LA PARÁBOLA DEL HIJO PRODIGO


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¡Tú!, eres el ser mas perfecto sobre el planeta tierra. Recordemos que somos creados a imagen y semejanza de Dios, lo que nos hace seres de una hermosura inmensa, sin importar el color de la piel, la estatura, los defectos físicos, ni las diferencias sociales; somos seres extraordinarios con un poder interior sin límites.

Pero por muchas razones olvidamos quienes somos y nos dejamos influenciar por la mentira. Mentiras que nos han enseñado en el medio donde nos hemos desarrollado, por ejemplo, un niño nace perfecto, pero frases como: “No sirves para nada”, “eres bruto, tonto, feo.”, “vas a ser igual a tu padre, borrachón y fracasado”, “eres un pecador imperfecto”, “un ser humano débil”… terminan por robarle esa perfección con que nació.

De igual manera las experiencias negativas vividas afectan nuestra autoestima; fracasos en el estudio, en el trabajo, decepciones amorosas y muchas otras cosas que suceden dejan una huella en la personalidad.

Todo eso va quedando gravado en el inconsciente y nos hace creer en el fondo que es verdad y nuestra vida se adapta a esa creencia y terminamos siendo fracasados, temerosos, tímidos, frustrados, “con mala suerte” en el amor, en los negocios, en la vida. Todo eso es lo que no te deja triunfar, no te permite ser feliz.

No se cual sea tu caso en particular, solo tu lo sabes, pero lo negativo que hay en ti no es real, es solo el producto de esas mentiras que terminaste creyendo. En realidad eres un ser maravilloso, con un poder y belleza interior semejante a Dios. Es urgente que recobres tu autoestima, que recobres tu imagen y semejanza divina, pues es la fuerza que te permitirá triunfar y ser feliz, te permitirá alcanzar tus metas y hacer tus sueños realidad.

Pero, ¿Cómo recuperar ese poder interior, como recobrar esa imagen y semejanza perdida para poder ser feliz y triunfar en la vida? ¿Cómo aumentar nuestra autoestima?

El Maestro, Jesús de Nazaret, dijo: “Tienes que nacer de nuevo” (evangelio de Juan).

Él se refería, con esas sencillas pero sabias palabras, a la necesidad de olvidar toda esa basura que la vida, la experiencia negativa, la religión y la sociedad han gravado en tu mente y volver a ser esa persona perfecta que fuiste desde un comienzo. Eso es lo que significa en realidad nacer de nuevo.

Aquí te revelamos esta gran verdad que te abre las puertas hacia tu felicidad, a tu nueva vida llena de éxito a todo nivel. Pero la decisión es tuya; tú eres el que tiene que tomar la firme y valiente determinación de nacer de nuevo, de borrar todas esas malas programaciones de tu mente y comenzar con empeño y compromiso a forjar tu nuevo ¡YO!.

El Maestro Jesús de Nazaret nos enseñó por medio de una maravillosa historia la forma en que podemos recobrara nuestra imagen y semejanza perdida. La forma en que podemos recuperar esa valiosa herencia que nuestro Padre Celestial nos dio. Te invitamos a reflexionar en “La parábola del hijo Prodigo:

LA PARÁBOLA DEL HIJO PRODIGO

LUCAS 15: 1-24

“Había un hombre que tenía dos hijos. El menor dijo a su padre: “Dame la parte de la hacienda que me corresponde.” Y el padre repartió sus bienes entre los dos.

El hijo menor juntó todos sus haberes, y unos días después se fue a un país lejano. Allí malgastó su dinero llevando una vida desordenada.

Cuando ya había gastado todo, sobrevino en aquella región una escasez grande y comenzó a pasar necesidad. Fue a buscar trabajo y se puso al servicio de un habitante del lugar, que lo envió a su campo a cuidar cerdos. Deseaba llenarse el estómago con la comida que daban a los cerdos, pero nadie le daba algo.

Finalmente recapacitó y se dijo: “¡Cuántos asalariados de mi padre tienen pan de sobra, mientras yo aquí me muero de hambre!  Tengo que hacer algo: volveré donde mi padre y le diré: Padre, he pecado contra Dios y contra ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo. Trátame como a uno de tus asalariados.”

Se levantó, pues, y se fue donde su padre.

Estaba aún lejos, cuando su padre lo vio y sintió compasión; corrió a echarse a su cuello y lo besó.  Entonces el hijo le habló: “Padre, he pecado contra Dios y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo.”

Pero el padre dijo a sus servidores: “¡Rápido! Traigan el mejor vestido y pónganselo. Colóquenle un anillo en el dedo y traigan calzado para sus pies. Traigan el ternero gordo y mátenlo; comamos y hagamos fiesta,   porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado.” Y comenzaron la fiesta.

A esta parábola de Jesús se le llamaba tradicionalmente la parábola del Hijo Prodigo o del Padre Misericordioso.

Vamos a rescatar el titulo tradicional de la parábola; El Hijo Prodigo, porque aquí lo que vamos a resaltar es el acto que llevó a cabo ese joven. Ese acto fue ¡Levantarse!

 

 

 

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