A Luisa Ortega Díaz… Quítese es vestido de comadre de barrio y póngase el de FISCAL GENERAL DE LA REPÚBLICA DE VENEZUELA.


luisa

Que se calle Luisa y hablé la Fiscal General, por Víctor Bolívar.
Desde hace varias semanas Luisa Ortega Díaz viene haciendo ruido. Los diarios nacionales e internacionales la titulan como el nuevo super héroe venezolano, los políticos le guiñan el ojo, la gente se llena de esperanza al escucharla y las redes sociales la convierten en tendencia nacional. Pero hasta ahora solo hemos escuchado a Luisa, no a la fiscal general de la república.

Así, Luisa nos ha hablado (con el titubeo que la caracteriza) contándonos un poquito de las historias que hoy en día la gran mayoría de los venezolanos conocemos de cabo a rabo: el carácter dictatorial del gobierno venezolano, la ausencia de estado de derecho, la violación sistemática de los derechos humanos, la escasez de productos y servicios básicos, la destrucción de la economía, y los altos índices delictivos, etc.

Luisa ha dirigido al país cada una de sus ruedas de prensa como si se tratara del encuentro entre dos comadres. Un día casi entre risas declara nada más y nada menos que el Tribunal Supremo de Justicia ha roto el hilo constitucional al asumir las funciones de la Asamblea Nacional, y a los pocos días como si intentara contar un pequeño chisme, suelta que ha habido uso abusivo de la fuerza pública, que hay unos cuantos jóvenes muertos como resultado de ello y que hay tribunales militares juzgando a civiles. Vaya cuentecito.

Esto no tendría nada de malo si Luisa fuese solamente Luisa y no la Fiscal General de la República, pero de hecho Luisa es la titular de la acción penal y quien dirige el Ministerio Público. En cumplimiento de sus funciones Luisa pudiera ser ese super héroe que la prensa titula, los políticos le guiñan el ojo y los venezolanos aclaman, sin embargo, no lo es.

Ella podría (si quisiera) solicitar el antejuicio de mérito del presidente de la república, del ministro de interior y justicia y del ministro de la defensa, por haber ordenado el desproporcionado ataque a manifestantes desarmados, causando la muerte de decenas de venezolanos, la mayoría de ellos por disparos a quema ropa cuyas pruebas abundan (declaraciones de testigos, videos, autopsias) y además son de fácil acceso para una persona que ocupa la investidura de Luisa.

Si realmente Luisa tuviese la intención de ejercer su cargo, podría solicitar el enjuiciamiento de todos aquellos jueces y fiscales militares que obviando el principio constitucional del juez natural han estado violando el debido proceso al enjuiciar a civiles no teniendo competencia para ello.

Incluso ha podido Luisa evitar toda esta calamidad que está viviendo el país hoy en día, instruyendo a sus fiscales con competencia en materia electoral a que se opusieran a las medidas cautelares dictadas el año pasado por jueces penales, evidentemente incompetentes para suspender el referéndum revocatorio que nos habría garantizado una salida democrática de esta calamidad que algunos han calificado de “revolución del siglo XXI.”

Si por algún momento Luisa en su titubeo ha pensado en dedicarse solamente a opinar sobre los asuntos de trascendencia nacional, este servidor la invita a que ocupe el papel que como articulista de este diario desempeña a cambio de que lo deje ejercer sus funciones por un par de días y desplegar los poderes inherentes a su cargo.

La responsabilidad de Luisa (por cómplice) en el Estado forajido que se ha institucionalizado en Venezuela es evidente. La actitud de Luisa hasta ahora ha sido un show, solo dejará de serlo el día en que Luisa decida que su cargo es mucho más que varios escoltas y camionetas que la acompañan a donde va y personas que la llaman doctora por doquier, para convertirse en la fiscal general de la república ejerciendo plenamente las funciones consagradas en los artículos 284, 285 y 286 de nuestra Constitución y acusando a los responsables del mayor desastre de orden social, económico y político que ha conocido la historia del país. Mientras tanto Luisa solo seguirá siendo Luisa y Venezuela seguirá con un vacío en la Fiscalía General de la República.

El violín de Paganini/… Resiste Venezuela


Resistencia social69 Wuilly Arteaga relato llorando como un uniformado le arrebato su violin y lo dano 26May17

Hubo un gran violinista llamado Paganini. Algunos decían que era una persona extraña. Otros, que había en él algo sobrenatural. Las notas mágicas que salían de su violín tenían un sonido diferente, y por eso nadie quería perder la oportunidad de verlo tocar. Una noche, el escenario estaba repleto de admiradores preparados para recibirlo. La orquesta entró y fue aplaudida. EL director entró y recibió una gran ovación. Pero cuando la figura de Paganini surgió, triunfante, el público deliró. El violinista se puso el instrumento en el hombro, y lo que siguió fue indescriptible: blancas y negras, fusas y semifusas, corcheas y semicorcheas parecían tener alas y volar al toque de aquellos dedos encantados.De repente, un sonido extraño interrumpió el ensueño de la platea: una de las cuerdas del violín de Paganini se había roto. El director paró. La orquesta se calló. El público estaba en suspenso. Pero Paganini no se detuvo. Mirando su partitura, continuó extrayendo sonidos deliciosos de su violín atrofiado. El director y la orquesta, admirados, volvieron a tocar.Cuando el público se tranquilizó. De repente otro sonido perturbador atrajo su atención. Otra cuerda del violín se rompió. El director y la orquesta pararon de nuevo, mas Paganini continuó como si nada hubiera ocurrido. Impresionados, los músicos volvieron a tocar.Pero el público no podía imaginar lo que iba a ocurrir a continuación. Todos los asistentes, asombrados, gritaron un “¡oohhh!” que retumbó por la sala: otra cuerda del violín se había roto. El director y la orquesta se detuvieron. La respiración del público cesó. Pero Paganini seguía: como un contorsionista musical, arrancaba todos los sonidos posibles de la única cuerda que le quedaba al destruido violín. El director, embelesado, se animó, y la orquesta volvió a tocar con mayor entusiasmo. El público iba del silencio a la euforia, de la inercia al delirio.

Paganini alcanzó la gloria, y su nombre corrió a través del tiempo. No fue apenas un violinista genial, sino el símbolo del profesional que continúa adelante aun ante lo imposible.

Cuando todo parece derrumbarse, démonos una oportunidad y sigamos adelante; despertemos al Paganini que existe en nuestro interior. La celebridad es el arte de continuar donde otros resuelvan parar.