” o a un acto de “inmadurez política”, ¡no! Todo lo contrario, responde a la escala de valores y principios que ha regido la lucha de miles de ciudadanos hoy en el exilio, en la clandestinidad, en las cárceles y de muchos que fueron asesinados por la dictadura en mi país. Con esta protesta quiero llamar a la reflexión de todos los venezolanos, especialmente a defensores y creyentes de los Derechos Humanos, para que no permitamos estos niveles de impunidad, para que rompamos definitivamente con este espiral de crímenes de Estado que pareciera infinito. En la Venezuela antes de Chávez, en “la cuarta”, se violaron flagrantemente los derechos humanos, esto es una verdad tan cierta como que hoy Venezuela es triste ejemplo para el mundo de lo que significa vivir bajo un *Estado de Terror*. Es hora de cambiar esto, hace falta más que una extraña “unidad” de elite política para cambiarlo, hace falta consciencia y responsabilidad individual. Hace falta, y bastante, coherencia en la dirigencia política y responder a los principios supremos de la libertad, la democracia y los Derechos Humanos.

Lorent Saleh

Prisión Política SEBIN

Caracas, Venezuela 12 de Marzo 2018

Así, se despide de Venezuela Daniel Pardo / BBC de Londres en Venezuela Daniel Pardo / BBC Mundo


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“A veces no me queda claro si Venezuela es un lugar feliz o infeliz. Porque parece ambas cosas.
Más allá de las penurias que sufre el país, y por muy pesimista que esté, el venezolano anda por la vida regalando gestos fraternales.
La gente más alegre del mundo puede encontrarse en una cola kilométrica en el supermercado o en un hospital quebrado y sin insumos.
Temo que pronto vaya a suscribir lo que decía Gabriel García Márquez, quien en su “Memoria feliz de Caracas” (1982) escribió que “una de las hermosas frustraciones de mi vida es no haberme quedado a vivir para siempre en esa ciudad infernal”.
Hasta Gabriel García Márquez se enamoró de Caracas.
Pero el recuerdo que me llevo es más feliz que infeliz.
Incluso en las kilométricas colas es posible encontrar sonrisas y gestos fraternales.
Porque en la esencia del venezolano, en ese limbo entre felicidad e infelicidad, encontré enseñanzas para el resto de mi vida, aquellas en la raíz de instituciones como “poco a poco se llega lejos”, “esto es lo que hay” y “al mal tiempo, buena cara”.
Echaré de menos…
Y me transportaré a las playas del Caribe cada vez que huela y beba uno de los exquisitos rones venezolanos (también, dicen, los mejores el mundo)
Memoria feliz de Venezuela
Cuando hable de la Venezuela que viví tendré que mencionar escasez, inflación, delincuencia, gente jodida en un sinfín de maneras.
Pero haré el esfuerzo de ir más allá de esta coyuntura, lejos de los cínicos, corruptos y malandros.
Me llevo, más bien, la sonrisa del recogedor de basura, el coqueteo de la funcionaria pública: ese calor humano caribeño que tanto extrañan los miles de venezolanos que se han ido del país recientemente.
Los venezolanos que ríen para sobrellevar la crisis.
Es como si en Venezuela la movilidad social estuviera en la cultura; como si el clasismo fuera cuestión de las minorías: acá el chofer es el confidente del jefe y la empleada del servicio, un pilar en las familias de clase media.
No hay sueldo ni vestimenta ni buenos modales que estén por encima de un saludo, de una broma que democratice las relaciones: que ponga a un mototaxista en el mismo rango de un ministro; que archive, rápidamente, el trato de “usted”; que inspire, en cuestión de segundos, decirle “mi amor”, “mi cielo” o “papito” a un desconocido.
Venezuela vive en un raro estado de paciencia, de tolerancia. La impuntualidad es permitida.
Del país me llevó las sonrisas.
Algunos venezolanos dicen que ese estado de constante regocijo, de no tomarse nada en serio, es lo que “tiene a este país jodido”.
Pero para mí es una enseñanza de que no hay preocupación que arregle los problemas, esa gran solidaridad no la veo en ningún lado de la desarrollada Londres ni de mi Europa allí ni las familias se ven en su mayoría…
Ser feliz es gratis, aprendí de los venezolanos.
“Por mucho que la arepa este cara”

A mis hermanos latinos…Hablo en nombre de mis compatriotas venezolanos y en el mío propio.


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Estoy CANSADO de los latinos que creen que su país no tenía delincuencia hasta que llegaron los venezolanos, no conocían la droga hasta que llegó un VENEZOLANO, no habían visto una prostituta hasta que llegó una VENEZOLANA, nunca habían contratado a una prepago hasta que los VENEZOLANOS invadieron su elitesco, digno, perfecto y divino país, les voy a dejar una tarea a todos los q se creen dioses, vean las estadísticas, por ejemplo: en España la prostitución la lidera un país latinoamericano que NO ES VENEZUELA. En China las ejecuciones de latinos por tráfico de drogas NO LA LIDERA VENEZUELA, en Estados Unidos los latinos que más delinquen NO SON VENEZOLANOS, en Colombia los guerrilleros NO SON VENEZOLANOS, de hecho, somos el país latino con mejor preparación profesional de sus inmigrantes, así que por favor, antes de andar hablando estupideces, sacando la ignorancia de paseo, lea, investigue, no sea que su país “perfecto” esté liderando en diferentes escenarios internacionales de manera sucia; ¿ VENEZUELA TIENE PROBLEMAS? SÍ, ¿HAY DELINCUENCIA? SÍ, Desde el Gobierno y en su pueblo, como en TODOS PAÍSES LATINOS ¿hay prostitución? Si, COMO EN TODOS LOS PAÍSES DEL MUNDO se ha incrementado con la situación política, económica y social? Si, ¿se justifica? No ¡no se justifica; pero VENEZUELA también tiene PROFESIONALES que están en otros países partiéndose el lomo trabajando, que se levantan a las 3:00 am porque su jornada laboral empieza a las 4:00 am y son las 11:00 pm y aún no han llegado a su casa, VENEZUELA también tiene gente en su país luchando con la situación, apostando a él, así que si usted conoce VENEZOLANOS que son ” prostitutas, ladrones y narco” eso habla más de usted, su círculo social y su entorno que de los VENEZOLANOS, pregúntele a un venezolano que vea trabajando en la calle qué título tiene guardado y seguro lo dejará con la boca abierta, la mayoría son gente trabajadora y profesional. Ya basta del mojón mental, muchos venezolanos están en otros países luchando y echándole bolas, así como muchos latinos, europeos, asiáticos y árabes llegaron a VENEZUELA buscando un FUTURO MEJOR HACE UNOS AÑOS ATRÁS, que no se le suba a la cabeza SU FALSA MORAL y nos vean con desprecio como si no valiéramos nada, PORQUE CADA PAÍS DEL MUNDO TUVO SU TRAPO SUCIO Y MUCHOS LOS LAVARON EN VENEZUELA.

 

Luis Franklin Velásquez Cedeño