Un dictador en la ONU… Venezolanos que este evento no nos distraiga del objetivo.


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Tener que ocupar unas líneas, analizando algo en lo que los venezolanos no deberíamos malgastar nuestro tiempo, ideas y esfuerzos es, a primera vista, muy contradictorio. Pero, resulta que el discurso de Nicolás en la Asamblea General de las Naciones Unidas -que me calé completico para poder opinar con propiedad y saber dónde estamos parados- generó una serie de reacciones impúberes, con atisbos de necedades, que me obligan a fijar una postura. Quizá, una posición muy antipática para quienes, después de ver que Maduro llegó a Nueva York, y habló desde donde el día anterior lo hizo su “archienemigo” Donald Trump, colman sus redes sociales con comentarios y ofensas que, en este momento, con la gravedad de lo que nos ocurre, resultan insulsas.

Por qué enfocarnos en la gordura de Nicolás cuando el problema sustancial es otro. Es cierto que Maduro tiene sobrepeso, es público y notorio. Además, se jacta de lucir sus kilos de más, no sólo cenando como un marajá en Turquía. Pasea su gordura en USA o Venezuela, con la desfachatez propia de un dictador a quien poco le importa que en su país el hambre esté diezmando a la población. Lo que no concibo es que los ¿líderes opositores? que deberían estar enfocados en salir de esta situación país, se queden enfrascados en unas discusiones estériles y banales, que no resuelven el verdadero problema que tenemos en Venezuela. Están obviando algunos detalles, a mi juicio, relevantes; que me permito compartir con ustedes, a manera de reflexión a viva voz.

Brechas de mortalidad infantil en América Latina, por Marino J. González R.

Maduro habló en la ONU. En la Asamblea General de las Naciones Unidas cuya sede está en Nueva York. Viajó a Estados Unidos a escasas horas de que en Venezuela conociéramos las nuevas sanciones que ese país le imponía a algunas de las fichas claves de su régimen. Sanciones que también recayeron sobre su Cilita; a quien poco le importó la medida que, muchos creían, le impediría el viajecito, junto con su maridito, a la Gran Manzana. Pero, volvamos al punto: mientras oía a Nicolás, sólo veía a una persona que no tiene el más mínimo respeto por sí mismo.

Su conciencia no pude estar limpia porque carece de los componentes esenciales de la integridad. Ser íntegro implica hacer lo que uno hace, porque sabe que es lo correcto. Y pese a que él, Nicolás, no es íntegro; no titubea a la hora de interpretar su rol en el juego de la política internacional. Sigue leyendo

Dejan Morir La Democracia en América Latina?


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América Latina vive una época de pesimismo democrático. Las malas noticias parecen multiplicarse: el colapso de toda semblanza de democracia en Venezuela y Nicaragua, el ascenso de un candidato fascistoide en Brasil, la interminable carnicería desatada por el crimen organizado en México, la larga lista de expresidentes latinoamericanos procesados, prófugos o presos por casos de corrupción.

No por casualidad, según cifras de Latinobarómetro, el apoyo a la democracia en la región ha perdido ocho puntos en menos de diez años: de 61 por ciento en 2010 a 53 por ciento en 2017. Al mismo tiempo, la proporción de quienes se declaran indiferentes entre un régimen democrático y uno no democrático ha subido nueve puntos en el mismo periodo: ahora es una cuarta parte de la población.

Es tiempo de prender luces de alarma, pero también de combatir el catastrofismo retórico prevaleciente, que alberga peligros reales. La percepción de que nuestras democracias son incapaces de construir sociedades mejores, embustes diseñados para proteger a los poderosos, puede conducir a desahuciarlas sin mayor ceremonia. Eso sería trágico, además de injusto. Así como decía Mark Twain sobre la música de Wagner, la democracia en América Latina es mejor de lo que suena.

 

               Los Cabos, un destino generoso y aventurero

Cabe empezar por lo más obvio: ya nadie cuestiona hoy en la región la vía electoral como la única legítima para acceder al poder. La transformación de las Farc en partido político clausura un largo ciclo de experiencias insurreccionales y de devaluación de las instituciones democrático-liberales por una parte considerable de la izquierda latinoamericana. Lo que aprendieron los guerrilleros, lo aprendieron también los generales. Como lo ha advertido el expresidente brasileño Fernando Henrique Cardoso: en medio de la grave crisis política de Brasil todos se preguntan qué harán los jueces, no los generales. Eso es progreso. Como progreso es que —con las excepciones de países en estado crítico, como Venezuela—, el fraude electoral puro y duro se ha convertido en una rareza en América Latina.

Lo que ocurre en el ámbito electoral de la democracia, se aplica también al acceso y al ejercicio de derechos económicos y sociales. En las últimas dos décadas, la región ha hecho avances notables en elevar los niveles de desarrollo humano. El estancamiento de los últimos tres años no debe hacernos olvidar que la pobreza en América Latina se ha reducido 18 puntos porcentuales desde 1990 o que la pobreza extrema hoy es menos de la mitad de lo que era en la década de los noventa. También ha caído la desigualdad: en diecisiete de los dieciocho países de la región hay un descenso del coeficiente de Gini en la última década. Tras ese progreso social ciertamente hay crecimiento económico, hoy menos visible que hace un lustro, pero también hay decisiones de política pública, como el aumento significativo de la inversión social. En 1990 esta última equivalía, como promedio, al 9 por ciento del PIB; hoy es casi el 15 por ciento.

La consolidación de la democracia electoral y la aceleración del progreso social son procesos que van ligados. La región avanza en la dirección correcta en el plano social porque la democracia, aunque con enormes imperfecciones, está haciendo su trabajo de permitir la participación y la representación de intereses antes excluidos y, en consecuencia, de reducir las disparidades socioeconómicas. La distribución de poder político que permite la democracia electoral termina por manifestarse en progreso social.

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Bachelet pide al gobierno de Venezuela acceso para los investigadores del Consejo de Derechos Humanos.


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El jueves 27 de septiembre de 2018, Michelle Bachelet, Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, declaró que pidió al gobierno de Venezuela acceso al país para los investigadores del Consejo de Derechos Humanos (UNHRC). Bachelet explicó que se reunió con el canciller de Venezuela, Jorge Arreaza, en Ginebra y le dijo que con o sin alguna resolución, tiene que monitorear y hacer un reporte sobre la situación de los derechos humanos.

 

Justicia Social no es Socialismo


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Por: Fernando Luis Egaña

Está muy trillada la expresión de “no confundir la gimnasia con la magnesia”, en el sentido de que las palabras suenan parecidas pero se refieren a cosas muy distintas. Pero la referida expresión es pertinente a estas líneas, porque se entiende sin problemas. De allí que cambiando lo cambiable, hay que decir algo similar en relación con el principio de la Justicia Social y la ideología socialista-marxista. 

Confundirlos es un absurdo conceptual. Pero ocurre y cada vez con más frecuencia, en nuestra abatida Venezuela. De manera que si alguien se presenta como partidario de la justicia social, en lo nacional o internacional, de inmediato es calificado, por ciertos comentaristas de las redes sociales, de socialista-marxista o, cuando menos, pro-socialista-marxista. Lo cual, desde luego, no se puede aceptar.

La superación del socialismo-marxista no está en el liberalismo irrestricto. En el imperio soberano de los mercados. No. Debe estar en una sana combinación de libertad económica y responsabilidad social. De hecho, en Alemania o Japón es así, para no hablar de los Estados Unidos, cuyo sistema económico no es ajeno, para nada, a la regulación extensiva del Estado. Y ojo, hay regulaciones que pueden responder al principio de la Justicia Social, y otras que no.

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Todo esto viene a cuento, porque es sumamente peligroso que por ignorancia, por dogmatismo, o hasta por mala fe, se trate de formar una corriente de opinión en favor de que el principio histórico de la Justicia Social –fundamento, por ejemplo, de la Doctrina Social de la Iglesia– no es más que una manifestación de rancio marxismo o anticuado socialismo. Y no es así. Ni en su génesis histórica, ni en su definición doctrinal, ni en el campo de las políticas públicas.

El comunismo, en sus variadas vertientes: ortodoxo o “socialismo real”, eurocomunismo, socialismo “borbónico” (que ni olvida, ni aprende), etcétera, es la imposición del colectivismo, la supresión de las libertades económicas y los derechos de propiedad, y el encumbramiento de una dictadura política, económica, social y cultural, en cabeza del partido único.

Eso no tiene nada que ver con la noción de Justicia Social, en un contexto de primacía de la iniciativa personal, del principio de subsidiaridad, y de búsqueda del bien común, respetando el pluralismo e impulsando los valores democráticos. Entonces, por favor, no confundamos la Justicia Social con el socialismo marxista. Favor recordar lo de la gimnasia y la magnesia…

Acciones que cambian Épocas… Nueva Era?


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La hija de Billy Graham fue entrevistada en uno de los programas mañaneros y Jane Clayson le preguntó “¿Cómo puede permitir Dios que algo como  los ataques del 911, la destrucción de las Torres Gemelas, los ataques terroristas, las balaceras en las escuelas, los huracanes,  los sismos y  los  terremotos ocurran?”.

Ana Graham con mucha perspicacia le contesto: “Dios está más conmovido con todo esto que nosotros mismos , pero como por años le hemos estado pidiendo que salga de nuestras escuelas, que salga de nuestro gobierno y que salga de nuestras vidas, y  siendo él  un Caballero, poco a poco ha ido dándonos gusto y alejándose de nosotros.

¿Cómo podemos esperar bendición y  protección de parte de Dios si le exigimos con cada uno de nuestros actos que se aleje?

Me parece que todo empezó cuando Madeleine Murray O’Hare (quien más tarde fue asesinada) se quejó porque no quería  la oración en nuestras escuelas… y le dijimos está bien.

Luego, alguien dijo que sería mejor que no se leyera la Biblia en las escuelas… la Biblia dice “no matarás, no robarás, y ama a tu prójimo como a ti mismo”.  Y dijimos, está bien.

Tiempo después el Dr. Benjamín  Spock  dijo que no debemos castigar físicamente a nuestros hijos cuando se comportaban mal porque sus inocentes  personalidades podrían deformarse, afectando su auto estima. (Sin embargo, el hijo del Dr.  Spock  se quitó la vida). Creímos que un doctor de su prestigio sabía lo que estaba hablando, por tanto,  apoyamos su consejo.

Ahora nos preguntamos por qué nuestros hijos no tienen conciencia, por qué no saben distinguir entre lo bueno y lo malo, por qué no les importa matar a desconocidos, a sus compañeros de clase o, a sí mismos.  Probablemente, si lo pensamos mejor, podemos suponerlo.  Creo que en gran manera se relaciona con el viejo proverbio:  “COSECHAMOS LO QUE SEMBRAMOS”.

En el día a día es común  ver  a las personas, ignorar, rechazar, y hasta burlarse de Dios, para luego, cuando viene el mal o la tragedia provocada por ellos mismos, achacarle a él toda la responsabilidad, preguntándose por qué este mundo va camino al infierno.

Es asombroso ver como creemos lo que dicen los medios noticiosos y la prensa, pero cuestionamos lo que nos dice la Biblia.  Es gracioso ver como se diseminan los diferentes tipos de chistes a través de la red cual fuego en el  bosque, pero cuando se trata de un mensaje bíblico concerniente a Dios, la gente lo piensa dos veces o más antes de compartirlo.

Es impresionante ver cómo los artículos lascivos, crudos, vulgares y obscenos vuelan como pólvora en los medios cibernéticos, pero la interlocución  pública sobre Dios y la Biblia está suprimida tanto en las escuelas como en los lugares de trabajo.

¿Te ríes?  Suena cómico, verdad? pero si yo te pido  que envíes este mensaje, no se lo enviarás a muchos de los que están en tu listado de direcciones, porque no estás seguro de lo qué ellos creen, o de lo que pensarán de ti por enviarles este mensaje, siendo que es la opinión de Dios por la que debemos preocuparnos al hacer o dejar de hacer algo.

Comparte esta entrada si crees que vale la pena, sino descártalo; nadie sabrá lo que hiciste.  Pero, si lo desechas, no te quejes por  lo mal que está este  mundo.

La implosión


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Por: Marianella Salazar

Nunca como antes han pesado tanto las acciones de la comunidad internacional en nuestro escenario político. La farsa electoral de este domingo no será reconocida y el régimen de Nicolás Maduro no será legitimado. Desde el 21 de mayo en adelante tendrá el trato que se merece como un dictador que ha causado innumerables daños y sufrimientos al pueblo venezolano: genocidio, represión, torturas, un sinnúmero de violaciones de los derechos humanos, corrupción, robo de fondos públicos, apropiación de la propiedad privada, chantaje, fraude, limitaciones de los derechos democráticos. Todo un cúmulo de delitos que no pueden quedar impunes.

El destino final de los dictadores y de sus colaboradores es la Corte Penal Internacional. Más pronto que tarde emitirán las órdenes de captura contra los responsables de los crímenes de lesa humanidad perpetrados a lo largo de estos casi 20 años de la dictadura institucionalizada más larga del siglo, esa peste a la que llaman socialismo del siglo XXI. Antes no era así, los dictadores huían y se iban a otros países con todas sus culpas sin responder por nada, había lugares para ellos, pero el mundo cambió y los presidentes antidemocráticos tienen pocos lugares donde refugiarse.

La mundialización de la democracia es producto de un conjunto de cambios en la visión política, sobre todo ética. Cada vez se tiene más conciencia de que el ser humano es un valor en sí mismo, por eso el mundo observa conmovido cómo el gobierno de Maduro viola los derechos humanos de millones de venezolanos, de los que se quedan en esta tierra arrasada, de los que buscan desperdicios en la basura y de los que huyen despavoridos por las fronteras acarreando problemas graves en las economías de la región, ocasionando calamidades sanitarias al contagiar a la población de países vecinos con enfermedades ya erradicadas.

Venezuela implosiona, se derrumba y sus efectos nocivos en el hemisferio tienen que ser neutralizados, por eso el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, la semana pasada señaló en la OEA que “cada día que pasa Venezuela se convierte en un Estado cada vez más fallido, y debemos recordar que los Estados fallidos no tienen fronteras”. A buen entendedor, pocas palabras.

Estados Unidos y sus aliados no se quedarán de brazos cruzados. Pence recordó también las afirmaciones del presidente Trump: “Estados Unidos no se quedará ocioso mientras Venezuela se viene abajo”. Las sanciones que Estados Unidos, Canadá, la comunidad europea han venido imponiendo a los funcionarios del régimen genocida de Maduro por narcotráfico, financiamiento y apoyo al terrorismo, lavado de capitales y por violación de los derechos humanos, continuarán incrementándose. El cerco internacional es cada vez más estrecho, por eso están condenados a permanecer en el país convertido en su guarida, se aferran al poder y desconocen las advertencias enviadas desde lo externo y lo interno.

El régimen no tiene futuro, no hay que ser adivinos para entender cuál será la reacción que tendrá el pueblo después del 21 de mayo, cuando se agrave la situación económica que ya es insostenible y comiencen a eliminar los bonos; cuando las cajas de los CLAP aparezcan una vez a la cuaresma con menos productos; cuando la gente decida reclamar con mayor vehemencia la falta del vital líquido y de la electricidad, de alimentos y medicinas; cuando civiles y militares tomen cartas en el asunto y marquen definitivamente la salida del régimen.

Maduro y sus secuaces no son intocables. Habrá que hacer llamados a la cordura y al perdón para los que desde el poder provocaron tanto odio. Por su bien, Maduro debería renunciar antes de que le cierren las puertas en Cuba, Nicaragua o Bolivia.

*ESTIRÓN DE OREJAS A LOS GOBIERNOS DE AMÉRICA LATINA POR PARTE DEL GOBIERNO CHINO.*


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Tras la ejecución de Enrique Arciniegas Valencia, quien fuera el primer colombiano ejecutado en #China, por el delito de narcotráfico,  el primer ministro chino, Wen  Jiabao, retrató a Colombia, Venezuela, Ecuador, América Latina y Centroamérica haciendo estas recomendaciones:

*“PENA DE MUERTE para crímenes comprobados: Ninguna sociedad honesta y trabajadora merece vivir con tanto miedo. La eliminación de criminales peligrosos atemoriza al resto de delincuentes. Crecerá la seguridad pública y su gasto se reducirá drásticamente. A futuro, se reflejará en cultura y comportamiento de las personas.*

* SEVERO CASTIGO para Políticos Corruptos:*

Ustedes no los castigan, principalmente a los de régimen de turno, que diezman las arcas públicas.

*En China: pena de muerte y devolución total de toda la riqueza mal habida.*

*QUINTUPLICAR Inversión en Educación:*

Un país que quiere crecer debe producir los mejores profesionales del mundo.

* REDUCCIÓN DRÁSTICA*  de Carga Tributaria y Reforma Fiscal Inmediata:

El gobierno no debe perseguir a industrias y empresas. Sus cargas fiscales son exageradas, confiscatorias, injustas y desordenadas.

*REDUCIR 80% SALARIO Y GASTO PÚBLICO DE LOS POLÍTICOS:*

Ustedes tienen la política más cara del mundo. El político debe entender que es un funcionario público obligado a entregar su trabajo y conocimientos en beneficio de su país y no un “rey”.

*DESARROLLO CULTURAL. INVERTIR CAMBIANDO LA CULTURA DEL PUEBLO:*

El pueblo ya no cree en su gobierno ni en su política; no respeta las instituciones, no cree en sus leyes ni en su propia cultura. Se acostumbró al desorden gubernamental y pasó a ver como normal la corrupción, violencia y deterioro de los servicios públicos.

*REDUCCION DE EDAD LABORAL A 16 Años*

(El mundo está envejeciendo):

*Sus países acostumbran tratar a los adolescentes de 15 a 18 años como niños que no se hacen responsables de sus actos y les prohíben trabajar. Error fatal, necesitándose mano de obra renovada. Esta contradicción hipócrita de la ley sólo sirve para crear peligrosos delincuentes, que al cumplir 18 años, están formados para el delito.*

*Un pueblo complaciente que solo mira cómo los corruptos hurtan el dinero, cohonestando a los de cuello blanco, está llamado al retraso.*

Si este mensaje llegara a cada venezolano y  latino americano haríamos gran labor y más de uno se pondría a pensar en qué  se podría hacer para que esto se hiciera realidad.

A alguien, algo se le puede ocurrir.

  1. No podemos permitir que este país tan maravilloso en donde vivimos, se siga desmoronando por culpa de una clase política tan corrupta y unas leyes que no sirven para nada. Nuestra clase política corrupta nos sigue robando y no pasa nada. Nos atropella y no pasa nada.
  2. Nos pisotea y no pasa nada.
  3. Nos saca los pocos centavos que honestamente ganamos y no pasa nada y sin embargo seguimos como borregos para el matadero y no pasa nada…
  4. Ya mucha gente está pidiendo que es hora de reaccionar….
  5. Hagamos algo, ya es hora de no dejarnos maltratar más.