“No hay peor ciego que aquel que no quiere ver” La situación de Venezuela está peor que la de Haití,… Y decir esto es indescriptiblemente preocupante.


Desabastecimiento1

 

Venezuela depende del petróleo más que nunca.

Creyendo que controlar la riqueza del petróleo podía permitir todo tipo de acciones políticas, se ha desmantelado el aparato productivo y execrado a los productores, durante más de 10 años.

Así dependemos de las importaciones y se necesitan dólares para suplir necesidades elementales.

Para controlar la fuga de divisas, se impuso el control de cambio. Pero al instaurarlo con

poca capacidad institucional y debilidad ética,

surgieron pequeños y grandes poderes, y negocios oscuros, que han enriquecido a algunos.

También, gracias a esos dólares,

se han regalado artefactos en las campañas electorales,

para conseguir votos de aquellos que creen que de esa manera mejora su vida.

Así se han drenado importantes recursos del país, cuando los precios del petróleo han superado 100$/barril.

Hoy Venezuela sigue siendo monoproductora, con el aparato productivo destruido, el pacto social y diálogo entre sectores lleno de amenazas, con altísima tasa de asesinatos, bajas reservas financieras, alto valor del riesgo país y escasez de productos básicos.

El país vive una crisis tal, que el FMI prevé,

dentro de sus escenarios para 2014, una situación de hambruna.

Las largas colas y luchas a golpes en los pasillos de los automercados por harina, azúcar, aceite, leche y papel tualé, son un preámbulo.

Crecerá el ausentismo laboral, que ya supera el 25%, por la procura de comida.

Vendrá más control del comercio de alimentos (casi nunca se puede comprar más de 2 harinas Pan, 2 litros de aceite y 4 litros de leche) y mayor racionamiento (¿la temida cartilla?). Y más intervención del comercio y control de la importación, traerán más corrupción.

Y ante la presión política

y el miedo a perder el poder,

más desespero, más insultos, más maltrato, más división y más bandas de motorizados amenazantes: más autodestrucción.

Una economía de doble realidad, regulación ineficiente, con privilegiados, además de la represión, persecución y miedo, fueron los elementos que hicieron desaparecer la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Hoy no quedan ni vestigios de ella,

sólo Cuba,

que luego de casi desaparecer, vive de nuestras riquezas, y Venezuela, última heredera de ese fracaso histórico, con una de las mayores inflaciones del mundo y en el puesto No. 134 en el índice de competitividad (superando sólo a Haití en América). Para colmo, muchos funcionarios cubanos nos llaman “la provincia”.

Son urgentes los diálogos y convenios necesarios para que resurja la producción, la generación de empleos y la recuperación. El poder no es suficiente para sobrevivir en el poder.

¿Y qué opinan los humildes?

Para muestra un botón. Un señor dueño de varios carritos de helados, operados por haitianos muy pobres, que ni hablan español (muy distintos a los chinos que entran en grande por Maiquetía, con pasaporte venezolano y que tampoco hablan español), le comentó a un amigo que varios haitianos habían devuelto los carritos, anunciando que se regresaban a Haití, “porque aquí la cosa se está poniendo fea”.

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