Oposición en Venezuela… *No la Resistencia* prefiere la miseria y dictadura de la larga intervención cubana.


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POR: ORLANDO AVENDAÑO   – @ORLVNDOA – ENE 4, 2018, 8:40 AM

Se entiende el porqué del rechazo de la oposición oficial al pertinente artículo de Ricardo Hausmann. Prefieren mantener la miseria que ceder en sus retorcidos principios. (ACN)

Ricardo Hausmann es uno de los venezolanos más destacados fuera de las fronteras. Es economista, profesor de esa materia en la Kennedy School de la Universidad de Harvard; y es director del Centro para el Desarrollo Internacional de la misma institución. Fue ministro en su país y el economista en jefe del Banco Interamericano de Desarrollo.

Su opinión siempre es bien recibida y respetada en Venezuela. Sin embargo, con su más reciente artículo generó polémica; dividió a la oposición y se ganó los insultos y ataques de parte importante de la sociedad. Incluso, algunos, presuntos opositores, llegaron a sugerir que la Asamblea Nacional de Venezuela debía retirarle la nacionalidad al prestigioso economista de Harvard.

En el portal Project Syndicate, Ricardo Hausmann expuso, primero, un diagnóstico de la dramática situación en Venezuela. Analizó los posibles escenarios y concluyó que las salidas pacíficas a la tiranía de Maduro se han agotado. Según él, solo queda una posibilidad:

“Una posible intervención militar internacional, solución que asusta a la mayoría de los Gobiernos latinoamericanos a causa de la historia de agresiones contra sus intereses soberanos”.

En síntesis, Hausmann propone la siguiente solución para la demoledora crisis:

“La Asamblea Nacional podría destituir a Maduro y al narcotraficante de su vicepresidente, Tareck El Aissami, sancionado por la OFAC y a quien el Gobierno estadounidense le ha embargado más de US$ 500 millones. Dado este vacío de poder, la Asamblea nombraría de forma constitucional un nuevo Gobierno, el que a su vez podría solicitar asistencia militar a una coalición de países amigos, entre ellos, latinoamericanos, norteamericanos y europeos. Esta fuerza liberaría a Venezuela de la misma forma en que canadienses, australianos, británicos y estadounidenses liberaron a Europa en 1944-1945. Más cerca de casa, esto sería semejante a la liberación de Panamá de la opresión de Manuel Noriega por parte de Estados Unidos, la que marcó el inicio de su democracia y del crecimiento económico más rápido de América Latina”.

La proposición del economista no es, de hecho, una novedad, ni una sugerencia halada de los pelos. Primero, se trataría de un respaldo a la ya replicada propuesta del abogado Juan Carlos Sosa Azpúrua. Y es, también, una iniciativa que corresponde al plebiscito del pasado dieciséis de julio, en el que se preguntó si se estaría de acuerdo en exigir a la Asamblea —legítima— la sustitución de los poderes (incluido el Ejecutivo).

No se trata de una locura lo que habla Hausmann; pero sí de un escenario al que no todos esperarían llegar —pero que se hace cada vez más inevitable—. Las posibles salidas «democráticas» del país se han esfumado completamente. Simplemente esto ya no es una posibilidad. El régimen, desde el 2016, ha dejado claro que prefiere asesinar, torturar y someter a toda una sociedad a la miseria, antes de dejar el poder. Como señala el profesor de Harvard,

“es un desafío a la credulidad pensar que un régimen dispuesto a matar de hambre a millones de personas para mantenerse en el poder, va a ceder ese poder en elecciones libres”.

Por ello, las esperanzas podrían ser solo depositadas en, primero, el abandono de cargo debido a fuertes presiones internas —se trató durante varios meses y al final, junto con la complicidad de la dirigencia presuntamente opositora, la dictadura logró sobrevivir—; en un golpe militar que deponga a la tiranía —los escenarios para que esto se genere ya se han presentado y todo indica que el mundo castrense está sumamente contaminado y controlado—; en que las sanciones por parte de naciones extranjeras empiecen a generar la presión pertinente —esto podría tardar demasiado y, mientras, existe una dirigencia que rechaza la imposición de estas importantes sanciones—. Todos son escenarios que aún se pueden generar; pero que se hacen cada vez más utópicos.

El Parlamento venezolano, de hecho, ya había acordado, en enero del año pasado, el abandono de cargo por parte de Maduro. Se habló y se discutió la falta en su momento; pero eso jamás trascendió. Al día siguiente se seguía llamando a Maduro «presidente». Pero, si se hubiese mantenido la coherencia, la decisión de la legítima Asamblea de destituir al tirano —que carece de legitimidad desde donde se lo mire—; aunado a la incapacidad del vicepresidente de asumir la presidencia —tiene doble nacionalidad y ha sido sancionado por Gobiernos extranjeros por sus vínculos con el narcotráfico—, obligan a que el siguiente paso sea que el presidente del Parlamento asuma, mientras tanto, la presidencia de la nación.

A continuación se podría constituir un Gobierno que sí goce de legitimidad. Y sería un régimen que podría, amparado por la legalidad, solicitar a Gobiernos amigos de la región asistencia militar para devolver la legalidad a un país en ruina y expulsar a quienes serían los verdaderos invasores —se habla de la participación de miles de cubanos en las Fuerzas Armadas, y de la existencia de focos del terrorismo islámico y las FARC en Venezuela—.

No obstante, una proposición tan osada como la de Hausmann —pero que cada vez parece más racional y urgente—, ha generado un amplio y sólido rechazo —y no, no ha sido solamente de la dictadura—. Increíblemente, para algunos presuntos opositores es más terrible la idea de una asistencia militar de países amigos, que la continuación de la miseria y la crisis humanitaria que ha impuesto la desgracia en cientos de miles de hogares venezolanos.